El tesoro del vino de las Rías Baixas resiste a los aranceles

El vino de las Rías Baixas superó los 230 millones de euros en exportaciones
El vino de Rioja que ha enamorado este año al prestigioso crítico Tim Atkin
En el vino de las Rías Baixas hay algo profundamente resistente. Como si cada botella llevase dentro no solo albariño, sino también un paisaje de nieblas, un pulso de mareas y esa obstinación antigua de quien sabe que el mar nunca regala nada.
Mientras el mundo aprieta con aranceles, guerras comerciales, incertidumbres con acentos extranjeros, las Rías Baixas siguen haciendo lo que mejor saben: abrirse camino hacia fuera sin perder el norte. Y eso, hoy, tiene algo de gesta silenciosa.
Las cifras lo dicen con la frialdad de los números, pero también con cierta épica: en el último ejercicio, la denominación superó los 230 millones de euros en exportaciones, con más de 80 millones de litros comercializados, de los cuales cerca de un 30% ya viaja fuera de España. Estados Unidos continúa siendo el gran faro —absorbiendo alrededor del 35% de las ventas exteriores—, seguido por mercados como Reino Unido, Alemania o México, donde el albariño ha aprendido a pronunciarse con acentos distintos sin perder su raíz. No es fácil. Nunca lo fue.
Los aranceles de Trump, una amenaza
Durante meses, el sector ha vivido con la respiración contenida, como quien vendimia mirando al cielo. La amenaza de aranceles caprichosos, cambiantes, ha obligado a pensar en otros horizontes, a imaginar Asia, Oriente Medio, Mercosur, nuevos mapas donde plantar bandera sin arrancar las raíces. Porque trasladar décadas de trabajo, de distribución, de confianza, no se hace de un día para otro. El vino, como la vida, necesita tiempo para asentarse.
Y sin embargo, ahí están: más de 180 bodegas, más de 4.000 viticultores, cinco subzonas latiendo al unísono y un nombre —Rías Baixas— que ya alcanza más de 100 países. Una red invisible que lleva uno de los sabores de Galicia a mesas que nunca han visto una ría al amanecer. Es, en el fondo, una historia de fidelidad: a la tierra, al clima, a una forma de entender el vino como relato y no como producto. Quizá por eso resisten.
Este vino no compite solo en precio ni en volumen, sino en identidad. Y eso, en estos tiempos ruidosos, tiene un valor que no cotiza en bolsa. Mientras otros vinos se diluyen en tendencias, el albariño de las Rías Baixas sigue hablando con voz firme. Y tal vez por eso este vino sigue encontrando su lugar en el mundo: porque lo esencial viaja con él.
Más de 230 millones de razones, más de 80 millones de litros, más de un centenar de destinos, y una sola certeza: que hay cosas que no entienden de aranceles, porque nacieron, desde el principio, para cruzar mares.
