Alimentación

¿Por qué una copa de vino a veces sienta bien y otras te da ardor? Una gastroenteróloga responde

¿Vino tinto o vino blanco?
Imagen de archivo de una celebración con copas de vino. Getty Images
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Hay una escena que se repite con frecuencia: una copa de vino durante una cena y, unas horas después, esa sensación de quemazón que asciende desde el estómago hacia el pecho. La conclusión suele ser inmediata: el vino me da acidez. Pero la explicación, según la gastroenteróloga y fundadora de MGA Healthy Digest, la doctora Malena García Arredondo, es bastante más interesante.

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“El vino es una bebida bastante más compleja de lo que parece desde el punto de vista digestivo”, explica. Y es que no contiene únicamente alcohol, sino también ácidos orgánicos, compuestos fenólicos y numerosas sustancias procedentes de la uva y de la fermentación que pueden interactuar con nuestro aparato digestivo.

Según el tipo de reacción al vino

De hecho, reducir la respuesta digestiva del vino exclusivamente a su contenido alcohólico sería simplificar demasiado. “El vino no puede reducirse simplemente a su contenido alcohólico”, señala la doctora. En voluntarios sanos, 125 ml de vino blanco o tinto llegaron a estimular la secreción gástrica más que una cantidad equivalente de etanol. 

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Uno de los primeros errores, según García Arredondo, es utilizar como sinónimos conceptos que médicamente no significan lo mismo. “El reflujo es el fenómeno por el cual el contenido del estómago asciende hacia el esófago. El ardor o pirosis es el síntoma característico que puede producir: esa sensación de quemazón que asciende desde la boca del estómago hacia el pecho”, explica. 

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La digestión pesada, en cambio, suele estar relacionada con plenitud después de comer, saciedad precoz, distensión, eructos o molestias en la parte superior del abdomen, lo que se aproxima más al concepto médico de dispepsia.

Por eso, cuando alguien asegura que “el vino le da acidez”, la primera pregunta de una gastroenteróloga debería ser otra: ¿qué está sintiendo exactamente? “Como gastroenteróloga me interesa saber primero qué está sintiendo realmente, porque el mecanismo y las recomendaciones pueden ser distintos”, apunta.

Dos bebidas con la misma cantidad de alcohol no necesariamente producen la misma respuesta digestiva

Aquí aparece uno de los datos más llamativos. Que el vino sea una bebida ácida no significa que esa sea directamente la causa de la sensación de ardor. “No es correcto pensar que el vino produce ardor simplemente porque sea una bebida ácida”, advierte García Arredondo.

El vino contiene diferentes ácidos orgánicos, como tartárico, málico, láctico, succínico, acético y cítrico, y algunos de ellos pueden tener una actividad biológica relevante. Entre los compuestos estudiados se encuentran el ácido málico y el ácido succínico, capaces de estimular la secreción de protones.

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La historia no termina ahí. Algunos compuestos fenólicos del vino, como la catequina, el ácido siríngico y la procianidina B2, también han mostrado capacidad para estimular la secreción de protones en modelos experimentales. “Tenemos por una parte el alcohol, que puede favorecer el reflujo, y por otra una matriz compleja de componentes propios del vino que puede estimular la secreción gástrica”, explica la doctora.

 Y eso lleva a una conclusión especialmente interesante: “Dos bebidas con la misma cantidad de alcohol no necesariamente producen la misma respuesta digestiva”, confirma la doctora.

¿Tinto, blanco, rosado o espumoso?

Entonces, ¿hay un vino que siente mejor al estómago que otro? La respuesta de la especialista es prudente: no existe un ranking científico de vinos “buenos” y “malos” para la digestión.

Los vinos difieren en alcohol, acidez, fermentación, azúcares residuales, polifenoles y otros componentes. Algunos estudios experimentales han observado una estimulación de la secreción ácida algo superior con determinados vinos tintos frente a blancos, aunque las diferencias no siempre alcanzan significación estadística. Los espumosos incorporan además otro factor: la carbonatación, que en algunas personas puede aumentar la sensación de distensión y los eructos.

Pero hay algo que pesa todavía más: la tolerancia individual. “No recomendaría a alguien que abandone automáticamente el tinto porque tenga reflujo ni le diría que necesariamente va a tolerar mejor un blanco. Hay que observar qué ocurre en esa persona”, asegura García Arredondo. 

Vino

Para la especialista, uno de los aspectos más importantes está precisamente fuera de la botella.“No es solo el vino, sino la escena completa”, resume. Una cena copiosa distiende el estómago y puede favorecer los mecanismos relacionados con el reflujo. Si además se añaden varias copas, alimentos muy grasos, postre, café y, poco después, la cama, se acumulan diferentes factores que pueden desencadenar molestias. De ahí que alguien pueda tolerar perfectamente una copa durante una comida normal y, en cambio, experimentar un fuerte ardor después de una cena de celebración.

“Antes de culpabilizar exclusivamente al vino, preguntaría: ¿cuánto comió?, ¿cuánto bebió?, ¿a qué hora cenó?, ¿cuándo se acostó?”, plantea la doctora.