Bulos sobre la salud: la ignorancia que mata

Hay algunos de estos bulos que perduran en el tiempo a pesar de ser desmentidos una y otra vez. Se trata de los que afirman que las vacunas provocan autismo, que el uso de sujetadores con aros o las mamografía provocan cáncer de mama.
Todos tienen la pretendida intención de salvarnos de una enfermedad inmediata exagerando sus componentes como aquel aseguraba que el plomo de los pintalabios nos provocaría un tumor, lo mismo que el aire acondicionado del coche o que el cáncer de piel lo provocan las cremas solares y no la exposición al sol.
Pero también los hay que de forma intencionada alejan a los enfermos de sus tratamientos médicos sustituyéndolos por terapias o productos alternativos que poco o nada aportan al organismo más allá que una alimentación sana. Es el ejemplo de las denominadas 'dietas equilibradas' por la cual quien la sigue se centra solo en una suma y resta de los nutrientes y calorías que se ingieren diariamente.
Hay gente que cree que la dieta insana es estar comiendo todos los días comida rápida, cuando realmente pueden estar cayendo en su cesta de la compra productos que parecen favorables porque llevan mensajes de 0 %, alimento natural etc, pero realmente son un cúmulo de una serie de ingredientes insanos.
Los hematólogos se enfrentan día sí y día también a los bulos de los superalimentos como forma de superar una leucemia o un linfoma que se resiste a los tratamientos habituales. En esta caso, se habla de 'superalimentos' que creen que van a mejorar sus defensas. En este campo también están las falsedades sobre donaciones de médula que en España son siempre anónimas.
Todas estos bulos se alimentan del miedo que suelen invadir a los pacientes tras un diagnóstico de cáncer. Muchos se refugian en el miedo y en dolor y buscan explicaciones más allá de la ciencia. También buscan culpables en el mundo de la medicina y sus intereses cruzados con las farmacéuticas.
Así no es raro que nos hayan llegado bulos que aseguran que el cáncer no se cura por que las multinacionales farmacéuticas necesitan que sigamos enfermos para vendernos sus medicamentos.
