Nubia Muñoz: “Los antivacunas no quieren aceptar la evidencia científica”

Nubia Muñoz (Cali, Colombia, 1940) es una mujer de ciencia. Ha sido galardonada con el premio BBVA Fronteras del Conocimiento en Cooperación al Desarrollo pero declina protagonismos excesivos sobre su persona.
No tarda en desmentir la romántica historia de que a los seis años decidió consagrar su vida a sanar a los demás tras la pérdida de su padre –granjero– por difteria. “Es un cuento”, zanja en una entrevista con Sinc. “Nunca tuve esto en cuenta de forma consciente para hacer medicina”. El mito lo creó un periodista de The Lancet.
En cualquier caso, la hija menor de la familia sacó su carrera de medicina becada y salió de Colombia para formarse en Estados Unidos y desarrollar una meteórica carrera en la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC), en París.
Nubia Muñoz cuenta con nostalgia que siempre quiso volver a su tierra. No fueron las guerrillas ni los cárteles de la droga los que la mantuvieron en Francia, sino la concatenación de contratos de investigación que dieron su fruto en la vacuna para prevenir uno de los tres cánceres más mortíferos para las mujeres en Latinoamérica: el de cuello de útero.
Despues de más de treinta años de investigación, su equipo demostró que la infección por VPH es la causa principal y necesaria para el cáncer de cérvix. Descubrieron más de cien tipos de papiloma y que son treinta los que infectan el tracto genital.
“Realizamos estudios en pacientes con cáncer en cuarenta países para crear un mapa de los tipos virales que predominan aquí y allá. Descubrimos que los siete tipos más frecuentes de papiloma causan cerca del 90% de los cánceres de cuello de útero”.
Gracias a estos hallazgos estuvo a punto de conseguir un Premio Nobel en 2008, pero su trabajo fue eclipsado por Harald Zur Hausen –líder de otro de los equipos involucrado en el estudio del VPH– que recibió un tercio del premio Nobel de Fisiología en 2008 sin reconocer que las aportaciones de Muñoz habían sido esenciales.