Condenan a 19 años de prisión al asesino de Natalia: la descuartizó y la arrojó al mar en Málaga

La Audiencia Provincial de Málaga ha condenado al hombre acusado de matar a su expareja, decapitarla y descuartizar el cuerpo y arrojar sus restos al mar
Se le considera culpable de un delito de asesinato con las circunstancias agravantes de parentesco y de género y el atenuante de confesión
El cadáver de la víctima apareció en el mar, en la playa, decapitado, sin manos y con una gran incisión en el abdomen
MálagaLa Audiencia Provincial de Málaga ha condenado a 19 años de prisión al hombre acusado de asfixiar a su expareja, tras lo que la decapitó, descuartizó el cuerpo con un cúter y arrojó sus restos al mar, parte de los cuales aparecieron el 8 de enero de 2023 en una playa de Marbella.
En la sentencia se indica que el acusado, un colombiano de 45 años, es responsable de un delito de asesinato con las circunstancias agravantes de parentesco y de género y el atenuante de confesión.
El procesado también ha sido condenado a seis meses de prisión como autor responsable de un delito de quebrantamiento de condena ya que días antes del crimen el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Marbella lo había condenado por maltrato a su expareja, Natalia, auxiliar de enfermería, de 46 años, y también nacionalidad colombiana.
El cadáver de esta mujer apareció en el mar, en la playa entre Elviria y Las Chapas, decapitado, sin manos y con una gran incisión en el abdomen, que hizo el acusado para conseguir que se hundiera y evitar que pudiera ser identificada.
Desprecio al sexo femenino
En los hechos probados se indica que el acusado actuó "con expreso desprecio al sexo femenino de la víctima pues no solo le ocultó que estaba casado sino que además le agredió en otras ocasiones", lo que motivó denuncias y procedimientos penales que él "no toleró que hiciera".
El procesado la controlaba mediante múltiples llamadas telefónicas (unas 20 llamadas diarias antes de los hechos) y le hacía ver "su creída superioridad sobre la misma, hasta el punto de que se creyó con poder para disponer de su cuerpo con las relaciones sexuales consentidas y a continuación de su vida con la que acabó".
En la sentencia se destaca que incluso una vez muerta el acusado siguió con ese sentido de la dominación y desprecio hacia la mujer al quitarle la ropa y cortarle la cabeza y las manos, "incluso rajándole el abdomen como si de una cosa se tratara".