Jorge, el joven escultor que transforma barro en emociones: su trabajo conquista al mundo a través de las redes sociales
Entre tradición y modernidad, este joven escultor demuestra que la pasión te pueden abrir puertas en la era digital
Una vocación que descubrió tarde pero que hoy da sentido a su vida y a cada obra que nace de sus manos
En una ciudad como Sevilla donde las obras de arte pasean por la calle mecidas al son de la música, las fachadas guardan secretos de generaciones de artistas y hay una iglesia en casa esquina, el joven sevillano, Jorge Pizarraya, ha comenzado a tallar su propio camino.
Se considera un imaginero autodidacta, porque aunque siempre sintió una fascinación por las formas y los volúmenes; Pizarraya asegura que no descubrió su verdadera pasión hasta alrededor de los 19 años, cuando sin saber muy bien por donde encauzar sus pasos profesionales y después de una prueba, comenzó a estudiar en la escuela de Arte y Oficio de Sevilla.
Una vocación tardía
El joven imaginero cuenta que comenzó entonces un curso de Dorado, plateado y policromado. Gracias a su profesora Susana, que le ha marcado, empezó a conocer las proporciones y le transmitió el amor por las esculturas.
Su taller es un espacio modesto, con paredes salpicadas de polvo de mármol y barro, con herramientas ordenadas en estantes que parecen más reliquias que instrumentos. Allí, entre fragmentos de esculturas a medio terminar, Jorge trabaja con la paciencia de quien entiende que cada obra tiene su propio tiempo. No busca la rapidez ni la validación inmediata; su impulso proviene de la necesidad íntima de crear, de transformar la materia en formas que transmitan emoción, memoria y presencia.
Las redes sociales una ventana al mundo
Lo curioso de su historia es cómo encontró en las redes sociales una ventana hacia el mundo. No comenzó con la intención de hacerse famoso ni de conseguir clientes, sino con un simple deseo: compartir el proceso de su arte. Coincidió con la pandemia, durante el confinamiento y con la intención de ocupar su tiempo, empezó a publicar pequeñas imágenes de sus manos modelando el barro, videos de los detalles de sus esculturas, el pulido final que revelaba cada curva con precisión. Lo que parecía un acto cotidiano y personal se convirtió rápidamente en un fenómeno inesperado. Usuarios de diferentes ciudades y países empezaron a seguir sus publicaciones, comentando, preguntando y admirando la sensibilidad de sus piezas.
Jorge descubrió que podía combinar la tradición con la modernidad de manera natural. Su trabajo conserva raíces profundamente clásicas; sus esculturas religiosas y retratos recuerdan a los grandes maestros del pasado, pero la manera en que las comparte, convierte su taller, en un espacio accesible a cualquiera, incluso a quienes nunca habían sentido interés por la escultura.
Todo tipo de trabajos
La gente lo relaciona con la imaginería, pero hace todo tipo de trabajos de arte, sobretodo civil. Una de sus esculturas más desatadas que han tallado sus prodigiosas manos, es un Padre Pio que se encuentra en la iglesia del Corpus Christi de Sevilla. Pero no es la única obra del autor, en estos momentos está haciendo un José María de Escrivá para el pueblo Jávea en Alicante, y un San Carlos Acuti para Valladolid.
Su pasión traspasa lo espiritual. Jorge disfruta también haciendo retratos familiares o de personajes conocidos como el de el Papa Juan Pablo II.
Pero más allá de la técnica, lo que llama la atención de Jorge es la emoción que logra transmitir. Cada pieza refleja su sensibilidad: los pliegues de una túnica, la expresión contenida de un rostro, la tensión de una figura que parece a punto de moverse. Sus esculturas no son solo objetos; son relatos en tres dimensiones, capaces de comunicar la profundidad de un sentimiento o la espiritualidad de un instante. Para quienes las observan, hay una sensación de intimidad, como si el tiempo se detuviera frente a la obra.
De la pasión personal a oportunidades profesionales
Su éxito en las redes sociales le ha abierto puertas inesperadas. Lo que comenzó como un acto personal se convirtió en oportunidades reales: encargos de particulares, instituciones religiosas y coleccionistas interesados en sus piezas. Además su pasión la ha convertido en una manera de enseñar a los demás e imparte clases en unos talleres de distritos de Sevilla.
Cada proyecto llega con un desafío nuevo, y Jorge lo enfrenta con la misma pasión con la que empezó: concentrándose en cada detalle, valorando el proceso y respetando la esencia de cada encargo. Sin embargo, mantiene la humildad que lo caracteriza, consciente de que la admiración por su trabajo no sustituye la dedicación y el esfuerzo constante que requiere el arte.
Lo más inspirador de la historia de Jorge es cómo ha logrado fusionar tradición y contemporaneidad. Ha demostrado que un joven artista puede vivir de su pasión sin traicionar sus raíces, que las redes sociales no son solo un escaparate superficial, sino una herramienta poderosa para acercar el arte a quienes nunca lo buscaron, y que la autenticidad sigue siendo la moneda más valiosa para conectar con los demás.