Sevilla

"Cerrado por vivir": el bar de Sevilla que echa el cierre en su mejor momento para poder conciliar

Bar La Trampuchera de Sevilla
Bar la Trampuchera de Sevilla. Redes Sociales
  • Los propietarios de un conocido establecimiento en el barrio sevillano de La Macarena anuncian el cese de su actividad tras tres años de éxito para priorizar su vida personal

  • El cierre voluntario de este negocio con una alta valoración de sus clientes reabre el debate sobre la falta de conciliación y la salud mental en el sector de la hostelería

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SevillaEn el sector de la hostelería, un negocio que funciona suele ser un activo que se protege a toda costa. Sin embargo, en el barrio sevillano de La Macarena, un pequeño local ha decidido romper con esa lógica para lanzar un mensaje que ha dejado a pocos infiderentes. Bajo el lema "Cerrado por vivir", el bar La Trampuchera ha anunciado su cierre definitivo, no por falta de rentabilidad, sino por una necesidad vital, la de recuperar el tiempo con la familia.

Sus propietarios, Pili y Carlos, han compartido un comunicado lleno de sinceridad en el que explican que, tras casi tres años de éxito y crecimiento constante, la balanza se ha inclinado hacia el lado personal. "La decisión no ha sido fácil, pero responde únicamente a la necesidad de conciliación familiar", explican. Con un negocio que no paraba de crecer, los dueños reconocen que la exigencia de la hostelería hacía "imposible" mantener el ritmo sin que su vida privada se viera seriamente afectada.

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Un adiós con "el corazón en la mano"

El comunicado emitido por los dueños no es una nota informativa fría, sino una carta abierta a quienes han formado parte de su día a día. Pili y Carlos confiesan haber tomado la decisión "con el corazón en la mano y tras mucha reflexión". No es habitual que un negocio con una trayectoria tan ascendente —"hemos crecido más de lo que jamás imaginamos", reconocen— decida poner el punto final de forma voluntaria.

Sin embargo, el texto desvela una realidad que muchos pequeños empresarios callan. El agotamiento que produce el éxito cuando este choca frontalmente con la crianza o el descanso puede llegar a ser fatal. Al gestionar este establecimiento junto a otro negocio, la pareja ha sentido que se encontraba en una encrucijada donde "algo importante" acabaría resintiéndose. Su decisión de parar antes de que ese desgaste fuera irreversible es lo que ha convertido su despedida en una lección de salud mental y prioridades.

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Un éxito con fecha de caducidad

La noticia ha sorprendido especialmente por el buen momento que atravesaba el establecimiento. Situado en la calle Fray Isidoro de Sevilla, a pocos metros del Parlamento de Andalucía, el local se había convertido en un referente de la zona con una puntuación de 4,8 sobre 5 en Google. Sus clientes no solo destacaban la calidad de su cocina, con tapas elaboradas y una repostería casera muy celebrada, sino sobre todo el servicio y la atmósfera que sus dueños habían logrado crear.

"Compaginar otro negocio y la familia hace que este ritmo sea imposible sin que algo importante se resienta", relatan en su nota de despedida. Es una reflexión que toca de lleno uno de los grandes problemas del sector servicios en España, los horarios maratonianos y la dificultad de gestionar el éxito profesional sin sacrificar parte de la vida personal.

Gratitud hacia una clientela convertida en familia

En su despedida, Pili y Carlos han querido dedicar párrafos específicos a los tres pilares de su negocio. Primero, a los vecinos de La Macarena, por su "cercanía y amabilidad" desde el primer día que abrieron las puertas. Segundo, a los clientes, a quienes agradecen haber hecho del local su "punto de encuentro con familiares y amigos". Y, por último, a todas aquellas personas que les brindaron "palabras bonitas, recomendaciones y gestos de apoyo".

Esta conexión emocional es la que explica el vacío que dejan en la calle Fray Isidoro. El cierre no solo supone la pérdida de un lugar donde comer bien a precios bajos, sino la desaparición de un refugio social en el barrio. "Os vamos a echar muchísimo de menos", aseguran los dueños, deseando que el local haya dejado en los clientes "un recuerdo tan bonito" como el que ellos se llevan de vuelta a casa.

El aplauso de los vecinos a una decisión "valiente"

Las redes sociales se han llenado de mensajes de apoyo de vecinos y clientes habituales que, aunque lamentan perder su punto de encuentro, aplauden la valentía de la pareja. "Cerrar por vivir me parece un planazo", comentaba una usuaria, resumiendo el sentir de una comunidad que ha visto en este cierre una lección de prioridades.

Pili y Carlos se despiden agradeciendo a los vecinos su cercanía y asegurando que se llevan un recuerdo "tan bonito como el que ellos han dejado en nosotros". La Trampuchera apaga sus fogones dejando un local vacío en la calle Fray Isidoro, pero dejando abierta una reflexión necesaria sobre la salud mental y la conciliación en un sector que rara vez se permite un respiro.