Ciencia y Tecnología

Descubren en Almería un arrecife único en el planeta formado hace millones de años

Investigadores de las universidades de Almería y de Granada han documentado la existencia de biohermos de mesofóticos azules en la Cuenca de Almería-Níjar. Informativos Telecinco
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  • Se trata de los primeros arrecifes mesofóticos azules del Mioceno superior registrados en el planeta

  • El estudio se ha centrado en varias localizaciones clave como El Cerro de San Cristóbal, Las Cumbres, Barranco del Lobo o La Molinet

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Investigadores de la Universidad de Almería y de la Universidad de Granada han documentado la existencia de biohermos de mesofóticos azules en la Cuenca de Almería-Níjar, una formación geológica única que reescribe la historia de los ecosistemas marinos del pasado. Se trata de los primeros arrecifes mesofóticos azules del Mioceno superior registrados en el planeta, un ecosistema que hasta ahora permanecía oculto en el registro fósil.

El trabajo, firmado por los científicos Fernando Sola (UAL) y Juan Carlos Braga (UGR) y publicado en la prestigiosa revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, confirma que estos biohermos se formaron hace millones de años en aguas claras y profundas, a diferencia de lo que se pensaba sobre ellos desde hacía décadas.

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Tradicionalmente, los restos coralinos encontrados en el margen occidental de la Cuenca de Almería-Níjar se asociaban a arrecifes de poca profundidad, típicos de aguas soleadas y cálidas. Sin embargo, el análisis minucioso de los sedimentos y la morfología de los corales ha dado la vuelta a esta interpretación.

Los arrecifes mesofóticos azules se caracterizan por prosperar a varias decenas de metros de profundidad, en entornos donde la luz penetra gracias a la ausencia de partículas en suspensión. Esto los diferencia de sus "primos" marrones, que habitan en aguas más turbias y someras.

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Los investigadores han identificado pruebas irrefutables de esta condición al comprobar que el contenido de sedimento siliciclástico (arcillas y arenas) en las muestras no supera el 8%. Esto indica que la escasez de luz no venía dada por la turbidez del agua, sino por la propia profundidad.

Una formación singular

La composición de estos biohermos está dominada casi en su totalidad por corales del género Porites, acompañados de pequeñas colonias de Tarbellastraea. La forma de estas estructuras es clave para entender su origen: las colonias presentan morfologías laminares, delgadas y contorsionadas, con escasas proyecciones digitiformes, un rasgo típico de organismos adaptados a condiciones de baja luminosidad.

El espesor de estas construcciones varía desde menos de un metro hasta alcanzar los 20 metros en el mayor de los casos hasra ahora documentados. Junto a ellos, los investigadores encontraron fósiles de algas verdes del género Halimeda y rodolitos (algas coralinas) que refuerzan la hipótesis de un ecosistema de aguas relativamente profundas, muy parecidas a los ambientes del Neógeno mediterráneo.

El Cerro de San Cristóbal, ventana al pasado

El trabajo de campo se centró en varias localizaciones clave de la capital almeriense y sus alrededores, como Las Cumbres, Barranco del Lobo o La Molineta. Pero el punto clave del estudio llevado a cabo por los investigadores se sitúa concretamente en el Cerro de San Cristóbal, donde los arrecifes presentan su mejor exposición.

Allí, los científicos midieron un biohermo que alcanza 19,8 metros de grosor y 38 metros de anchura. Los cálculos realizados en esta ubicación sitúan el inicio del crecimiento de estas formaciones entre 30 y 40 metros por debajo de los depósitos someros equivalentes.

Este hallazgo no solo amplía el mapa mundial de arrecifes mesofóticos azules, que hasta ahora contabilizaba 74 casos posteriores a la era Paleozoica, sino que aporta un modelo detallado y diferenciado de estos ecosistemas.

A diferencia de otros arrecifes de la misma época en la región bética o el Mediterráneo, los de Almería mantuvieron estas condiciones de profundidad y claridad de forma constante durante todo su desarrollo, lo que los convierte en un referente para entender cómo respondían los ecosistemas coralinos a los cambios del nivel del mar durante el Mesiniano, justo antes de la conocida crisis de salinidad del Mediterráneo.