El defecto de la presa de Montejaque, Málaga, que la ha dejado seca tras llenarse por primera vez en 100 años: pierde agua por el suelo
La presa de los Caballeros era uno de los proyectos hidroeléctricos más ambiciosos de España, pero ha resultado ser inútil
Los 36 hectómetros de agua que acumuló el embalse en las borrascas de febrero se han ido filtrando poco a poco a través del terreno hasta quedarse vacío
Las intensas lluvias registradas durante el pasado invierno en la Serranía de Ronda provocó inundaciones nunca vistas como la de Grazalema (Cádiz), miles de desalojados y ríos, acuíferos y presas al límite. También consiguieron un hecho inédito: llenar por primera vez desde su construcción hace más de un siglo la presa de los Caballeros en Montejaque, Málaga.
La situación del embalse obligó a activar un amplio dispositivo de vigilancia ante el riesgo de desbordamiento, pero cinco meses después se ha ido vaciando hasta perder toda el agua acumulada. La filtración a través del terreno kárstico sobre el que se asienta la presa ha devuelto la infraestructura a su estado habitual: completamente seca.
Una imagen desértica que contrasta con la vivida a principios de febrero, cuando la sucesión de borrascas elevó el nivel del agua hasta situarlo a apenas 22 centímetros del límite de la presa. La situación generó una gran preocupación entre vecinos y administraciones, ya que nunca antes se había alcanzado un nivel similar. Además, al ser la primera vez que ocurría, nunca se había comprobado el funcionamiento del aliviadero.
Como medida preventiva, se tuvo que reforzar la vigilancia sobre la infraestructura y llegando a decretarse el desalojo de las estaciones de Benaoján y Jimera de Líbar ante un posible aumento repentino del caudal del río Guadiaro.
36 hectómetros de agua perdidos
Finalmente, el aliviadero respondió de satisfactoriamente. Ocho de sus diez sifones entraron en funcionamiento y permitieron evacuar el agua acumulada, reduciendo el riesgo de desbordamiento y las dudas sobre el comportamiento de una infraestructura que nunca había trabajado en estas condiciones.
Durante aproximadamente dos meses se desembalsaron los 36 hectómetros cúbicos que había llegado a almacenar la presa. Posteriormente, el agua continuó desapareciendo de forma progresiva debido a las filtraciones naturales del terreno, hasta quedarse el embalse sin una gota.
Este comportamiento responde a la propia naturaleza geológica del enclave. La presa fue construida sobre un macizo de roca caliza atravesado por un complejo sistema de cuevas, galerías y sumideros que forman parte del sistema Hundidero-Gato. El agua termina filtrándose hacia el subsuelo, impidiendo que el embalse pueda mantener un volumen estable.
Un ambicioso proyecto fallido
La presa de Montejaque empezó a constuirse en la década de 1920. Era uno de los proyectos hidroeléctricos más ambiciosos de España. La instalación debía regular las aguas del río Gaduares para producir electricidad mediante un salto de agua de 240 metros y abastecer a decenas de miles de personas.
El proyecto fue diseñado por la empresa suiza Electrowatt bajo la dirección del ingeniero Edouard Gruner, considerado una referencia internacional en este tipo de infraestructuras. La presa, de 83 metros de altura, llegó a figurar entre las presas bóveda más elevadas de Europa y fue construida en apenas 36 semanas.
Sin embargo, las características geológicas del terreno acabaron condenando la obra. A pesar de los intentos por sellar las filtraciones mediante grandes cantidades de hormigón, el agua continuó escapando por las cavidades subterráneas. La infraestructura nunca llegó a cumplir el objetivo para el que fue concebida y terminó convertida en uno de los mayores fracasos de la ingeniería hidroeléctrica española.
Futuro pendiente
Durante décadas la presa permaneció prácticamente abandonada, hasta que en los últimos años el Ayuntamiento impulsó la recuperación turística del entorno. La actuación permitió habilitar el paseo sobre el muro, instalar un puente tibetano, varias vías ferratas y otros equipamientos destinados al turismo activo y de naturaleza.
El episodio vivido con las fuertes borrascas de este pasado invierrno obligó, sin embargo, a cerrar completamente el acceso por seguridad. Además, el desembalse provocó daños en distintos puntos del entorno, especialmente junto a los sifones y en la senda de acceso hacia la Cueva del Hundidero, donde la fuerza del agua erosionó el terreno y deterioró parte del recorrido.
De momento, las instalaciones permanecen cerradas y no existe una fecha para su reapertura. El futuro del enclave depende de las actuaciones que desarrollen Endesa, propietaria de los terrenos, la Junta de Andalucía y el propio Ayuntamiento de Montejaque, que espera recuperar el uso del espacio y definir las medidas necesarias para evitar que una situación similar vuelva a repetirse.
Mientras tanto, la presa ha regresado a la imagen que la ha acompañado durante casi toda su historia: un embalse vacío que solo almacena el agua de forma temporal cuando las lluvias desafían los límites de un terreno incapaz de retenerla.