Abanicos y ventiladores en el Mercat del Lleó de Girona, a 35 grados y sin aire acondicionado: "Los clientes salen tal cual entran"

El sistema de climatización del Mercat del Lleó de Girona se estropeó hace meses y aún no ha sido reparado
Los tenderos se ven obligados a invertir más dinero y tiempo en proteger el producto fresco y las pescaderías gastan un 40% más en hielo
Pilar Molinst, la última tendera del mercado de Vic, se resiste al cierre: "El martes abriremos, aunque estemos solos"
GironaEn un rápido paseo entre las paradas de del Mercat del Lleó de Girona se observan decenas de abanicos, ventiladores instalados de manera improvisada, botellas de agua, gotas de sudor en las frentes y hielo fundiéndose bajo el pescado.
Y es que en el interior de este mercado los termómetros ascienden a 35 grados ya a las 10:30 de la mañana. El sistema de climatización de esta infraestructura municipal se estropeó hace meses y aun no se ha logrado reparar, por lo que los paradistas, el producto que comercializan y los clientes están viviendo la peor pate de la ola de calor prácticamente desprotegidos de las altas temperaturas.
"Soportamos la jornada laboral bebiendo mucha agua y mojándonos de vez en cuando en la pica" relata Sara Gil, charcutera en la Carnisseria Mercader, y asegura que ya ni siquiera se fija en el termómetro: "El cuerpo ya me dice la temperatura que se está sufriendo aquí dentro".

En cada parada se han espabilado para tratar de poner remedio a la situación y afrontar las largas jornadas de la mejor manera posible, como es el caso de la tienda de vinos Va de Vi, donde Sandra Serrano ha instalado un pequeño ventilador, aunque asegura que no es suficiente y tiene que salir a fuera de vez en cuando para refrescarse.
Anna Pol, responsable de la pescadería Peixos Pol ha asumido que tendrán que echar de menos el aire acondicionado durante todo el verano y explica que "ocho horas aquí, con los delantales de plástico, las botas y los guantes es insoportable".
El reto de mantener el producto fresco
Con una temperatura que se acerca a los cuarenta grados, mantener los productos en buen estado se ha convertido en un reto para los tenderos, que están invirtiendo más tiempo y dinero en cuidar de alimentos más sensibles al calor como la fruta o el pescado.
