La esgrima histórica regresa 140 años después al Ateneo Barcelonés: "El arte de herir sin ser herido"
El Ateneo Barcelonés recupera una actividad que arrancó en 1887 con el maestro Josep Bea Arnal
13 alumnos participan en el taller de esgrima, que tiene las plazas agotadas y con lista de espera
BarcelonaEn una sala noble, rodeados de libros y estatuas, resuenan los sables en el taller de esgrima histórica tras casi 140 años. Una vez a la semana, en el Ateneo Barcelonés en Barcelona, se viaja en el tiempo. "Es un arte marcial que se reconstruye con arqueología esgrimista con técnicas medievales o del renacimiento. Es volver a un mundo que no existe", explica Carles Tudó, maestro de esgrima.
Un salto a otra época que ha impulsado Jordi Carrasco, coordinador del taller de esgrima antigua del Ateneu Barcelonès y también practicante, atraído por la historia del cuadro de Josep Bea Arnal, pionero en Cataluña: "Es una actividad de divulgación histórica".
"Busca replicar un combate o duelo real con una espada. Es el arte de herir sin ser herido", describe el maestro y profesor. Nada que ver con los duelos interminables de las películas o las ferias medievales. "Es una esgrima escénica en la que se prima el espectáculo. Es una adaptación llamativa. Se intentaba estar el mínimo tiempo posible con la máxima efectividad porque les iba la vida. Las técnicas eran muy efectivas y un combate duraba casi un minuto. Era una técnica de autodefensa y era herir al oponente y salir de la situación, lo antes posible", aclara Carrasco.
"Pura magia"
El maestro de esgrima Carles Tudó quiere transmitir su pasión a sus alumnos. "Replicar las técnicas de los caballeros de la Edad Media es pura magia y no necesita ser explicada, si no ser vivida", confiesa ilusionado.
El tratado más antiguo y primitivo se remonta al siglo XIV en el que unos monjes enseñaban esgrima. Tudó sigue y enseña las técnicas para la autodefensa de los tratados de la escuela Boloñesa de los siglos XV y XVI, en las que no hay reglamento. Para practicar la esgrima, han optado por unos sables sintéticos de nylon. Unas réplicas históricas, con el mismo aspecto, equilibrio y peso, unos 800 gramos.
En las clases, los alumnos observan las técnicas del maestro y luego, en pareja replican los ejercicios coreografiados sin tener contacto. "No se trata de repetir si no de integrar los movimientos y las respuestas para que queden interiorizados. Es un arte más que una técnica porque hay talento, imaginación y creatividad", destaca el impulsor del taller.
Chispa por el descubrimiento
Descubrir ese arte marcial ha ilusionado a trece alumnos, que han agotado las plazas disponibles. Así lo explica Àngel Cuenca: "Me he apuntado por pura curiosidad y es fascinante. He descubierto un deporte casi poético, una parte de atracción del cuerpo y contemplativa". Para Àngels Blasco, es un sueño cumplido: "Siempre me ha gustado y, además, siempre había jugado de pirata, y no de princesa, y esto es para redondear. Me gusta porque ahora busco cosas para moverme. Es muy estético pero, sobre todo, porque es espada antigua".
Un taller que les está atrapando y desean que continúe más allá de junio: "Hacía esgrima deportiva y tenía ganas de saber de dónde viene este deporte. Esperemos que siga el grupo y más grupos. La esgrima es minoritaria y, parece que tiene un punto de elitista, pero es un deporte muy chulo de practicar y ver", asegura Óscar Gómez.
Para el maestro y profesor: "Muchos sienten algo intangible cuando descubren la esgrima y experimentan unas técnicas por primera vez. Hay una chispa que resuena al experimentar un mundo que, tal vez, han querido vivir."
Unas clases en las que están descubrimiento un arte milenario con el que ponen en forma el cuerpo y la mente. "Ejercitas la coordinación corporal y tiene un componente muy mental. Tiene mucho de estratégico y mental. Has de construir la acción en tu cabeza y reaccionar en muy poco tiempo. Se estimula la coordinación entre las manos y los pies con la mente. Es muy interesante porque activas reflejos, te anticipas y mantienes la cabeza muy despierta porque requiere concentración plena", detalla Jordi Carrasco, coordinador de taller.
Tradición recuperada
En 1887, un grupo de socios del Ateneu Barcelonès solicitó la creación de un salón de esgrima para enriquecer la vida social y cultural de la institución viendo el éxito en Inglaterra o Alemania. Y propusieron como maestro a Josep Bea Arnal, reconocido por sus 20 años de experiencia y pionero de la esgrima en Cataluña. Tras su fallecimiento en 1933, se dejó de practicar en la asociación. Ahora, en el siglo XXI, quieren continuar con su legado.