El espacio está en una casa del siglo XIX en la calle Encarnació número 25 en el barrio de Gracia de Barcelona
La historia y las leyendas de la casa solariega del ilusionista Mag Lari inspiran 'La casa dels àngels': "Es la novela de mi vida"
BarcelonaUna casa de 1890, en el barrio de Gracia de Barcelona, esconde el teatro más pequeño del pequeño del mundo. En su planta baja se puede descubrir un refugio cultural: El Teatre més Petit del Món. Un espacio que evoca una época que no existe, con decorados de una ópera ambientada en Salzburgo, con un telón de terciopelo, luz tenue y sobre el escenario un piano de media cola y al fondo, un jardín. Un recorrido al pasado de la mano de Luis de Arquer, un artista que "hace un poco de todo". Es músico, compositor, pianista, improvisador y el impulsor de esta sala, que está en el corazón de su hogar en la calle Encarnació número 25. Un espacio para recitales para solo 34 asistentes. "No sé si es el teatro más pequeño del mundo", reconoce, entre risas.
Un lugar que nació en 1999 para representar óperas de pequeño formato. El bel canto inundó la casa durante dos años y en 2009, tomaron el relevo los recitales de Luis. Con una formación clásica de la mano de grandes pianistas como Alicia de Larrocha, en la Academia Marshall, Luis de Arquer es descendiente de la familia Buigas, que ha firmado monumentos como el de Colón o la Fuente Mágica de Montjuïc, y su padre fue pintor. "Soy un artista que ha tocado muchas artes en conexión con la familia y que he desarrollado una visión un poco extinguida y a eso he juntado El Teatre més Petit del Món. Mi vida artística más importante es la música", reconoce. Por ello, ha creado su propio espacio para continuar siendo músico de sus composiciones, entre el clásico y el neoclásico. "Es la conexión con el público la que te da la ilusión para crear. Es acercar una música "más culta", que está perdiendo público", asegura el artista.
La programación gira en torno al piano. En una hora de concierto y por treinta euros, Luis ofrece dos tipos de recitales. Los jueves, están dedicados al compositor Frédéric Chopin por el abanico de variantes musicales como valses, preludios o sonatas. Los sábados, es Solo Piano en el que mezcla sus composiciones con música clásica. En los dos, incluye improvisaciones: "Me definen como artista. Me emociona tocar música clásica. Creo que es la madre de la música y, dentro de mi estilo clásico, no es habitual. La improvisación pasa por la emoción y el alma", puntualiza. Unos temas libres que surgen de tres notas que le propone el público. Su proyecto personal, con 1.800 conciertos, ha contado con los halagos del diario The New York Times, que provocaron una gran afluencia de norteamericanos que lo quisieron descubrir.
Unos conciertos como audiciones privadas. "Un piano de media cola está hecho para una sala como la mía. Es la música de cámara, de habitación: ese es el sentido que la música llegue a tocar físicamente, que notes la vibración del instrumento", señala. Y para acercarla aún más, una cámara da señal a un proyector sobre el decorado de Salzburgo. Ahí se ven sus manos flotando sobre el teclado.

Unos momentos, en los que "hay una conexión emocional que se descifra con sonidos. Es el camino interesante y más importante. Al salir te das cuenta de lo que ha pasado porque hay un grupo de personas que no se conocen y que de golpe nos ha unido una emoción en el mismo momento. Nos lleva a momentos humanos muy íntimos". Al final, con una copa de cava en el jardín, Luis se reencuentra siente esa emoción en forma de abrazos e incluso lágrimas. Para algunos, ha sido el primer concierto de música clásica de su vida. Para Luis de Arquer, "lo que más me interesa es, por lo que soy músico. que haya una conexión humana a través del arte. El mensaje de la música tiene que ver con la belleza y el amor. Es un lenguaje universal y es poder conectar con las personas a través de la música". Y con El Teatre més Petit del Món lo consigue.

