La asociación ha repartido 90 pianos en Cataluña, Baleares, Valencia y Madrid
Fomenta una red de pianistas para tocar en espacios de libre acceso
BarcelonaLa historia de Pianos Vius empezó en el balcón de Abel Coll durante la pandemia. Este ingeniero de caminos y músico en su tiempo libre, cada día y a la misma hora, sacaba un amplificador y un piano eléctrico. Una actuación de cinco minutos antes de los aplausos a los sanitarios. "Era una forma de salir de casa y un momento de calma y evasión", asegura el fundador y presidente de la Asociación de Pianos Vius.
Al acabar el confinamiento, sus vecinos echaban de menos su música: "Me paraban por la calle y me decían: ¡Eres el del piano! Y me explicaban que paseaban delante de mi casa para escucharme. Y me quedó la sensación extraña del bien que había hecho y le di vueltas y vueltas. Y me acordé de que cuando iba a ver a mi abuelo a la residencia tocaba el piano. Y pensé que podía volver a hacerlo aunque él ya no estuviera para generar momentos de bienestar y felicidad. Esa fue la chispa", recuerda.
Y así, en octubre de 2021, nació Pianos Vius con "la idea de ir a tocar y, donde no haya piano, nos buscamos la vida para ponerlo". El primer lugar donde acudió a tocar fue el centro donde estuvo su abuelo y el primer piano de una donación lo acogió el Hospital Clínic de Barcelona. "Es especial porque una amiga que se llamaba Rosa pasó por un proceso de cáncer muy duro y al final nos dejó. Es un piano de cola negro que está en el vestíbulo y tiene una rosa detrás porque es en honor a nuestra amiga. Y la primera canción fue 'Here Comes the Sun' de los Beatles porque ella decía que era la mejor canción del mundo", explica emocionado.
Magia al piano
Un piano que ha originado encuentros inesperados en el teclado, como entre Dragomir Atanazov y Mauricio: "Drago era una persona sin techo que vivía en Barcelona y tocaba a menudo el piano del Clínic, donde coincidía con Mauricio, un niño de 10 años que entraba cada vez que volvía del colegio. Y allá se conocieron y, cuando coincidían, interpretaban juntos. La música como lenguaje universal. Se entendían y tocaban a cuatro manos. Es una prueba de que la música une personas y culturas", destaca Abel.
En cinco años de vida, Pianos Vius ha llevado la música con 90 pianos a centros sanitarios, sociales y culturales como residencias, centros de Alzheimer o de salud mental, hospitales o centros de acogida de personas sin techo repartidos entre Cataluña, Madrid, Baleares y Valencia.
Abel ha vivido en primera persona esos momentos transformadores como "estar tocando, levantar la mirada y ver a una persona delante llorando, que no puede articular palabra de la emoción, abrazarme y darme las gracias. En residencias de personas mayores o de Alzheimer, hay usuarios que apenas interactúan con nadie y, al poner el piano, se levantan, caminan y lo tocan. Lo que suelo hacer es tocar un tiempo y luego pido que vengan a sentarse a mi lado. Me dicen que no saben, pero les respondo que todo el mundo lleva la música dentro y que solo falta ver por dónde sale. Le digo tres cosas: intenta no pensar en nada, escucha lo que suene, pon las manos encima de las teclas y deja que hagan lo que quieran sin pensar, que los dedos vayan solos. Tocan una tecla y los empiezo a acompañar. Se crean instantes alucinantes de personas que nunca han tocado y tenemos diálogos con el piano. Te miran llorando y te preguntan si lo han hecho ellos".

"La música es una fuente de emoción y de canalizar sentimientos. No solo es captar la importancia de la música para la persona que escucha, sino también para quien toca. Intentamos fomentar que músicos no profesionales, pero que tienen formación, puedan ver qué pasa. Se generan momentos mágicos y, cuando acaban de tocar, la música que regalan son emociones, lágrimas, felicidad y abrazos. Y también es la felicidad que damos a las personas que donan los pianos. La relación con un piano es siempre muy especial y, cuando alguien decide donarlo y le damos una segunda vida, nos lo agradecen infinitamente", resume el fundador.
Lista de espera
Unos 15 centros están en lista de espera, que han de cumplir unas condiciones antes de recibir un piano donado: "Ha de ser una entidad que entendemos que, si no ponemos un piano, no lo tendría. Se tiene que quedar de forma permanente y estar abierto a todo el mundo. No son para celebraciones concretas porque queremos que se cree la cultura de que hay un piano y se cuente con él", concreta Coll. Unas piezas procedentes de donaciones: "Tenemos un acuerdo con Jorquera Pianos, que los evalúan y les hacen una puesta a punto. Son instrumentos que tocaban y ahora ya no o de algún familiar que no está. Hay muchos pianos medio dormidos y, cuando los propietarios descubren que pueden tener una segunda vida, se lanzan de cabeza". Desde la misma asociación, se fomenta una red de músicos, en especial pianistas, para que acudan de forma esporádica a ofrecer su música a espacios de libre acceso.
Abel no sabe aún cuál será el siguiente piano dormido que despertará momentos mágicos en un nuevo hogar.

