Contaminación

Tapones, envoltorios o bolsas: el 74% de las tortugas marinas atendidas por el CRAM tienen macroplásticos

El plástico tipo lámina es el residuo más frecuente en las tortugas marinas. Fundación CRAM
  • Las tortugas marinas son un bioindicador de la contaminación en el Mediterráneo

  • El plástico del tipo lámina se ha encontrado en el 64% de los residuos ingeridos

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BarcelonaLas tortugas marinas son consideradas bioindicadores clave del estado de contaminación marina. "No tienen una alimentación selectiva porque cuando detectan algo que puede ser alimento, lo succionan a través del agua y queda retenido en el esófago, eliminan el agua pero no lo que hayan ingerido porque no lo pueden vomitar. Todo lo que hay en el mar podría pasar por ellas y como son animales muy migratorios dan una buena imagen de la salud de los mares", señala Lucía Garrido, responsable del área clínica y rescate de la Fundación CRAM. Y en esa fotografía salen los plásticos, que representan entre el 60% y el 80% de los residuos marinos a nivel mundial.

Esa presencia se confirma, año tras año, en los estudios de la Fundación para la Conservación y la Recuperación de Animales Marinos, un centro de referencia. Durante 2025 se atendieron 98 tortugas marinas, el mayor número de ingresos registrado en los últimos años: 95 Caretta caretta, un ejemplar de tortuga verde y, por primera vez, la asistencia a dos tortugas laúd vivas. De estas, 91 han pasado por el centro de recuperación, donde se han tomado 65 muestras entre heces y necropsias.

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Los resultados indican que el 74% de las tortugas analizadas presentaban evidencia de ingestión de plástico. "Se trata de macroplástico que es mayor a cinco milímetros, por lo cual es visible sin necesidad de lupas o microscopios. Si se hiciera un análisis del microplástico, que es el más peligroso, seguramente el porcentaje sería más alto incluso podría llegar al 100% de las muestras. Eso señala que seguimos teniendo un problema grave de contaminación marina en el Mediterráneo y en el resto de los mares", subraya Garrido.

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El tipo de residuo más frecuente fue el plástico tipo lámina, que representó el 64% de los fragmentos encontrados. "Es el más habitual en las tortugas del CRAM. Es el plástico de los envoltorios como las chocolatinas o las bolsas. Este año hemos encontrado tapones, restos de vasos y bastoncillos. También encontramos un 17% de plástico industrial que es más peligroso porque es duro y puede cortar la mucosa de las tortugas", concreta.

La ingesta de ese plástico flexible y ligero es un riesgo físico y químico para las tortugas: "Las consecuencias son varias porque provoca una enteritis, disminuye la absorción de nutrientes y dificulta la nutrición del animal. Y el plástico actúa como esponja química, que atrae elementos como el mercurio o el aluminio y le crea toxicidad que tiene elementos negativos en su viabilidad. No causa la muerte directa, pero es un debilitamiento. Tiene consecuencias indirectas que pueden causar un aumento de la mortalidad", asegura la investigadora.

Plástico al año de vida

Los resultados del estudio también evidencian cómo la ingestión de plástico puede producirse desde fases muy tempranas de vida. Uno de los casos más impactantes fue el de una cría de tortuga de un kilo de peso y de apenas un año de edad que se había criado en cautividad. Se liberó y se capturó de forma accidental un mes más tarde. Durante su estancia en el Centro de Recuperación del CRAM, defecó una considerable cantidad de plástico, lo que demuestra que incluso exposiciones muy breves al medio natural bastan para que una tortuga marina entre en contacto con residuos.

También atendieron a Pepe, una tortuga que rescataron unos pescadores. Tenía anorexia y presentaba mucho gas en su interior. Con una endoscopia, le extrajeron un trozo de plástico que estaba obstruyendo el estómago provocándole dolor. "En este caso sí que podría haber causado la muerte del animal", destaca.

Además de la ingestión de residuos, durante 2025 se atendieron 10 casos de tortugas marinas enmalladas en basura marina o artes de pesca a la deriva. El dato más alto registrado hasta ahora. Es el caso de dos ejemplares vivos de tortuga laúd, en la zona norte de Girona. Se trata de una especie oceánica cuya presencia en la costa catalana es poco frecuente y que puede medir tres metros y pesar 300 kilos.

"Los estudios como el que realizamos en el CRAM ayudan a empatizar con las tortugas marinas y a crear una mayor conciencia social y mejores medidas de reducción de residuos", indica la autora del estudio, que concluye con un mensaje esperanzador: "El incremento de rescates, la implicación creciente del sector pesquero, la participación activa de la ciudadanía y la sensibilización de las nuevas generaciones muestran que la percepción social del problema está cambiando. La educación ambiental y la divulgación científica continúan siendo herramientas fundamentales para sostener este cambio de paradigma".