David Lladó, ultrafondista, diagnosticado de TEA a los 49 años: "Es mirar el autismo no desde el límite, sino desde las posibilidades"
David Lladó es el autor del libro 'Kilómetros infinitos', una mirada sobre el autismo y la ultradistancia
Como corredor ha completado dos veces el Spartathlon, de 246 kilómetros, entre Atenas y Esparta
BarcelonaDavid Lladó sintió como un chispazo el 14 de marzo del año pasado a la una y media de la madrugada. Unos meses antes, este ultrafondista acababa de descubrir, a los 49 años, que tiene autismo. "A raíz del diagnóstico, le daba vueltas a mi pasado. Me pasó por la cabeza intentar mostrar cómo el autismo, a veces, se puede aprovechar de forma positiva, como correr una de las carreras más difíciles del mundo. ¿Y por qué no explico eso? Es mirar el autismo no desde el límite, sino desde las posibilidades. Y pensé en un libro sobre la ultradistancia y el autismo. Me vino casi la estructura entera. La anoté, y a partir de aquí, empecé a escribirlo", recuerda este tecnólogo y gestor cultural.
Así David dio vida a 'Kilómetros infinitos': "Es un doble sentido por las carreras de larga distancia, que son una barbaridad de kilómetros que se hacen infinitos, y también la lectura del infinito, que es el símbolo del autismo, porque simboliza el aspecto casi infinito que las personas que estamos ligadas al espectro, aunque todos tenemos la etiqueta de autismo, somos muy diferentes entre nosotros".
Con la revelación del diagnóstico, "de repente mi vida la puedo ver de otra forma. Mirando hacia atrás, veo cómo reinterpretar lo que me ha pasado hasta hoy, que era correr largas distancias. Al mismo tiempo, conocí a personas del espectro autista en situaciones complicadas y también datos como que el 80% de las personas de nivel 1, como yo, no trabajan porque no han encontrado un empleo, les han despedido o están de baja. Pensé que puedo mostrar que el autismo, a veces, te da cartas que puedes aprovechar en el juego de la vida. El libro lo resumo como: "Si la vida te da limones, haz limonada". Es mostrar que si lo tienes, aprovecha las cosas positivas que te puede dar. Es el mensaje a las personas dentro del espectro. Es una mirada no limitante".
Una obra en la que entrelaza dos viajes paralelos. "Lo escribí mientras preparaba la carrera más difícil del mundo, que es la Spartathlon, y por otro lado, el viaje del conocimiento interior y encontrarme a mí mismo. Es buscar mi propia identidad".
"Gran alivio"
Con los ojos de ahora, David hace un viaje interior. "Siempre me he sentido especial y alejado de las relaciones sociales. En la escuela tenía dificultades para estudiar y repetí varios cursos. ¿No soy inteligente? Al cumplir los 25 años, entré a Física para saber si era tonto y vi que sí tenía el motor intelectual suficiente. Lo probé un tiempo y me apunté a Matemáticas, que dejé para ser padre. Mi objetivo era hacerme un examen a mí mismo de si tenía capacidad para acabarlas. Cuando me demostré que sí, el aliciente acabó", recuerda el autor del libro.
Y un día, en una conferencia sobre autismo, David sospechó: "¿A ver si lo soy yo también? Y empecé a buscar información. No tenía dudas. Solo faltaba que alguien lo dictaminara". Y así fue. "Primero, es un gran alivio porque todas tus frustraciones, de repente, tienen explicación. Y después, una sensación de: ¡Me lo podían haber dicho antes! Porque mi vida hubiera sido diferente".
Con la publicación de 'Kilómetros infinitos', siente que "me estoy exponiendo. Espero que ayude a muchas personas a perder el miedo a reconocerlo en público. Está bien tener referentes. He conocido a personas que no se lo han dicho a sus familias porque es un estigma".
246 kilómetros
En 2013, David empezó a correr atraído por la resistencia y porque "es estar solo tú mismo y es tu tiempo". Primero, hizo el Camino de Santiago. Después, el maratón de Barcelona. "Algo dentro de mí me pedía más y más. Empecé con carreras de montaña. Y vi una foto que me conquistó. Encontré una historia fascinante que conjugaba con la historia antigua, que me apasiona. Me quedé atrapado y me dediqué en cuerpo y alma", apunta.
Es la historia de Spartathlon, de 246 kilómetros: "Es única en el mundo. Para un corredor popular, es la más difícil y no es por la distancia, sino por el tiempo. Es completarla en 36 horas porque estás intentando emular la gesta de un héroe de la antigüedad llamado Filípides, que fue de Atenas a Esparta en ese tiempo para pedir ayuda porque les estaban conquistando los persas".
Un ultramaratón, que preparó a fondo. "Para hacer carreras de este estilo no hace falta ser autista, pero algunos rasgos me han ayudado, como la obsesividad, que es meterte en una tarea de forma profunda. Y correr esa larga distancia lo requiere. La parte fácil es correrla. Lo complicado es prepararla. Pasaron cinco años. Miles de kilómetros y horas de investigación sobre nutrición o fisiología. Cuando me diagnosticaron, me di cuenta porque tenía esa facilidad".
Un reto, que no solo es físico: "Llega un momento en que estás roto física y mentalmente y es cuando encuentras el punto de encontrarte a ti mismo. Es una gran distancia física, pero es un gran viaje interior, tanto al prepararla como al hacerla. Cuando tu cuerpo está destrozado es cuando puedes ver lo que hay dentro de ti. Es de lo que más me gusta de las carreras de resistencia". Y le apasiona hasta tal punto que ha terminado dos y quiere repetir para continuar su viaje interior.