Manu Heras, sin movilidad por debajo del pecho, se atreve con una ruta en kayak de 210 kilómetros: "Quiero hacerlo solo y mostrarlo"
Manu Heras tiene una lesión medular completa por un accidente de moto desde hace casi 30 años
La travesía desde Portbou hasta Blanes es para reivindicar un litoral más accesible
GironaLa vida de Manu Heras cambió en un segundo en 1997. Tenía 18 años cuando sufrió un accidente de motocicleta. "Era un adolescente y me tocó ser adulto de forma inesperada. Es un duelo de una parte de ti. Tengo una lesión medular a nivel T4 completa y no tengo movilidad por debajo del pecho", explica.
En silla de ruedas, Manu no se puso límites por sus ganas de explorar y su curiosidad: "Pensé que se habían acabado los viajes y con el tiempo, hasta lograr fuerzas, he acabado viajando por Europa, con mi furgoneta en Canadá, de mochilero por Latinoamérica hasta ahora en la India. He ido ampliando sin poner límites. Todo lo que pensaba que no podía hacer lo he ido probando. He ganado experiencia y seguridad".
Ahora su aventura es una travesía en solitario: 210 kilómetros entre Portbou y Blanes en kayak. "Quiero hacerlo solo y mostrarlo. A veces, el entorno de una persona con discapacidad le dice que no puede hacerlo. Hay una sobreprotección y no se ve más allá. Me gusta defender que se pueden hacer muchas cosas", afirma Manu. Una ruta de entre siete u ocho días navegando unos 25 o 30 kilómetros al día y dejando en tierra su silla de ruedas. "Quiero sensibilizar sobre las necesidades que tenemos y visibilizar la discapacidad y las barreras arquitectónicas en el litoral catalán para mejorar el acceso para personas con movilidad reducida o discapacidad para ser más autónomas. En verano en la Costa Brava hay una buena asistencia para ir al agua, pero es insuficiente. Quiero reivindicar más accesibilidad para personas con discapacidad y no haya tanta dependencia de un servicio asistencial. Pido más infraestructuras como pantalanes para kayak y que las pasarelas de la playa lleguen hasta el agua para mejorar el acceso. Es ampliar el abanico y la temporalidad para disfrutar del litoral", subraya Manu.
Planificación detallada
A primera hora del día, sin aún salir el sol, Manu se embarcó en Portbou con un kayak abierto porque "es más fácil entrarlo y sacarlo de la playa yo solo. Unos amigos me ayudaron a entrar en el agua y guardaron la silla de ruedas. Llegué hasta una cala de Port de la Selva. Estaba mojado, me cambié la ropa, puse en el suelo como una colchoneta inflable para evitar las úlceras por presión y me metí en el saco de dormir. Me costó conciliar el sueño por la humedad, pero caí rendido por el cansancio. Me paso el día remando y son muchos kilómetros".
Una experiencia, un aprendizaje, siguiendo el litoral de la Costa Brava. "He ido mejorando en cómo desembarcar. Busco calas protegidas sin oleaje, sin desnivel y bajo de lado para apoyarme lo menos posible. Tengo que evitar que el kayak no se vaya. Voy concentrado en no volcar porque me complicaría mucho la vida si estoy cansado y por el peso de la embarcación. Estoy disfrutando del paisaje, explorando cuevas y rincones entre rocas", destaca el aventurero. Eso sí, no sin sobresaltos como la pérdida del móvil mientras "estaba grabando cerca de Cadaqués con la GoPro y lo dejé encima. Cayó al mar de la forma más tonta. Estaba haciendo fotos de las playas para ver la accesibilidad que tienen".
Una travesía pensada al detalle, con el permiso de la meteorología. En el kayak cuenta con "una radio en caso de emergencia por si falla la cobertura del móvil, ropa de recambio, un buen saco de dormir para recuperarme del frío, un aislante para estar cómodo, frutos secos y barritas energéticas, unos tres litros de agua a la salida, y si alguien me puede acercar comida o bebida durante el recorrido".
El aprendizaje de viajar
Este reto se suma a su labor como dinamizador del programa de ocio inclusivo de la entidad Mifas que "va desde tomar un café para encontrarse y hablar de la discapacidad, salidas culturales o deportivas como ir a hacer vela, paracaidismo, submarinismo o subir en globo hasta viajes a Noruega, Kenia o México".
Una vida de nómada con su furgoneta para conectar con los demás y explorar: "Un camino de vida que me motiva y me hace sentir vivo". Y se siente así recorriendo países como Guatemala, Camboya o Vietnam, practicando submarinismo en Indonesia o puenting en Canadá o maravillado por las auroras boreales en Noruega. A los que se sumará Mauritania, Senegal y Gambia antes de final de año. "Me da vida, me ilusiona descubrir nuevos lugares y sus realidades. Viajar es un aprendizaje", concluye Manu.