Astronomía

Siempre vemos la misma cara de la Luna: la explicación astronómica a uno de los grandes misterios del cielo

La Luna sí gira sobre sí misma
La Luna sí gira sobre sí misma. Unsplash
Compartir

La Luna cambia de forma noche tras noche. Sin embargo, aunque sus fases cambien, hay algo que permanece casi invariable: siempre vemos la misma cara de la Luna. Los mares oscuros, las manchas claras y los grandes relieves que reconocemos desde la Tierra son siempre del mismo hemisferio lunar.

Durante siglos, esta peculiaridad ha alimentado una idea equivocada: la Luna no gira sobre sí misma. Si siempre muestra una misma cara, será porque es como una bola fija que mira hacia nuestro planeta. Pero, la respuesta es justo la contraria: la Luna sí rota, pero lo hace al mismo ritmo al que orbita la Tierra. Esa sincronía es la clave de este misterio.

PUEDE INTERESARTE

La Luna mantiene siempre el mismo hemisferio orientado hacia la Tierra porque rota a la misma velocidad a la que completa su órbita alrededor de nuestro planeta. Este fenómeno se conoce como rotación síncrona o bloqueo de marea.

La Luna sí gira, pero de una forma sincronizada

La Luna tarda aproximadamente 27,3 días en dar una vuelta completa alrededor de la Tierra respecto al fondo de estrellas. Ese mismo tiempo es, aproximadamente, el que tarda en completar una rotación sobre su propio eje. Esto quiere decir que, mientras avanza por su órbita, también va girando, pero lo hace de tal manera que siempre conserva la misma cara apuntando hacia nosotros.

PUEDE INTERESARTE

Este detalle desmonta uno de los errores más repetidos de la divulgación básica. La Luna no está inmóvil. Si no rotara, desde la Tierra sí podríamos ver todos sus lados a lo largo de un mes. El hecho de que no ocurra demuestra precisamente que su rotación está sincronizada con su órbita.

Qué es el bloqueo de marea

La sincronización entre la rotación lunar y su órbita no es una casualidad perfecta ni una coincidencia mágica. Es el resultado de miles de millones de años de interacción gravitatoria entre la Tierra y la Luna. La gravedad de la Tierra tira de la Luna con más fuerza en el lado más cercano que en el lado más lejano. Esa diferencia de atracción genera deformaciones, conocidas como mareas, no solo en los océanos terrestres, sino también en cuerpos sólidos.

Con el tiempo, esas fuerzas de marea fueron frenando la rotación inicial de la Luna, ya que en el pasado, posiblemente, giraba más deprisa. Pero la fricción interna producida por esas deformaciones fue disipando energía hasta que la Luna quedó atrapada en una configuración estable: una rotación por cada órbita. A ese estado se le llama bloqueo de marea.

Este fenómeno no es exclusivo de nuestra Luna. Muchos satélites del sistema solar están bloqueados por marea con sus planetas, sobre todo aquellos que orbitan relativamente cerca de cuerpos mucho más masivos.

La cara visible y la cara oculta

Como consecuencia de esta rotación síncrona, los astrónomos distinguen entre la cara visible y la cara oculta de la Luna. La cara visible es el hemisferio que mira hacia la Tierra y que podemos observar desde nuestro planeta. La cara oculta, también llamada cara lejana, es el hemisferio opuesto.

La cara oculta de la Luna recibe luz solar igual que la cara visible. Este es un error común al confundir cara oculta con “cara oscura”. Durante la luna nueva el hemisferio que no vemos desde la Tierra es el que está iluminado por el Sol, mientras que la cara visible atraviesa su noche lunar.

La razón por la que no se ve esta cara no tiene que ver con la luz, sino con la geometría orbital. Está siempre orientada en sentido contrario a la Tierra. No fue hasta 1959, con la sonda soviética Luna 3, cuando la humanidad pudo ver las primeras imágenes de esa mitad lunar escondida.

¿Por qué la cara oculta es tan diferente?

Cuando se fotografió la cara oculta, los científicos descubrieron que no era una copia exacta de la cara visible. La mitad que vemos desde la Tierra tiene grandes manchas oscuras llamadas mares lunares, antiguas llanuras basálticas formadas por lava solidificada. La cara oculta, sin embargo, está mucho más cubierta de cráteres y tiene muchos menos mares.

Por otro lado, la corteza lunar es asimétrica: en la cara visible tiene un grosor medio de unos 40 kilómetros, mientras que en la cara lejana puede alcanzar unos 60 kilómetros. Esa diferencia ayuda a explicar por qué las grandes erupciones de lava que formaron los mares fueron más abundantes en el hemisferio que mira hacia la Tierra.

Pero, además, aunque se suele decir que siempre vemos la misma mitad de la Luna, la realidad es más interesante. Debido a pequeños movimientos aparentes llamados libraciones, desde la Tierra podemos llegar a observar algo más de la mitad de la superficie lunar a lo largo del tiempo. Gracias a estas libraciones, no vemos solo el 50% estricto, sino alrededor de un 59% de su superficie a lo largo de un ciclo completo.