La zona de exclusión de Chernóbil, 40 años después de la tragedia: el paraíso de los animales salvajes y el ecosistema tras la exclusión de humanos

Imagen de las investigaciones en la Zona de Exclusión de Chernóbil que demuestran el aspecto de su flora.. Europa Press
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Es la gran paradoja de Chernóbil que ha sorprendido a los expertos que analizan la zona. El peor desastre nuclear del mundo ha mostrado la resiliencia de la naturaleza en medio de una grave contaminación.

En este entorno invadido con cesio-137,  plutonio, tritio o americio, en esta zona de exclusión en la que el hombre no pone un pie, el ecosistema y la proliferación de animales salvajes se ha disparado.

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La no presencia del hombre ha sido vital en ese desarrollo sin que se hayan determinado mutaciones genéticas considerables en los animales de la zona y una resistencia de la flora y adaptación a la radiación sorprendente.

Jim Smith, científico ambiental de la Universidad de Portsmouth, quien lleva más de 30 años estudiando la región, es categórico en declaraciones al diario The Guardian. “Ha sido una demostración muy contundente del impacto relativo del peor accidente nuclear del mundo, que no es tan grave, y el impacto de la presencia humana, que es devastador”.

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Va más allá. "Desde 1986, ha existido mucha desinformación sobre los riesgos de la radiación de Chernóbil, lo que ha afectado negativamente a las personas que aún viven en zonas abandonadas. Ahora contamos con un enfoque validado y con base científica para reincorporar tierras agrícolas valiosas a la producción oficial, a la vez que se demuestra la seguridad tanto para los consumidores como para los trabajadores".

La zona de exclusión de Chernóbil se convierte en un santuario natural no planificado

De hecho, la zona de exclusión de Chernóbil, de 2.800 km2 y la vecina reserva radioecológica de Poleskiy en Bielorrusia, forman uno de los "mayores santuarios naturales no planificados de Europa". Así lo reconoce el profesor del Área de Zoología de la Universidad de Oviedo, Germán Orizaola, que ha trabajado en varios proyectos científicos sobre el terreno.

Oriazola señala que Chernóbil "no es ni mucho menos un desierto, sino que es un vergel de vida" donde habita la mayor población de lobos de Europa y otras especies. "En Chernóbil queda menos del 5% del material radiactivo que se emitió en el accidente", ha asegurado el científico, y el impacto a corto plazo "fue muy fuerte" pero a largo plazo menor de lo que se pensó.

Las poblaciones de lobos son siete veces mayores que antes del accidente

El impacto del accidente fue terrorífico para el ser humano, pero su desaparición de la zona no ha sido devastadora para la fauna y flora silvestre. Según los datos recogidos por los expertos que analizan la zona, el impacto de la huida del hombre es positivo. Valgan algunas muestras para demostrarlo.

Las poblaciones de lobos son siete veces mayores que antes del accidente. En la zona habitan osos, bisontes, lobos, linces, caballos de Przewalski, y unas 200 especies de aves. Las poblaciones de alces, corzos, ciervos y conejos prosperan, aunque otras como las golondrinas comunes y los carboneros comunes se han visto más afectadas. El caso no es único de Chernóbil. Se han alcanzado conclusiones similares en otras zonas de acceso restringido, como Fukushima , donde los jabalíes, los macacos japoneses y los mapaches se han vuelto más abundantes en los lugares evacuados tras la fusión de un reactor en 2011.

La zona desmilitarizada de la península coreana, donde las tensiones entre el Norte y el Sur y la exclusión de la mayoría de los humanos han dado como resultado un santuario que alberga al 38% de las especies en peligro de extinción de Corea del Sur, incluidas las grullas cuelliblancas, los ciervos almizcleros siberianos, los osos negros asiáticos y los gorales coreanos.

Los perros de Chernóbil han evolucionado en un entorno hostil

Un estudio realizado en perros que viven en la zona de Chernóbil, descendientes muchos ellos de los que sobrevivieron a la purga tras el accidente, mostró que existen probables mutaciones en genes importantes. Otros estudios consideran, no obstante, que los perros de Chernóbil sobrevivieron al entorno hostil evolucionando y resistiendo mejor a aspectos complejos como falta de alimento o la presencia de depredadores. Dicho de otro modo, es la selección natural la que ha entrado en juego permitiendo la supervivencia de estos animales en esta zona.

Las vacas de Chernóbil van en manada

Los especialistas de la Reserva de Radiación y Biósfera Ecológica de Chernóbil observaron, según revelaron después de analizarlas durante tres años, que las vacas de Chernóbil se habían organizado en manadas y presentaban un comportamiento muy diferente al que suelen tener los animales domésticos o de cría. Lo hicieron para sobrevivir en un nuevo hábitat.

La flora ha demostrado una regeneración vigorosa para adaptarse reparando su ADN y adaptándose al estrés

En lugar de ser páramos estériles, las zonas de exclusión han presenciado una supervivencia vegetal significativa y, en muchas áreas, una regeneración vigorosa. Un hallazgo crucial de Fukushima es la rápida inducción de genes de reparación del ADN y vías para la biosíntesis observada en plantas que crecían en campos contaminados tan solo unos años después del accidente.

Y en Chernóbil se ha observado también una adaptación al estrés, sistemas antioxidantes, reparación del ADN y la contaminación, lo que confirma su papel activo para la supervivencia.

La exposición crónica a la radiación ionizante funciona, según demuestran los casos de Chernóbil y Fukusima, como un poderoso agente de selección natural, instigando cambios en las poblaciones vegetales a escalas moleculares y ecológicas, segun un estudio publicado por Smith.

Miles de hectáreas de tierras agrícolas afectadas por Chernóbil, consideradas demasiado peligrosas para el cultivo en el norte de Ucrania, pueden hoy volver a producir ya de forma segura. Un estudio, dirigido por la Universidad de Portsmouth y el Instituto Ucraniano de Radiología Agrícola, desarrolló un método para la reevaluación segura de tierras agrícolas abandonadas tras el accidente nuclear de 1986.

Publicada en la revista Journal of Environmental Radioactivity, la investigación abre la puerta a la posible recuperación de grandes extensiones de tierra para uso agrícola, tierras que han permanecido oficialmente prohibidas durante más de tres décadas debido a la contaminación radiactiva.

Desde el desastre de Chernóbil, extensas regiones del norte de Ucrania fueron declaradas demasiado peligrosas para la agricultura. Una segunda zona de 2.000 kilómetros cuadrados, la "Zona de Reasentamiento Obligatorio", nunca fue abandonada por completo. La zona alberga a miles de personas, cuenta con escuelas y tiendas, pero no se permite la inversión ni el uso oficial de la tierra.

Desde la década de 1990, científicos ucranianos y extranjeros han afirmado que la tierra puede volver a utilizarse de forma segura a pesar de la contaminación por radiocesio y radioestroncio. Sin embargo, las complejidades políticas han provocado que la tierra permanezca oficialmente abandonada. Esto no ha impedido que algunos agricultores tomen cartas en el asunto y comiencen la producción no oficial en algunas zonas. El nuevo estudio ha confirmado que los agricultores tenían razón: los cultivos pueden cultivarse de forma segura en la mayoría de las zonas.

Utilizando un campo de prueba de 100 hectáreas en la región de Zhytomyr, los investigadores desarrollaron un protocolo simple pero robusto para evaluar los niveles de contaminación y predecir la absorción de sustancias radiactivas por cultivos comunes como la papa, los cereales, el maíz y el girasol.

Mediante el análisis de muestras de suelo y la medición de la radiación gamma externa, los investigadores confirmaron que la dosis de radiación efectiva para los trabajadores agrícolas está muy por debajo del umbral de seguridad nacional de Ucrania y es significativamente inferior a los niveles de radiación de fondo que se experimentan de forma natural en todo el mundo. Los hallazgos demuestran que, con una supervisión adecuada y el cumplimiento de las normativas ucranianas de seguridad alimentaria, muchos cultivos pueden cultivarse de forma segura en estas zonas previamente restringidas.

Volvemos a Jim Smith, científico ambiental de la Universidad de Portsmouth. El experto se oponía a la energía nuclear, pero que ahora la apoya con cautela porque considera que representa menores riesgos para la salud humana y el clima que los combustibles fósiles.

Reconoce que la radiación daña el ADN y estima que se han producido unas 15.000 muertes adicionales por cáncer en Europa como consecuencia del accidente de Chernóbil, pero señala que esta cifra probablemente palidece en comparación con la mortalidad causada por la contaminación atmosférica o por las pruebas de bombas nucleares atmosféricas realizadas por Estados Unidos y Rusia en las décadas de 1950 y 1960.

El recuerdo de Chernóbil sigue muy latente en la sociedad y fomenta el miedo a lo nuclear. Más de 300.000 personas fueron evacuadas de la central de Chernóbil y de la zona circundante de 4.200 km² en Ucrania y Bielorrusia. El temor a las secuelas del accidente de la central nuclear llegaron hasta Europa. No era para menos. La Academia Nacional de Ciencias Médicas de Ucrania publicará esta semana una evaluación del impacto del desastre de Chernóbil. Su última actualización, de 2022, reconoció 41.000 víctimas mortales. Un estudio realizado por expertos externos en 2006 estimó entre 4.000 y 16.000 fallecimientos.

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