Astronomía

El agujero negro más grande jamás observado podría cambiar lo que sabemos sobre la formación de galaxias

La relación entre galaxias y agujeros negros puede ser más compleja. Pexels
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MadridCuando pensamos en agujeros negros, se suele imaginar un objeto extremo capaz de devorar estrellas o deformar el espacio-tiempo. Pero algunos son tan gigantescos que incluso pueden desafiar las teorías actuales sobre cómo se forman y evolucionan las galaxias. Ese es el caso de los agujeros negros ultramasivos, auténticos colosos cósmicos cuya masa puede equivaler a decenas o incluso cientos de miles de millones de soles.

En los últimos años, varios descubrimientos han reabierto el debate sobre cuál es el agujero negro más grande jamás observado. Objetos como TON 618 o el gigantesco agujero negro que está situado en el centro de la galaxia Holmberg 15A han llevado a los astrónomos a plantearse si las teorías tradicionales sobre la evolución galáctica son suficientes para explicar su existencia. Porque cuanto más masivos parecen estos monstruos cósmicos, más difícil resulta entender cómo pudieron crecer tanto en tan poco tiempo a escala universal.

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Uno de los casos más sorprendentes es el descrito en un estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (MNRAS), donde un equipo internacional de investigadores analizó el sistema conocido como Cosmic Horseshoe y descubrió un agujero negro ultramasivo con una masa estimada de 36.000 millones de veces la del Sol. La cifra es tan grande que sitúa a este objeto entre los agujeros negros más masivos jamás detectados con mediciones dinámicas relativamente precisas.

Qué es exactamente un agujero negro ultramasivo

La mayoría de galaxias conocidas guardan un agujero negro supermasivo en su centro. El de nuestra galaxia, la Vía Láctea, llamado Sagitario A*, tiene cuatro millones de masas solares. Puede parecer enorme, pero en realidad es pequeño comparado con otros, como los supermasivos.

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Estos agujeros negros más extremos pueden ser ultramasivos o hipermasivos. Se habla de esta categoría cuando superan decenas de miles de millones de masas solares. La diferencia es tan grande que incluso costaría imaginarla. Por poner un ejemplo: si el agujero negro de la Vía Lactea fuera una pelota de tenis, algunos de esos colosos serían del tamaño de una ciudad.

El nuevo estudio estima que el Cosmic Horseshoe alcanza unos 36.000 millones de masas solares, una cifra que lo coloca en la categoría de los llamados agujeros negros ultramasivos. Según los investigadores, el objeto se encuentra muy por encima de lo esperado para una galaxia de sus características si se utilizan las relaciones clásicas entre masa galáctica y masa del agujero negro.

Qué es el Cosmic Horseshoe

El agujero negro se encuentra en un sistema conocido como Cosmic Horseshoe (SDSS J1148+1930), una famosa lente gravitacional situada a unos 5.000 millones de años luz de la Tierra. El sistema recibe ese nombre porque la gravedad de la galaxia central distorsiona la luz de una galaxia situada detrás, creando una estructura luminosa con forma de herradura. Este efecto, conocido como lente gravitacional, fue predicho por Einstein y permite estudiar objetos extremadamente lejanos y masivos.

Es precisamente gracias a esta lente gravitacional que los investigadores pudieron analizar con gran precisión el movimiento de las estrellas alrededor del núcleo galáctico y calcular la masa del agujero negro central.

¿Cuál es la conexión entre agujeros negros y galaxias?

Uno de los descubrimientos más relevantes de la astrofísica moderna es que los agujeros negros y las galaxias parecen evolucionar juntos. Durante años, los astrónomos han observado que existe una relación bastante consistente entre la masa del agujero negro central y propiedades de la galaxia que lo rodea, como el tamaño del bulbo galáctico o la velocidad a la que se mueven las estrellas. Esto puede decir que ambos procesos están profundamente conectados.

La idea que predomina es que las galaxias alimentan a los agujeros negros mediante enormes reservas de gas y materia, mientras que los agujeros negros, a su vez, regulan el crecimiento de las galaxias. Cuando un agujero negro se encuentra en una fase muy activa y consume grandes cantidades de material, libera enormes cantidades de energía en forma de radiación y chorros relativistas. Ese proceso puede calentar o expulsar el gas galáctico, frenando la formación de nuevas estrellas. Es lo que se conoce como feedback galáctico, y se considera fundamental para entender por qué algunas galaxias dejan de producir estrellas con el paso del tiempo.

Un descubrimiento que obliga a replantear muchas ideas

Cada vez que los astrónomos descubren uno de estos colosos, las teorías actuales sobre cómo evolucionan las galaxias y cómo crecen los agujeros negros se ponen a prueba. En algunos casos, los datos no encajan tan bien como deberían.

Durante años, los modelos cosmológicos han funcionado razonablemente bien para explicar la evolución del universo a gran escala. Sabemos que las galaxias crecen mediante fusiones y acumulación de materia, y que los agujeros negros centrales evolucionan junto a ellas. No obstante, cuando aparecen objetos con masas de decenas de miles de millones de soles, el problema deja de ser únicamente cuantitativo y se vuelve conceptual. La cuestión ya no es sólo cómo de grande puede llegar a ser un agujero negro. sino si podemos comprender correctamente los mecanismos que controlan su crecimiento.

Uno de los aspectos más desconcertantes es la velocidad a la que algunos de estos agujeros negros parecen haberse formado. Muchos fueron observados tal y como eran cuando el universo aún era relativamente joven, lo que implica que alcanzaron tamaños gigantescos en tiempos sorprendentemente cortos. Esto obliga a replantearse varias posibilidades: quizá los primeros agujeros negros nacieron mucho más grandes de lo que se penssaba o hubo procesos de alimentación más eficientes en el universo temprano o quizá existen mecanismos físicos que todavía no comprendemos del todo.

Estos descubrimientos también afectan a nuestra comprensión de las galaxias. Si los agujeros negros pueden crecer más rápido o alcanzar masas mucho mayores de lo esperado, entonces su influencia sobre el entorno galáctico también puede ser más extremo, teniendo implicaciones directas sobre la formación de estrellas, la distribución del gas y la evolución de las galaxias más masivas del cosmos.

Estos hallazgos también están demostrando que las herramientas astronómicas actuales están empezando a revelar un universo mucho más complejo de lo imaginado. Hace apenas unas décadas, descubrir un agujero negro supermasivo ya era algo extraordinario; hoy, los astrónomos empiezan a hablar de objetos tan extremos que rozan los límites de lo que las teorías consideran posible.