El día en la Tierra se está haciendo más largo y los científicos ya saben por qué: la culpa es de la Luna

La duración del día terrestre no es tan fija como pensamos ya que la rotación de la Tierra se está ralentizando poco a poco
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La Tierra gira, pero no lo hace siempre al mismo ritmo. Para nosotros un día es una unidad fija de 24 horas, pero la realidad científica es bastante más compleja: la duración del día cambia ligeramente con el tiempo. A escalas humanas, esas variaciones son prácticamente imperceptibles, pero a escalas geológicas, acumuladas durante millones de años, han transformado por completo la relación entre la Tierra, la Luna y el tiempo que tarda nuestro planeta en completar una rotación.
Durante miles de millones de años, el principal responsable de que los días terrestres se hayan ido alargando ha sido la Luna. Su gravedad hace que existan las mareas en los océanos y en la propia Tierra. Esas mareas generan fricción, disipan energía y frenan poco a poco la rotación del planeta. Al mismo tiempo, esa interacción hace que la Luna se vaya alejando lentamente de nosotros. Según la NASA, nuestro satélite se está separando de la Tierra a un ritmo aproximado de 4 centímetros al año.
Los días de 24 horas no son tan exactos
Cuando se dice que un día dura 24 horas, se está usando una simplificación muy útil para la vida cotidiana. El reloj, el calendario laboral, los horarios de transporte o los ciclos de sueño funcionan con esa referencia. Pero la Tierra es un planeta en movimiento, con océanos, atmósfera, capas internas en movimiento, masas de hielo que crecen y se derriten, terremotos y una Luna que tira gravitatoriamente de él.
Por eso, la duración real del día puede variar. Algunas variaciones son temporales y se pueden deber a fenómenos atmosféricos, oceánicos o internos. Otras pueden ser tendencias a largo plazo. Sin embargo, la más importante ha sido la ralentización causada por la interacción gravitatoria con la Luna. Según una recopilación de registros astronómicos históricos, el día terrestre se ha alargado, de media, unos 1,8 milisegundos por siglo durante los últimos 2.700 años.
Esa cifra puede parecer insignificante, algo que nadie nota. Pero en ciencia, lo pequeño puede ser enorme si se acumula durante suficiente tiempo. Un cambio de apenas unos milisegundos por siglo, mantenido durante millones de años, implica que la Tierra primitiva giraba mucho más deprisa que ahora.
La Luna es un freno para la Tierra
La explicación de este fenómeno está en las mareas. La gravedad de la Luna atrae los océanos terrestres y produce abultamientos de agua en la dirección de nuestro satélite y en el lado opuesto del planeta. Pero la Tierra gira más rápido de lo que la Luna tarda en completar su órbita. Esto provoca que esos abultamientos no queden perfectamente alineados con la Luna, sino ligeramente adelantados.
Esta pequeña desalineación tiene efectos enormes a largo plazo. Los océanos, al desplazarse, pueden rozar con los fondos marinos y las costas, disipando energía en forma de calor. Esa energía procede en parte de la rotación de la Tierra, o lo que es lo mismo: las mareas actúan como un freno, que aunque es débil, sí que es muy constante.
La NASA explica que los océanos terrestres, al abultarse por la gravedad lunar, ejercen a su vez una atracción gravitatoria sobre la Luna. Esta interacción hace dos cosas al mismo tiempo: frena la rotación terrestre y modifica la velocidad orbital de la Luna, haciendo que se aleje lentamente.
De hecho, esta es la consecuencia más conocida de esta interacción. No lo hace a gran velocidad, sino unos centímetros al año. Pero esa distancia también se va acumulando. Hace miles de millones de años, la Luna estaba mucho más cerca y las mareas eran más intensas. La Tierra giraba más deprisa y los días eran más cortos.
Varios estudios geológicos basados en antiguos depósitos de mareas han intentado reconstruir cómo era esa relación en el pasado. Esos datos de hace unos 3.200 millones de años han llegado a la conclusión de que la distancia Tierra-Luna pudo ser entonces alrededor del 70% de la actual y que el día terrestre duraba 13 horas. Esto nos hace entender que nuestros días de 24 horas no son una condición eterna.
El cambio climático también tiene mucho que ver
Hasta hace poco, cuando se hablaba del alargamiento del día terrestre se pensaba sobre todo en la Luna y en la fricción de las mareas. Pero, los datos modernos han añadido un factor nuevo: la redistribución de masa provocada por el calentamiento global.
Cuando las grandes masas de hielo situadas cerca de los polos se derriten y el agua se desplaza hacia los océanos, parte de esa masa se aleja del eje de rotación, lo que aumenta el momento de inercia del planeta y hace que gire un poco más despacio.
¿Tiene consecuencias reales?
Para la vida diaria, no. Nadie va a notar que el día dura unos milisegundos más por siglo. Pero para la ciencia y la tecnología de precisión, sí que tiene importancia. Los sistemas de navegación espacial, las telecomunicaciones, el GPS, la astronomía de precisión y la sincronización global del tiempo necesitan saber con exactitud cómo gira la Tierra. Por lo que, aunque los cambios sean de milisegundos, pueden afectar a áreas como la navegación espacial, donde se requiere información muy precisa sobre la rotación terrestre.
