Astronomía

Mercurio también puede verse a simple vista, pero hay una trampa: el planeta más difícil de observar

Casi siempre está oculto por el resplandor del Sol. Getty Images
Compartir

MadridMercurio es uno de esos objetos del cielo que parecen esconderse a posta. Forma parte del pequeño grupo de planetas visibles a simple vista desde la Tierra, junto a Venus, Marte, Júpiter y Saturno, pero muchos aficionados a la astronomía pueden pasar años mirando el cielo sin haberlo identificado nunca con seguridad. No es porque sea invisible, tampoco hace falta un telescopio para identificarlo. La verdadera dificultad está en que Mercurio siempre aparece pegado al resplandor del Sol.

Ese es el gran truco del planeta más cercano a nuestra estrella. Mercurio puede verse sin necesidad de ningún instrumento, pero casi nunca se deja observar en plena noche. Aparece bajo el horizonte, durante el crepúsculo, poco después de la puesta de Sol o poco antes del amanecer.

PUEDE INTERESARTE

Un planeta brillante que se esconde en el peor sitio

Mercurio no siempre tiene una luz débil. En algunas apariciones puede alcanzar un brillo suficiente para verse a simple vista, incluso desde zonas con cierta contaminación lumínica. El problema es que rara vez se observa contra un cielo oscuro. A diferencia de Júpiter o Saturno, que pueden verse altos en el firmamento durante la noche, Mercurio permanece siempre cerca del Sol desde nuestra perspectiva.

Esto pasa porque Mercurio es un planeta interior: su órbita se encuentra dentro de la órbita de la Tierra. Visto desde nuestro planeta, nunca puede situarse en oposición, es decir, al lado contrario del cielo respecto al Sol, como sí pasa con Marte, Júpiter o Saturno. Por eso no se verá culminando a medianoche ni brillando durante horas en un cielo completamente oscuro.

PUEDE INTERESARTE

La NASA explica que Mercurio es difícil de detectar a simple vista excepto cuando su separación aparente respecto al Sol, conocida como elongación, se aproxima a su valor máximo. El mejor momento para verlo no depende solo de que el planeta sea brillante, sino de que se encuentre lo bastante alejado del Sol en el cielo como para no quedar perdido en el crepúsculo.

La clave está en la elongación

Para entender por qué Mercurio es tan complejo de observar hay que hablar de la elongación. Este término describe la separación angular aparente entre un planeta y el Sol vista desde la Tierra. En el caso de Mercurio, esa separación nunca ha sido muy grande. Aunque el planeta se aparte del Sol lo máximo posible desde nuestra perspectiva, sigue apareciendo relativamente cerca del horizonte y dentro de la zona luminosa del amanecer o del atardecer.

Los mejores momentos para observarlo se producen alrededor de la llamada máxima elongación. Si Mercurio está en máxima elongación oriental, aparece como un objeto vespertino: se busca hacia el oeste, poco después de la puesta de Sol. Si está en máxima elongación occidental, se observa como un objeto matutino: se busca hacia el este, poco antes del amanecer.

La trampa del horizonte

Incluso cuando Mercurio alcanza una buena elongación, no se garantiza verlo. Es debido a que no es suficiente con que esté separado del Sol: también importa la altura que alcanza sobre el horizonte. Si se encuentra muy bajo, puede quedar oculto por montañas, edificios, árboles, humedad atmosférica o contaminación lumínica.

Este detalle es importante porque muchas personas buscan Mercurio como buscarían Venus o Júpiter: mirando al cielo general. Pero Mercurio exige una estrategia distinta. Hay que mirar muy bajo, hacia la zona exacta por donde acaba de ponerse el Sol o por donde está a punto de salir. Esto implica que cualquier pequeño obstáculo en el horizonte puede fastidiar la observación.

Mercurio tiene además una dificultad añadida: se observa cerca del Sol, y eso exige prudencia. Para una observación a simple vista, lo recomendable es esperar a que el Sol salga si se observa al amanecer. Intentar encontrarlo con prismáticos o telescopio cuando el Sol está cerca puede ser peligroso si no se toman ciertas medidas de seguridad, ya que puede causar daños graves e irreversibles a la vista.

Por eso, para el público general, la mejor recomendación es sencilla: buscarlo a simple vista cuando el Sol ya no esté visible, nunca barrer el cielo con prismáticos cerca del Sol y usar aplicaciones astronómicas solo como guía previa, no como excusa para mirar sin precaución hacia una zona peligrosa.

¿Por qué unas apariciones son mejores que otras?

Mercurio no se deja ver igual en todas sus elongaciones. Hay apariciones muy favorables y otras prácticamente imposibles, incluso aunque técnicamente el planeta esté separado del Sol. La diferencia depende de la inclinación de la eclíptica respecto al horizonte, de la época del año, de la latitud del observador y de si la aparición es matutina o vespertina.

La eclíptica es la línea aparente por la que se mueven el Sol, la Luna y los planetas en el cielo. Cuando esa línea forma un ángulo pronunciado con el horizonte al amanecer o al atardecer, Mercurio puede ganar altura rápidamente y resultar más fácil de ver. Sin embargo, si la eclíptica queda muy tendida respecto al horizonte, el planeta puede estar separado del Sol en teoría, pero seguir demasiado bajo como para poder observarlo bien.