ARTE EN LA CIUDAD

El rescatador de los letreros que te hicieron feliz: "El dibujo de unas bravas en un bar es nuestra esencia”

Alberto Gutiérres, el hombre tras la cuenta Retreros.
Alberto Gutiérrez, el hombre tras la cuenta Retreros.. Alberto Gutiérrez
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MadridBar Piscis, Gimnasio Santos, Alimentación Hortensia… El Instagram de Retreros es un desfile incesante por los pequeños comercios de ciudades de toda España. Más de 31.000 seguidores ha cosechado una cuenta que se fija en lo que muchas veces ha pasado desapercibido: esos carteles y rótulos de los años 80, muchos de ellos hechos a mano de forma ‘amateur’ que han servido de tarjeta de presentación a muchos comercios.

Alberto Gutiérrez, el diseñador que se esconde tras la cuenta, no solo inmortaliza para la posteridad los rótulos y tipografías que más le gustan. Miembro fundador de la Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico, también se encarga de rescatar de la destrucción los letreros de los negocios que cierran y que se enfrentan a un destino incierto.

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El desaparecido rótulo de la cafetería Mois, en Madrid.

¿De dónde surge este interés por los rótulos antiguos?

Empezó hace algunos años, cuando vivía en Sevilla. Fui dándome cuenta de que había elementos que formaban parte de mi memoria y que comenzaban a desaparecer. Me daba pena porque, de alguna manera era como borrar mi pasado y mi historia. Así que comencé a fotografiarlos para conservarlos de alguna manera. Me cree la cuenta en Instagram y me di cuenta de que muchas personas compartían mi misma inquietud porque me iban mandando fotos…

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Es un ejercicio de nostalgia compartida…

Creo que nos toca más a una determinada generación. Yo soy del 78 y el otro día me dio por pensar que si hicieran hoy en día uno de los programas de la tele míticos de nuestra infancia como es ‘Barrio Sésamo’ ya no habría ni kiosco ni horchatería, sino que aparecería un Airbnb y una cafetería de especialidad.

¿Qué les pasa a los rótulos modernos? ¿No resultan tan interesantes?

Una vez que entra el ordenador en el día a día todo cambia. Ahora podemos hacer prácticamente cualquier cosa e imprimirlo en un vinilo. Esa democratización del trabajo gráfico, unido a la llegada de la IA, pues hace que haya un poco de todo: hay logos muy cerrados y otros que son bastante feos. Además, el vinilo es un formato que tampoco está pensando para durar mucho.

Uno de los rótulos firmado por Tony Encinas.

La gentrificación, ¿ha acelerado el proceso de destrucción de estos rótulos?

Cuando yo llegué a Madrid me parecía el paraíso del patrimonio gráfico… una ciudad tan grande, con tantos comercios… Pero es verdad que se cierran muchos muy rápidamente. La crisis del 2008 se llevó muchos por delante y el Covid les puso la puntilla a otros tantos. 

Rescatáis y almacenáis muchos rótulos de locales que cierran, ¿cómo os organizáis?

Paseo mucho y siempre me voy fijando. Es un trabajo de vigilancia activa. Si vemos que hay un local con un rótulo interesante que está cerrado lo fichamos y cuando empiezan las obras nos movilizamos y tratamos de contactar con el dueño o el jefe de obra… Les explico lo que hacemos y organizamos el rescate. 

No siempre será posible…

A veces, lamentablemente es muy complicado. Ahora, por ejemplo, estoy digitalizando toda la gráfica que había en Madrid de un rotulista llamado Tony Encinas y que hacía letras que llevaban una especie de ‘cuernitos’. Hubo una época en la que había muchísimos bares de Madrid que tenían sus letras en los vidrios aunque, lamentablemente, cada vez van quedado menos. Para mí es la tipografía por excelencia de Madrid. Mi idea es hacer un archivo de modo que si alguien abre un negocio en el futuro y quiere utilizar la tipografía de Encinas pueda digitalizarlo a partir de lo que yo estoy haciendo. Pero ves esos vidrios con patatas bravas y bocadillos de calamares pintados que se pierden y piensas… pero si esto es nuestra esencia. Cada ciudad, cada país, tiene la suya y no puede ser que desaparezca.

¿Cuál es, en términos tipográficos, tu mayor debilidad?

Me suelen gustar los diseños ochenteros, por ejemplo con la tipografía Jackson de Mecanorma, que es la misma que uso yo en el avatar de mi cuenta de Instagram. También me gustan mucho las combinaciones de colores en los carteles con letras rojas o azules sobre fondo blanco. Y me gusta mucho el plástico como material, imagino que tiene que ver con haber vivido los 80…

¿Hemos valorado muy poco lo nuestro en detrimento de lo de fuera?

Creo que sí. Nos ha pasado con las cafeterías de especialidad que están hasta en la sopa, cuando hay locales de toda la vida como el Astral, en Carabanchel, que tienen un café cojonudo. Y encima es un sitio con carácter, no como esos locales modernos en los que te cobran cinco euros por tomarte el café en un vaso de cartón en un sitio que parece un sótano con las paredes de cemento vivo… Se nos ha ido el postureo de las manos…

¿No hay nadie que, al cerrar un local, abra algo nuevo pero respetando lo que ya había?

Hay casos. Pocos pero alguno hay. En la calle Ruda de Madrid había un bar de toda la vida en La Latina, el Marathon, con sus tipografías de Tony Encinas pintadas en la puerta. Pues bien, cuando cerró, los chicos que abrieron decidieron no perder ese patrimonio y pusieron el vidrio en un lugar visible en el interior del local. También conservaron la barra y el suelo de manchitas tan característico de muchos bares del centro de Madrid.

Al final es una cuestión de respeto por lo que había antes, imagino.

O una optimización de los recursos. Hay muchos bares en los que la estética sobrevive porque las personas que cogen el negocio no tienen dinero para hacer ninguna reforma. Y eso a veces es una bendición.