Aina Vega, experta en ópera, sobre el impacto de la música en las emociones: "Tiene la capacidad de cambiar la perspectiva"
Aina Vega i Rofes, especializada en música y ópera contemporáneas, ha escrito un libro que es un viaje a través de las emociones que podemos experimentar al escuchar música
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Numerosos estudios han demostrado el poder que puede tener la música en nuestras emociones, tanto para conmovernos como para inyectarnos alegría. Seguro que tienes en mente alguna canción que al escucharla te lleva a un momento concreto de tu vida, que incluso puede hacerte llorar o mover el cuerpo sin parar. Ese fue el punto de partida de uno de los grandes y novedosos trabajos que ha realizado recientemente la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Complutense de Ciencias Musicales, que el año pasado, recuperaron y digitalizaron la mayor colección hasta nuestros días con 3.000 partituras, 90% de ellas inéditas, clasificadas según la expresión musical de las emociones que serán accesibles digitalmente desde cualquier parte del mundo. A modo de ‘fábrica de arias’, los más de 30 investigadores participantes en el proyecto analizaron 200 óperas con música de 300 compositores basadas en los 26 libretos del poeta más famoso del siglo XVIII, Pietro Metastasio.
Los hallazgos de la investigación sobre las emociones y la música, y el hecho de que más del 90% de las partituras sean completamente desconocidas, convierten a éste en uno de los proyectos musicológicos más importantes de la década. "La convicción de que "el fin de la música es mover los afectos humanos" (Descartes, Compendium musicae) ha sido un tema central en el pensamiento musical europeo desde Platón y Aristóteles. La ópera se inventó para recuperar el poder de la música para mover el corazón humano, y su historia es una exploración permanente de la capacidad de la acción, las palabras y la música para transmitir emociones. De ahí su éxito como entretenimiento espectacular que, además, ha servido desde el siglo XVII como escuela de sentimientos: generaciones enteras aprendieron a amar, odiar, alegrarse y entristecerse cantando como cantaban sus héroes operísticos", subrayan desde la Universidad Complutense mediante un comunicado.
Este proyecto que reúne música, ópera y emociones coincide en algunos aspectos con el trabajo realizado por la especialista musical, Aina Vega i Rofes que acaba de publicar 'Música para el alma' (Libros del Kultrum), un viaje musical a través del tiempo y de las emociones expresadas en la música clásica por grandes compositores. Aina, que es doctora en Filosofía de la Música y licenciada en Humanidades (UPF), ha reunido clásicos de ayer y de hoy al compás de las cuatro estaciones del año. En cada estación encontramos emociones y, cada una de ellas, va asociada a una canción en concreto.
"Este libro surge de forma muy orgánica y natural, por síntesis de lo aprendido a lo largo de los años, por el amor que siento por la música y por mi necesidad de comprenderme a mí misma a través de mis emociones. La música está presente en mi vida desde que nací. En casa escuchábamos mucha música y mi bisabuelo era director de una orquesta. He estudiado música desde pequeña y entender este lenguaje me ha dado una perspectiva sobre las cosas muy abierta y a la vez estructurada. La música es ‘logos’ y es ‘caos’, y se rige por unas normas que nos ayudan a amueblar la mente", explica la autora a 'Informativos Telecinco'.
Se trata, por tanto, de 52 emociones, 13 para cada estación del año. "Es muy difícil describir a grandes rasgos todas las emociones, pero podemos afirmar que todas son positivas y que todas deberían ser saboreadas, para poder apreciar mejor estados de ánimo como la alegría o la felicidad. No hay ningún tratado de filosofía que catalogue claramente las emociones, por eso he hecho mi propia selección. Aún así, como queda reflejado en el libro, me he basado en las teorías de filósofos como Aristóteles, el estoicismo, Descartes, Spinoza, Schopenhauer, Rousseau, Freud o Watson", añade.
La experiencia literaria se completa gracias al QR que aparece al inicio de cada capítulo, que, dice, se recomienda escuchar durante la lectura para que la experiencia sea aún más completa. "He escogido las distintas emociones guiada por la intuición, en gran medida, respecto a aspectos sensoriales relacionados con la naturaleza y los fenómenos meteorológicos, como la melancolía para el otoño, que nos evoca a esta tarde lluviosa que miramos por la ventana el gran espectáculo acurrucados y ensimismados, o la soledad de las hojas en la calle en pleno invierno, el amor que resurge en primavera o la plenitud de espíritu a la que nos transporta el verano, con el sol radiante y dispuestos a disfrutar del mundo a nuestros pies".
"Es muy difícil describir a grandes rasgos todas las emociones, pero podemos afirmar que todas son positivas y que todas deberían ser saboreadas"
Las cuatro estaciones y todas sus emociones
La primera de todas las estaciones que vemos en su libro es el otoño que relaciona con emociones como la serenidad, la melancolía, la envidia, la preocupación, los celos, la humildad o el perdón, mientras que el invierno está asociado a la culpa, a la fatiga, a la tristeza, a la desesperación o al odio. "Al odio lo he asociado varios momentos del Oro del Rin, de Wagner. El odio me hace pensar en Alberich, el rey de los Nibelungos, que es el que forja el anillo y será el antagonista a todos los poderes positivos de la historia. El causante de todas las peripecias que culminan en el apocalipsis final de la Tetralogía, una de las obras de arte más prodigiosas y monumentales que habrán existido nunca", subraya Aina.
La tristeza, una de las emociones que mejor podemos reconocer a través de la música, suena en este caso al violonchelo del concierto en mi menor de Elgar. "Es una música tremendamente evocadora que nos permite saborear la tristeza desde la serenidad. Yo misma la usé para el funeral de mi abuelo, y es un muy bonito adiós. Por el contrario, la alegría se podría ilustrar de muchas formas, y es una emoción que considero sobrevalorada, porque si la mantenemos demasiado tiempo, puede rozar la frivolidad. Pienso en una obra magnífica de Sofia Gubaidúlina que se llama Rejoyce, en la que el cello y el violín ascienden a Dios con júbilo y regocijo".
"El amor romántico es el que nos hace actuar de forma más irracional y visceral"
Por otra parte, la primavera evoca emociones profundas como la ambición, el deseo, la pasión, la ira, la alegría, la ternura, y el amor en todas sus facetas posibles -de hecho es la emoción a la que le dedica mayor espacio-. Así lo explica ella misma: "el amor es la emoción universal, la que, al fin, nos ha permitido existir y la que nos impulsa a continuar existiendo. Es un sentimiento tan sumamente diáfano como complejo. Por este motivo podemos distinguir varios tipos, y yo solo recojo algunos. El amor que recibimos de los padres nos configura al nacer, y nos guiará toda la vida; el amor romántico es el que nos hace actuar de forma más irracional y visceral y, quizás, el que nos hace más felices, al lado del amor que sentimos por los hijos, que es incondicional y nos conduciría a hacer cualquier cosa para protegerles -y el que nos hará saborear la plenitud; y el amor fraternal es, quizás, el más puro, es empatía, generosidad y compasión". Por último, el verano va asociado a emociones explosiva como la admiración, el odio, el gozo, la empatía, la plenitud, la amistad o la alegría.
¿A qué suenan, entonces, emociones tan intrínsecas al ser humano como la culpa, la soledad o la envidia para ella? No hay dudas. Por su lado, la envidia la escucha en Ariodante, de Händel, donde el protagonista está enamorado de Ginevra, pero pronto se entromete Polinesso. Esta obra se basa en el Orlando furioso de Ariosto, una de las obras fundamentales del barroco literario italiano. "Y la culpa fue una de las primeras músicas que tuve claras. He estudiado Wagner en varios momentos de mi vida y, especialmente, Parsifal. En el momento en el que Kundry le da el beso, él exclama: “Die Wunde!” (¡la herida!). Es la herida de Anfortas, el rey del Grial, y Parsifal siente en sí este dolor, de la misma forma que tendrá que expiar la culpa que le ha llevado a él. El beso de Kundry es el desvelamiento del misterio del Grial".
Finalmente, la soledad también se le manifestó de forma bastante evidente, no solamente por el título del aria, “Sola, perduta, abbandonata”, sino por lo que siente la protagonista de Manon Lescaut. "El verismo es un género operístico en el que los sentimientos se muestran, no solo se insinúan o se narran".