Carmen Rodríguez, autora de ‘En tierra de nadie, el mar que llega’, habla de las protagonistas de sus relatos: “No hay mujeres locas"

La escritora argentina Sara Rosenberg prologa el libro en el que 30 mujeres son protagonistas de 30 relatos
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Las mujeres del libro de la escritora Carmen Rodríguez Martínez son las que aparecen todos los días en las noticias cuando sus parejas las lanzan al vacío o las matan. Son las mismas que gritan desde las páginas de los relatos que conforman ‘En tierra de nadie y el mar que llega’ (Editorial ExLibric, 2026 ). No son histéricas, ni locas, “como históricamente se califica cualquier comportamiento femenino fuera de las normas”, aclara esta mujer que ha puesto voz a las 30 protagonistas "que viven en esa tierra sin identificar, la de ‘nadie’".
Estos treinta cuentos también son una apuesta personal de la autora consigo misma; una promesa que se hizo cuando era una niña y veía lo que pasaba a su alrededor con las mujeres más queridas de su familia: su madre, sus tías, sus primas, sus amigas, que ya nacían con el estigma de un pesado destino. Así que este libro, explica, “va por todas ellas, por todas las mujeres que han sido maltratadas, humilladas, abusadas o subvaloradas en la sociedad, pero también en sus casas y en sus trabajos”.
Por eso Carmen Rodríguez ha decidido donar todos los derechos de venta a la Fundación Ana Bella, para ayudar a la entidad que trabaja desde hace años en el empoderamiento de mujeres que han sufrido violencia de género.
La escritora argentina Sara Rosenberg, que prologa su libro, habla de las mujeres que “circulan” por estos cuentos como las antípodas del canon víctima, en el que algunos insisten en ubicar a algunas mujeres… pero... ¿Cómo son en realidad las mujeres de sus cuentos?
“En mis cuentos no hay mujeres locas, hay mujeres que no están en este plano de la realidad pero, ¿qué es la cordura?, se pregunta la escritora manchega que ha escogido El Matadero de Madrid para esta entrevista con 'Informativos Telecinco' con cierta insistencia. “Quiero invocar el concepto de lo normativo, cuestionando lo normativo. ¿Cómo tenemos expresarnos para decir basta? Cómo podemos expresarnos para decir ‘esto que está ocurriendo es injusto, para poder decir ‘repárame en aquello que me has dañado’. "La locura, a veces, es un espacio para decir basta", se pregunta y responde a sí misma.
El título del libro: la 'tierra de nadie' de las mujeres y sus heridas
El título del libro, que sale una y otra vez en la conversación con esta escritora que nació en Puebla del Príncipe, un pequeño pueblo que serpentea entre los confines de La Mancha y Andalucía, sirve de escenario a algunas de sus historias: "En 'tierra de nadie' es la tierra de las mujeres, de sus heridas, la tierra que reconocemos nosotras y al mismo tiempo la tierra de nadie, el mundo callado y silenciado que hemos ocupado nosotras, las mujeres como madres, como pareja, como cuidadoras mujeres que servimos de forma utilitaria en el sistema, esa tierra sin fronteras y sin identificar".
Este, sin duda, es un libro sin complacencias, pero a ese desgarro que se nota en el relato ‘Tarta de fresas con natas’ se unen las risas de ‘La Cita’, la ternura de ‘La vendedora de Termomix’, o la violencia en un mundo rural que reflejan la ‘Desbandada y los erizos blancos o ‘La recolectora de patatas’. Todos contados desde las voces polifónicas del mundo que habitan, porque estos relatos son como “una ola dibujando la soledad y el miedo; la sordidez, la venganza y el desamor”, como se lee en el prólogo. Esta marejada de emociones, sin embargo, no siempre se ve a simple vista, sino que parece camuflado en un ramo de flores, en un gesto imperceptible, en una puerta que se cierra o unas manos que se mueven mecánicamente en una fábrica.
Al preguntarle por el tipo de lectores de sus historias, la escritora afirma, rotunda, que se trata de "un lector que busca emociones”. La emoción que interpela y le hace reaccionar de manera perturbadora; y esta emoción te saca del sitio, te quita las capas y te enseña la cruda realidad, aquello que no queremos ver: "Y ahí se encuentra la belleza, como la de estas paredes”, dice Carmen Rodríguez Martínez y señala los muros destartalados de una de las naves de El Matadero, un centro cultural en Madrid, donde durante décadas se sacrificaron animales para consumo humano.
“Aquí las paredes te están hablando, cada una de ellas, estos techos descascarados y los ganchos, cuentan de lo que fue aquel sufrimiento”. Así, de repente, descubrimos por qué esta mujer ha elegido este lugar para hablar de su libro, porque El Matadero, me dice, como quién confía un secreto, “es esa gran metáfora de las voces silenciadas”.
