En qué consiste el Protocolo de Kioto

  • El Protocolo de Kioto marcó un verdadero hito en la lucha contra el cambio climático, aunque su efecto real no se ha dejado notar: conoce en qué consiste

Reconocer la existencia del cambio climático fue uno de los grandes logros de la ONU en 1992 y, desde entonces, aunque con poco éxito real, las distintas Convenciones de esta organización han tenido como objetivo la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Uno de los hitos en esta batalla fue la firma del Protocolo de Kioto pocos años después, en 1997. ¿En qué consiste el Protocolo de Kioto? ¿Cuáles fueron las metas marcadas y hasta qué punto se han cumplido?

Protocolo de Kioto: un instrumento para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero

Tal y como recuerda la ONU, la Convención celebrada en Kioto en 1997 sirvió como marco para la firma del famoso Protocolo de Kioto por parte de 150 países. Se trata de un acuerdo vinculante por el que los Estados se comprometieron a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al menos en un 5 por ciento respecto a 1990 entre 2008 y 2012. Además, aunque fue aprobado en 1997, debido a su complejo proceso de ratificación, entró en vigor el 16 de febrero de 2005. Actualmente hay 192 Partes en el Protocolo de Kyoto.

En concreto, el Protocolo pone en funcionamiento la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, comprometiendo a los países industrializados a limitar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de conformidad con las metas individuales acordadas. La propia Convención solo pide a esos países que adopten políticas y medidas de mitigación y que informen periódicamente.

Además, este texto solo vincula a los países desarrollados y les impone una carga mayor, en virtud del principio de "responsabilidad común pero diferenciada y capacidades respectivas”. Así, el Protocolo reconoce que los países desarrollados son los principales responsables de los actuales altos niveles de emisiones de GEI en la atmósfera.

Más concretamente, en su Anexo B, el Protocolo de Kyoto establece objetivos vinculantes de reducción de las emisiones para 36 países industrializados y la Unión Europea. En conjunto, esos objetivos suponen una reducción media de las emisiones del 5 por ciento en comparación con los niveles de 1990 en el quinquenio 2008-2012 (el primer período de compromiso).

Tras esa primera etapa, en 2012 se aprobó en Doha (Qatar) la Enmienda de Dohaal Protocolo de Kyoto para un segundo período de compromiso, que comenzaría en 2013 y duraría hasta 2020. Sin embargo, la Enmienda de Doha aún no ha entrado en vigor, ya que se necesitan un total de 144 instrumentos de aceptación para la entrada en vigor de la enmienda.

La enmienda incluye:

  • Nuevas responsabilidades para las Partes del Anexo I del Protocolo de Kyoto que acordaron asumir compromisos en un segundo período, del 1 de enero de 2013 al 31 de diciembre de 2020.
  • Una lista revisada de los GEI sobre los que deberán informar las Partes en el segundo período de compromiso.
  • Enmiendas a varios artículos del Protocolo de Kyoto que se referían específicamente a cuestiones relativas al primer período de compromiso y que debían actualizarse para el segundo período.

Durante el segundo período de compromiso, las Partes se comprometieron a reducir las emisiones de GEI al menos un 18 por ciento con respecto a los niveles de 1990 en el período de ocho años comprendido entre 2013 y 2020.

Los mecanismos de Kyoto: el mercado de emisiones

Uno de los puntos que más llama la atención dentro del Protocolo de Kioto es la creación de un mercado de emisiones. Se trata de un mecanismo de mercado flexible basado en la idea de que no importa dónde se reduzcan las emisiones, siempre y cuando se eliminen de la atmósfera. Así, existe la posibilidad de comprar y vender derechos de emisión, así como un ’techo’ de emisión o límite máximo. Como beneficio paralelo, este mecanismo permite estimular las inversiones verdes en los países en desarrollo e incluir al sector privado en el esfuerzo por reducir y mantener las emisiones de GEI a un nivel seguro. También hace que el proceso de abandono de tecnología antigua y contaminante sea más económico.

Además, el Protocolo de Kyoto también estableció un "riguroso sistema de seguimiento, revisión y verificación, así como un sistema de cumplimiento para garantizar la transparencia y hacer que las Partes rindan cuentas". En virtud del Protocolo, las emisiones reales de los países deben ser supervisadas y se deben llevar registros precisos de los intercambios realizados.

Sin embargo, y pesar de tratarse de un acuerdo vinculante, la realidad es que pocos países han cumplido con este compromiso, especialmente en el caso de las economías emergentes, en cuyo caso las emisiones han ido en aumento. Según cifras de 2018, coincidentes con el 20 aniversario del Protocolo, las emisiones de gases de efecto invernadero acumuladas han aumentado más de un 50 por ciento, de 22 a 36 miles de millones de toneladas de equivalentes de CO2.