En Baleares siembran trigo autóctono con semillas del año 1929 y otro cereales centarios: “Se han mantenido generación tras generación”
El Institut de Recerca i Formació Agroalimentària i Pesquera de les Illes Balears (IRFAP) explica cómo se han recuperado trigos, avenas y cebadas a partir de semillas antiguas que tienen más de un siglo
Un agricultor consigue sembrar tomates de Soria con semillas del año 1916: "Quería recuperar la huerta de mis bisabuelos"
De los tomates centenarios que ha conseguido sembrar un agricultor en Soria a los cereales antiguos que en pleno 2026 continúan sembrándose en las Islas Baleares. Hasta el momento, una de las primeras fechas de las semillas que tienen registradas se remonta al año 1929, en una especie de cereal autóctono llamado ‘blat xeixa’, pero no es la única variedad con la que trabajan.
¿Cómo se decide qué semillas se recuperan? ¿Qué variedades continúan plantándose en 2026? ¿Se pueden comprar en comercios? En la web de 'Informativos Telecinco' hemos hablado con el Institut de Recerca i Formació Agroalimentària i Pesquera de las Illes Balears (IRFAP), organismo de investigación de la Conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural del Govern. Tal y cómo explican, la idea es “conservar y recuperar el mayor número posible de variedades tradicionales”.
Muchas de las variedades se guardan en un banco de germoplasma (conjunto de genes que se transmite a través de células reproductoras) y algunos vuelven poco a poco a los campos y a las panaderías.
El ‘blat xeixa’, la variedad más extendida
De todas las semillas antiguas (y que han conseguido sembrarse con éxito) destaca el 'blat xeixa', que sigue cultivándose con semillas originales que se remontan a 1929. No obstante, no es el único cereal que destacan.
“Algunas de las accesiones proceden del Blat Alemany Vell y el blat blanc de Son Macià (Mallorca), de 1934; o el ‘blat xeixa’ de Maó (Menorca), de 1935, entre otras”, añaden.
Otras variedades que también se conservan, de acuerdo con la entidad son el ‘blat mort’, el ‘blat barba’ y el ‘blat mollar’, aunque su cultivo es mucho más limitado y, en algunos casos, residual.
En Mallorca continúan además la civada mallorquina (avena) y el ordi mallorquí (cebada), destinados principalmente a la alimentación animal.
En cuanto a su venta, “poco a poco, algunas de estas variedades tradicionales están volviendo al mercado”. La harina de xeixa se comercializa en tiendas y panaderías de Mallorca, y con el mort, el mollar y el barba se elaboran panes diferenciados. No obstante, no todas las variedades recuperadas tienen fines comerciales: parte del material se mantiene para su conservación y estudio.
“Hasta el momento no hemos perdido ninguna variedad”
El banco de germoplasma con el que se conservan las semillas se nutre de tres fuentes: las búsquedas que se realizan en el campo, la colaboración con agricultores y asociaciones, y el intercambio de material con otros bancos. Cada muestra recolectada se denomina ‘accesión’, y una misma variedad puede tener varias de distintos orígenes.
De acuerdo con los datos que han compartido, el banco de semillas alberga “más de 500 accesiones de especies agrícolas”. Unas 150 son de cereales: alrededor de 90 de trigo, además de avena y cebada. De cada una se conservan unos 120 gramos, aproximadamente 2.500 semillas.
“Cuanta más diversidad conservemos hoy, mayores serán las posibilidades de encontrar variedades con características útiles para la agricultura del futuro, especialmente ante retos como el cambio climático”, explican.
Para que las semillas sigan siendo viables, hacen pruebas de germinación y, cuando es necesario, regeneran las accesiones con nuevas siembras. En cuanto a las pérdidas, reconocen que “a lo largo de estos años hemos perdido algunas accesiones, pero, hasta el momento, no hemos perdido ninguna variedad”.
De Mallorca a Formentera
Las variedades proceden de las cuatro islas. Las prospecciones se han centrado en el Pla de Mallorca, en municipios como Vilafranca de Bonany, Maria de la Salut y Manacor. En Menorca se han localizado en Maó, Sant Lluís y Ciutadella; en Ibiza, en Santa Agnès de Corona, Sant Antoni de Portmany y Sant Josep de sa Talaia; y en Formentera, en zonas como el Pilar de la Mola.
Su conservación ha sido posible “en gran medida, gracias a los agricultores y asociaciones que han mantenido sus propias semillas generación tras generación”, concluyen.