Cuando tres no son multitud: Elena, Cristina y Eloy nos cuentan cómo es ser una trieja sin tabúes

  • Elena, Cristina y Eloy tienen una relación a tres desde dos años y medio, deconstruyendo estereotipos sobre la exclusividad y la monogamia tóxica

  • La trieja ha compartido con Yasss los prejuicios a los que se enfrentan en su día a día: “Mis padres me dejaron de hablar durante meses”

  • ¿Es muy diferente una relación triádica de una relación de pareja? Los tres jóvenes explican que en su casa hay los mismos problemas que en cualquier otra

Trieja, triada, relación trilateral o familia trimembre son formas diferentes de etiquetar una misma realidad: la de las relaciones formadas por tres personas. Ese es el caso de Elena, Cristina y Eloy, tres jóvenes que residen juntos en Madrid y que desde hace dos años y medio se adentraron en una relación a tres.

El camino para ellos no fue fácil. Se enfrentaron a los prejuicios de la sociedad, sobre todo en el seno de sus familias. Muchos vaticinaron que la relación iba a fracasar, que era inviable mantener algo estable con tantas personas y que visibilizar su realidad les cerraría puertas. Sin embargo, después de casi tres años demostraron a todos que el amor y el respeto siempre ganan.

Una relación a tres en primera persona: la historia de Elena, Cristina y Eloy

Elena tiene 26 años y es natural de Badajoz, pero se mudó a Madrid para estudiar en la universidad. Allí conoció a Cristina, un año mayor que ella, y estudiante de comunicación audiovisual. Pronto comenzaron una relación de pareja con los altibajos propios de cualquier hogar. “Cuando tienes una relación tan larga es normal tener malas rachas”, explica Cristina. “Nosotras fuimos a terapia por separado y también estuvimos meses separadas, pero después la relación se fortaleció mucho”.

En ese punto en el que la relación iba mejor que nunca, conocieron a Eloy, gallego de origen y residente en Madrid por trabajo. “Nos descuadró muchísimo los esquemas”, confiesa Elena. “Ambas somos bisexuales y habíamos hablado alguna vez de tener una relación diferente, llámala abierta o poliamorosa, no lo teníamos claro, pero solo si en algún momento nos surgía esa necesidad. Pero hasta que conocimos a Eloy no nos había apetecido replantearnos cómo sería nuestra vida”.

“Nos gustábamos, estábamos cómodos y no queríamos ver a otras personas. Lo natural para nosotros era ser una relación triádica.”

“Nos conocimos por unos amigos en común”, recuerda Eloy. “Empezamos a quedar muchísimo y había una conexión brutal entre los tres. Yo recuerdo que me pillé muchísimo por las dos, pero como sabía que eran pareja no quise meterme en medio así que como que guardaba las distancias”. Aun así, con el tiempo la amistad fue volviéndose más íntima y llegó un punto en el que todos confesaron sus sentimientos.

“Igual el alcohol ayudó”, bromea Cristina. “Estábamos de fiesta y entre botellines de cerveza salió todo. Había mucha atracción tanto mental como física y pasó lo que pasó. Después a la mañana teníamos como mil mensajes de nuestros amigos flipando, diciendo que ojalá esa noche no estropease la amistad. Al final fue todo lo contrario. Seguimos viéndonos los tres y como que todo fluyó solo”.

Cuando los jóvenes llevaban ya tres meses viendo como su relación afectivo-sexual avanzaba, decidieron reflexionar sobre cómo querían que evolucionase la situación. “La gente se piensa que es difícil, pero fue muy muy muy sencillo”, enfatiza Elena. “Nos gustábamos, estábamos cómodos y no queríamos ver a otras personas. Lo natural para nosotros era ser una relación triádica. Lo hablamos de manera súper natural y todos estábamos de acuerdo. Lo jodido fue contarlo a la gente, y no porque nos diese vergüenza sino por cómo reaccionaron algunas personas”.

Los prejuicios de la sociedad

Mis padres me dejaron de hablar durante meses”, explica Cristina. “Después volvimos a llevarnos, pero ellos rechazan mi relación. No entienden que yo así soy feliz, y para mí no contar con su apoyo es muy duro. Por eso no he querido mandar fotos para la entrevista. Sé que si las viesen tocaría una discusión y mentalmente no quiero más movidas. Y lo peor de todo es que lo hacen por el qué dirán. Se avergüenzan de que nos pueda ver por la calle algún conocido de la familia, así que imagínate cómo se pusieron cuando les dije que iban a escribir un artículo sobre nosotros. Sólo piensan en el qué dirán, y a veces tengo ganas de cortar la relación, pero aguanto porque son mis padres y pienso que cambiarán”.

Pese a los roces con la familia de Cristina, la trieja vive su relación con bastante apoyo. “Obviamente te encuentras con gente que tiene dudas. Lo que más se repite es que si una relación de pareja ya es complicada, con tres personas ni se lo imaginan. Nosotros siempre respondemos que desde que somos tres estamos mejor. Discutimos menos y en momentos malos tenemos un sistema de apoyo mutuo que es increíble. Te sientes totalmente abrazada emocionalmente”, explica Elena.

“Luego están los que se piensan que somos amigos”, añade Eloy. “Y los que se piensan que es algo puramente sexual. O también los machitos que te sueltan comentarios tipo ‘buah, dos tías para ti, qué suerte’. Pero vamos, que con señoros así te topas independientemente de si en tu relación sois dos, tres o diez”.

El día a día en una relación triádica

Elena, Cristina y Eloy tienen claro que una relación a tres tiene las mismas desventajas que una pareja convencional. “Hay monotonía y a veces también discutimos. Cuesta un poco no sentirse atacado cuando sois dos contra uno, pero al final toca hacer autocrítica, ¿no? Si dos personas que te quieren te están diciendo algo, te pones a pensar que igual tienen razón”, reflexiona Eloy.

“Al margen de eso, pues yo que sé, hacemos lo que cualquiera. Dormimos los tres y en verano pasamos calor. Si alguno ronca pues a veces toca dormir en el sofá. Cocinamos y limpiamos todos, que al final se agradece. Y el alquiler del piso y los gatos pues al final también se paga entre tres personas. Lo que quiero decir es que es una vida muy normal, como la de cualquier otra relación”, comparte Elena.

“Nuestros límites, nuestras necesidades… Todo eso son cosas que hemos construido poco a poco, y eso importa más que la opinión de la sociedad o de la familia”

Sin embargo, no todo es color rosa. “En una relación triádica tienes que deconstruir todas esas ideas que te han metido desde pequeño sobre la exclusividad y la monogamia tradicional. No es fácil, porque implica sacar mucha mierda a relucir. A nosotras nos ayudó mucho haber hecho terapia antes de conocer a Eloy, porque si no igual habríamos acabado a palos”, confiesa Cristina.

Respecto a su futuro, no tienen planteado casarse ni tampoco tener hijos tal y como explica Elena. “Muchos nos han preguntado que qué haríamos si queremos un bebé. De momento ninguno tiene esa necesidad, pero si surge ya lo decidiremos de forma consensuada. Lo mismo con el matrimonio. Obviamente no será una boda en una iglesia porque ninguno somos creyentes. Supongo que sería algo menos convencional, pero también entra en juego la legalidad. En España el matrimonio trial no está permitido”.

“Al final lo que nos funciona es poner nuestras propias reglas”, añade Cristina. “Nosotros sabemos lo que tenemos en casa y cómo funcionamos mejor. Nuestros límites, nuestras necesidades… Todo eso son cosas que hemos construido poco a poco, y eso importa más que la opinión de la sociedad o de la familia”.