Qué es y cómo funciona un préstamo de alivio de deuda
Se trata de una herramienta para reorganizar, no para perdonar la deuda
Cómo priorizar el pago de deudas: tarjeta, préstamo personal, coche o hipoteca
A veces, las deudas se acumulan sin darnos cuenta. Una tarjeta de crédito por aquí, un préstamo personal por allá, una factura médica inesperada… Y cuando nos queremos dar cuenta, estamos pagando cinco cuotas diferentes con intereses distintos, fechas de vencimiento que se solapan y una sensación de ahogo cada vez que llega fin de mes. En ese contexto, algunos optan por pedir ayuda: no emocional, sino financiera. Ahí entra en juego el llamado préstamo de alivio de deuda.
Se trata de una fórmula cada vez más habitual en España y en otros países, aunque no siempre con ese nombre. A grandes rasgos, consiste en solicitar un préstamo personal cuyo único objetivo es cancelar deudas anteriores. En lugar de seguir arrastrando varias cuotas mensuales, lo que se hace es agruparlo todo en un solo pago. ¿La ventaja? Más orden, posiblemente un interés más bajo y la sensación —importante— de recuperar el control.
Una herramienta para reorganizar, no para perdonar
Pese al nombre, estos préstamos no “perdonan” la deuda. No es una condonación. Simplemente la reestructuran, facilitando su devolución. Este tipo de soluciones pueden suponer un alivio real para aquellos que están atrapados en el pago mínimo perpetuo de las tarjetas o en préstamos con intereses elevados.
Además, al reducir el número de acreedores, disminuye el riesgo de olvidar pagos o incurrir en penalizaciones. Por eso, se recomienda especialmente a quienes aún tienen capacidad de pago, pero sienten que la desorganización financiera es su mayor enemigo.
¿Cómo funciona?
El proceso es relativamente simple:
- Se suman todas las deudas que se quieren cancelar.
- Se solicita un nuevo préstamo personal por ese importe total.
- Se utiliza ese dinero para saldar las deudas previas.
- A partir de entonces, solo se paga una cuota mensual al nuevo prestamista.
El éxito de esta estrategia depende, por supuesto, de que el nuevo préstamo tenga condiciones mejores: menos interés, más plazo, cuotas más asumibles. En este sentido, comparar ofertas es crucial.
Este tipo de operaciones pueden ser muy útiles para “liberar carga mental” y poner en orden la economía doméstica, siempre y cuando no se utilice como excusa para seguir gastando por encima de nuestras posibilidades.
Eso sí, hay que tener en cuenta que no todo es inmediato ni sencillo. Para obtener un préstamo de alivio de deuda hay que cumplir ciertos requisitos: una situación laboral estable, cierta solvencia y, preferiblemente, un historial crediticio aceptable. Si el perfil financiero es débil, las condiciones ofrecidas pueden no ser tan ventajosas.
Y hay un punto clave: el préstamo de alivio de deuda no elimina el problema, solo lo reordena. Si no se acompaña de un cambio de hábitos financieros, es probable que en poco tiempo se vuelva a estar en la misma situación o peor.
Algunas entidades especializadas, como la NFCC estadounidense, advierten además que algunas empresas que ofrecen estos productos pueden aplicar comisiones ocultas o prácticas poco transparentes. Por eso es importante leer bien el contrato y buscar asesoría si es necesario.