La pegatina de descuento por proximidad de caducidad deja de ser una opción para convertirse en una obligación de los supermercados
Nuevas normas para supermercados y bares: se activa un protocolo diferente sobre el destino de los alimentos
Hay un gesto que cada vez más compradores hacen en el supermercado: detenerse frente a una bandeja con la pegatina de descuento por proximidad de caducidad, calcular que el producto sigue siendo perfectamente apto para el consumo, y echarlo al carro. No es una conducta nueva, pero desde el 3 de abril de 2026 tiene un nuevo motor detrás: la Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, que ha convertido en obligación lo que antes dependía de la voluntad comercial de cada cadena.
Lo que se ve en el lineal
El cambio más inmediato y tangible para el consumidor que entra a hacer la compra está en dos frentes. Los supermercados deberán crear espacios para productos "feos" y ofrecerlos a precios más bajos. Igualmente deberán tener una oferta de precios más bajos para productos de caducidad cercana.
Con la nueva ley, verás más productos con descuento en los supermercados, sobre todo los que están próximos a caducar o que presentan alguna ligera imperfección. Gracias a esta medida, puedes encontrar productos de buena calidad a un coste más bajo, lo que te permite llenar la despensa sin que tu bolsillo lo note tanto.
Hay un matiz importante, que los distribuidores sí están obligados a promover la venta de alimentos próximos a caducar, pero la ley no detalla cómo deben aplicarse los descuentos o promociones al respecto. Es decir, la obligación de rebajar existe, pero cada cadena tiene margen para implementarla a su modo.
Lo que ya hacían algunas cadenas
La norma llega a un mercado en el que parte de estas prácticas ya estaban parcialmente implantadas. Según datos de la OCU recopilados antes de la entrada en vigor de la ley, en Ahorramás, Alcampo, Aldi, Consum y Lidl era muy común encontrar productos con algún tipo de rebaja ligada a su próxima caducidad. En DIA, Carrefour, Eroski y Mercadona era frecuente encontrar este tipo de descuentos, pero no siempre.
Lo que ha cambiado es que esa desigualdad entre cadenas ya no puede mantenerse de forma indefinida. La ley obliga a todos los grandes establecimientos a adoptarlo, y el incumplimiento tiene consecuencias económicas.

La economía del desperdicio evitado
El efecto sobre el precio de la compra tiene un potencial considerable. Dos indicadores ayudan a calibrarlo. Por un lado, el mercado alternativo de excedentes lleva años creciendo a ritmo acelerado, como demuestra el hecho de que Too Good To Go registrase un incremento del 28% de packs salvados respecto al año pasado, con más de 7,3 millones de packs sorpresa salvados, equivalentes a haber evitado la emisión de más de 16.500 toneladas de CO2.
Por otro lado, el volumen de desperdicio en el canal de distribución ya venía reduciéndose antes de que la ley fuera plenamente exigible: el desperdicio alimentario fuera del hogar representó en 2024 unos 28 millones de kilos o litros, un 8,8% menos que en 2023. La ley aspira a acelerar esa tendencia.
Lo que cambia en cocina
Más allá del lineal, la norma obliga a los grandes establecimientos a repensar qué hacen con sus excedentes antes de tirarlos. Los agentes de la cadena alimentaria con una superficie superior a los 1.300 metros cuadrados deben establecer una 'jerarquía de prioridades' para sus desperdicios en la que primen la transformación de los productos no vendidos en otros destinados al consumo humano. Convertir el pan duro en pan rallado, utilizar la fruta madura para elaborar postres o emplear excedentes de carne para hacer caldos son algunos ejemplos.
En la hostelería, el ajuste ya se nota en las cocinas. Miguel Álvarez, cocinero del restaurante Zebú, explica que intentan ajustar al máximo las compras diarias, especialmente en alimentos perecederos como las verduras. En el restaurante Portolito, la cocinera Busi Argua señala que, para evitar el desperdicio, elaboran platos como croquetas o paella con los excedentes.

