Usar el aire acondicionado por la noche, un error que está disparando el consumo en muchos hogares
Dormir con el aire acondicionado encendido toda la noche no solo dispara la factura de la luz, sino que además no es la forma más eficiente de conseguir descansar fresco
Ni ventilador ni aire acondicionado: el truco casero que ayuda a enfriar la casa sin gastar apenas luz
Con las noches tropicales ya instaladas en gran parte de la Península, el reflejo es automático: encender el aire acondicionado al meterse en la cama y dejarlo en marcha hasta que suena el despertador. El problema no está en el aparato, sino en cómo se usa.
Pero antes de hablar de los errores, conviene saber cuánto dinero está en juego. El coste de dormir con el aire acondicionado depende de varios factores: la potencia del equipo, la temperatura a la que se pone, la tarifa contratada y cuántas horas permanece encendido.
Tomando como referencia un aire acondicionado moderno y relativamente eficiente, con un consumo medio de 0,4 kW, y aplicando un precio fijo del kWh de 0,15 euros, encenderlo durante ocho horas genera un consumo de 3,2 kWh y un coste de aproximadamente 0,48 euros por noche. Si se enciende todos los días del mes, eso supone unos 14,40 euros adicionales solo por las noches. Además, los equipos menos eficientes multiplican esa cifra.
El error de ponerlo a la misma temperatura
El primer y más costoso de los errores nocturnos es no ajustar la temperatura. Durante el día, muchos hogares ponen el aire a 23 o 24 grados. Por la noche, esa misma cifra es innecesaria y cara.
Por la noche podrías subir 1 o 2 grados. Tenerlo a 25 o 26 grados suele ser más que suficiente. No necesitas dormir pasando fr ío, ya que eso sería negativo para la salud, además de para tu bolsillo. Cada grado por debajo del rango recomendado eleva el consumo entre un 7% y un 10%, según datos oficiales del IDAE. Un equipo configurado a 18°C puede llegar a consumir el doble de electricidad que uno configurado a 25°C durante las mismas horas de uso.
El cuerpo humano durante el sueño no necesita el mismo frío que durante la vigilia: la temperatura corporal baja de forma natural al dormir, y un ambiente entre 25 y 26 grados es perfectamente confortable para la mayoría de personas.
Cuando no se usa el modo noche
La mayoría de los aparatos modernos incluyen un modo noche o modo eco que muy pocos usuarios activan. Este modo supone un menor consumo, ya que funciona a menor potencia. También permite que el propio aire suba la temperatura durante la noche, cuando no necesitas que esté tan frío el ambiente, además de hacer menos ruido.
Este modo, cuando te acuestas y la habitación está caliente, hace que el equipo trabaje a plena potencia para alcanzar la temperatura deseada. Una vez conseguida, en lugar de mantenerla fija el resto de la noche, el modo noche sube el termostato gradualmente uno o dos grados según avanza la madrugada. El resultado es que el equipo trabaja mucho menos durante las horas de sueño más profundo, ahorrando consumo sin que la persona lo note.
Si se enciende cuando la noche ya refresca
No todas las noches de verano requieren aire acondicionado. En muchas zonas de España, especialmente en el norte, las temperaturas bajan de forma significativa a partir de las 22 o 23 horas. Encender el aparato en esas noches es pagar por un servicio que el aire de la calle puede ofrecer gratuitamente.
La noche es más fresca que el día, así que no enciendas el aire acondicionado en la madrugada para así ahorrar horas de consumo. La alternativa es la ventilación cruzada: abrir ventanas enfrentadas en lados opuestos de la casa desde que cae el sol para renovar el aire interior. Si el exterior está más fresco que el interior, ese flujo de aire puede reducir la temperatura de la habitación varios grados en menos de media hora.
El coste para la salud
Además del gasto económico, hay un argumento de salud. Dormir con el aire acondicionado encendido puede resecar las mucosas nasales y provocar dolores de cabeza debido a los cambios de temperatura. El flujo continuo de aire frío durante horas puede afectar a las vías respiratorias, especialmente en personas con tendencia a las alergias o con las defensas más bajas. En verano, cuando el cuerpo ya está sometido a cambios térmicos constantes entre el exterior y los espacios climatizados, acumular ocho horas adicionales de exposición nocturna puede pasar factura.
La solución no es pasar calor. Es usar el aparato con más inteligencia: temperatura adecuada, modo noche activado, temporizador programado y ventanas abiertas cuando el exterior lo permite. Cuatro cambios que no cuestan nada y que pueden recortar el sobrecoste nocturno del verano a la mitad.