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Ni ventilador ni aire acondicionado: el truco casero que ayuda a enfriar la casa sin gastar apenas luz

Bajar las persianas para reducir el calor. Getty Images
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Con las temperaturas disparadas en plena ola de calor, muchos buscan soluciones rápidas para refrescar sus hogares. No todos cuentan con aire acondicionado, y los ventiladores a veces se quedan cortos. Pero hay un método que no requiere instalaciones ni dispositivos costosos porque aprovecha elementos que todos tenemos en casa. Es la combinación de gestión estratégica de ventanas, paños húmedos y agua fría. Y funciona porque aplica un principio físico tan antiguo como el clima mediterráneo: la refrigeración por evaporación.

La persiana como escudo térmico

El primer error que comete la mayoría de la gente cuando llega el calor es abrir las ventanas durante el día esperando que entre frescor. En la mayor parte del territorio español, entre junio y septiembre, el aire exterior está más caliente que el interior de la vivienda durante las horas centrales del día. Abrir en esas condiciones es, literalmente, invitar al calor a entrar.

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El truco es mantener las persianas bajadas, las cortinas corridas y las ventanas cerradas entre las 10 y las 20 horas. Hay que bajar las persianas en las horas de más insolación y aislar bien las ventanas y puertas. Ese simple gesto convierte el interior de la vivienda en una especie de nevera pasiva: lo que estaba fresco por la mañana tarda mucho más en calentarse si no se le da entrada al calor exterior.

La segunda parte del truco es nocturna. Una vez que el termómetro exterior baja por debajo de la temperatura interior, lo que en la mayor parte de España ocurre a partir de las 21 o 22 horas, conviene abrir ventanas en lados opuestos de la casa para crear ventilación cruzada y renovar el aire interior. Este sistema de ventilación cruzada puede reducir notablemente la sensación de calor sin necesidad de recurrir a sistemas de refrigeración más costosos. La casa acumula ese aire fresco, las ventanas se cierran de madrugada, y el ciclo se repite al día siguiente.

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El aire acondicionado de los pobres

El segundo truco es el que más sorprende a quienes no lo han probado. Otra variante consiste en mojar una sábana con agua fría y colocarla frente a la corriente que entra por una ventana, logrando un efecto similar al del aire acondicionado.

La física detrás de este método es la misma que usa cualquier equipo de aire evaporativo. Cuando el agua se evapora, absorbe calor del aire que la rodea. Eso significa que el aire que pasa a través de la tela húmeda llega al interior de la habitación varios grados más frío de lo que entró. El mismo principio que usa un climatizador de agua, pero sin compresor, sin electricidad y sin factura.

El arquitecto Leonardo Rogel explica esta misma técnica con una toalla colocada detrás del ventilador: "El agua al evaporarse enfriará el aire alrededor de la toalla." Sin ventilador, el principio es idéntico: el aire natural que entra por la ventana hace el trabajo del motor. Si hay algo de brisa o se genera corriente cruzada entre dos ventanas, el efecto se amplifica.

La sábana o toalla debe estar húmeda pero no empapada: si escurre, el suelo se moja y el efecto es menor porque el agua cae antes de evaporarse. La clave es que el tejido esté uniformemente impregnado y expuesto a la corriente de aire. Se puede renovar la humedad cada dos o tres horas según la temperatura.

El frío que sube del suelo

El tercero de los trucos es el más inesperado y el más tradicional. Fregar el suelo con agua fría a determinadas horas del día, sobre todo por la tarde, puede crear una sensación de frescor duradera sin necesidad de usar energía. Este truco funciona especialmente bien en casas con suelo de baldosas o cerámica, que son típicas en el sur y el levante español: el material absorbe el frío del agua y lo libera lentamente durante las horas siguientes.

La técnica es sencilla: fregar con agua fría o temperatura ambiente cuando la habitación está cerrada y el calor empieza a acumularse. El agua tardará más o menos en evaporarse según la temperatura y la ventilación del espacio, pero durante ese proceso de evaporación, la temperatura del aire próximo al suelo bajará de forma perceptible. Y el frío, al ser más denso que el calor, permanecerá más tiempo en las zonas bajas de la habitación.

Por qué funciona todo esto junto

La clave no está en ninguno de estos trucos por separado, sino en la combinación. El ciclo completo es: persianas cerradas durante el día para mantener el interior fresco, sábana húmeda en la ventana cuando entra algo de brisa para enfriar el aire que penetra, suelo fregado a media tarde para bajar la temperatura del interior, apertura total de ventanas enfrentadas a partir de las 21 horas para renovar el aire, persianas cerradas de madrugada para conservar el frescor acumulado.

Este truco no solo reduce la temperatura rápidamente, sino que también ahorra energía y dinero. Mientras un aire acondicionado puede consumir varios kWh por hora, este método casero no genera un gasto adicional en la factura de la electricidad. Una alternativa perfecta para espacios donde no se puede instalar aire acondicionado, como viviendas en alquiler o habitaciones pequeñas. Y también para quien simplemente prefiere no encender un aparato cuando el cuerpo humano y la física del agua pueden hacer el mismo trabajo.