Se recomienda revisar la potencia máxima demandada durante varios meses distintos, incluyendo verano e invierno
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Existe una parte de la factura eléctrica que no depende de que uno haya encendido más o menos luces, y que se paga incluso si se ha estado de vacaciones, con la casa vacía o el cuadro general bajado. Es el término fijo de potencia contratada, la cifra en kilovatios que uno pactó con su compañía eléctrica probablemente hace años y que rara vez se ha atrevido a revisar.
Se estima que seis de cada diez hogares españoles tienen contratada una potencia superior a la que realmente necesitan. Esto, elevado al conjunto del país supone cerca de 445 millones de euros al año de más por una potencia sin usar. En el hogares, este sobrecoste puede oscilar entre 50 y 160 euros anuales, según las estimaciones de los expertos.
Qué es exactamente la potencia contratada
La confusión más frecuente es asimilarla al consumo. El consumo depende directamente de cuántos aparatos se enciendan y durante cuánto tiempo. La potencia contratada, en cambio, marca el techo instantáneo. Es decir, la cantidad máxima de electricidad que puede circular simultáneamente por el circuito de la vivienda antes de que salte el interruptor de control de potencia y se corte la luz. La potencia media en España se sitúa en 4,1 kW y la mayoría de hogares tienen entre 3,45 y 4,6 kW contratados. Se paga como un coste fijo prorrateado por cada día del periodo de facturación, esté uno o no en casa.
Cuánta potencia se necesita realmente
Aquí es donde interviene el factor de simultaneidad, el coeficiente técnico que la mayoría de instaladores utilizan para dimensionar la potencia real necesaria a partir de la suma teórica de todos los aparatos del hogar. Ese coeficiente se sitúa habitualmente entre el 25 y el 35% del total instalado en la vivienda, funcionando simultáneamente en un momento dado.
Sumando esa fracción a un margen de seguridad de aproximadamente 1 kW, se obtiene la potencia óptima. Traducido a horquillas concretas: para un piso pequeño con una o dos personas basta con 3,45 kW; para uno medio de tres personas, entre 3,45 y 4,6 kW; para una casa o familia grande, entre 4,6 y 5,75 kW; y solo para viviendas con coche eléctrico, aerotermia o calefacción eléctrica intensiva se justifican valores de 5,75-6,9 kW o superiores.

El truco que resuelve la duda
La forma más rápida de averiguar si uno paga de más consiste en buscar en la factura un dato que rara vez se examina: la potencia máxima demandada. Este indicador refleja el máximo real que la vivienda ha usado a la vez durante el periodo facturado. Si uno tiene contratados 5,75 kW y en el último año nunca ha superado los 3,2 kW de demanda, tiene un margen enorme para bajar la contratación.
Los contadores digitales que las distribuidoras han instalado en la práctica totalidad de los hogares españoles permiten consultar además la curva histórica diaria de demanda a través de sus áreas de cliente, con lo que el análisis es sencillo y no exige recurrir a un técnico.
Cuánto se ahorra y cuánto cuesta cambiarla
El precio del término de potencia oscila entre 30 y 50 euros al año por cada kilovatio contratado. La operación matemática es directa: pasar de 6,9 kW a 4,6 kW puede superar los 100 euros de ahorro anual sin ninguna intervención sobre el consumo. El trámite, además, es sorprendentemente barato: bajar la potencia cuesta 9,04 euros en concepto de derechos de enganche. Subirla resulta más caro, ya que incluye derechos de acceso de 19,70 euros por kilovatio y derechos de extensión de 17,37 euros por kilovatio, además del propio enganche, y ambas operaciones solo pueden realizarse una vez cada doce meses. Esta última restricción explica por qué conviene ajustarse con cierto margen de seguridad y no forzar el mínimo absoluto.
La prudencia recomienda revisar la potencia máxima demandada durante varios meses distintos, incluyendo verano e invierno, cuando el aire acondicionado o la calefacción eléctrica disparan la demanda simultánea, dejar un margen de aproximadamente un kilovatio de seguridad y, sobre todo, considerar futuras incorporaciones domésticas relevantes (un coche eléctrico, una bomba de calor, un horno de mayor potencia). Ajustada con criterio, la potencia contratada es probablemente el ahorro doméstico más rentable que existe, ya que no exige cambiar de hábitos, renunciar a ningún aparato o invertir un solo euro de más.

