¿Por qué es mejor pagar en efectivo y no con tarjeta para hacer frente a la cuesta de septiembre?
La Asociación Española de Consumidores ha compartido una guía para afrontar la cuesta de septiembre entre la que destaca esta medida
Revisar un dato del contador puede marcar la diferencia en la factura sin cambiar hábitos
Es todo un clásico del mes de septiembre. Empieza el noveno mes del año y tras un verano de 'excesos', muchas familias miran con lupa sus cuentas y sus próximos gastos. Y es que, tras los desembolsos acumulados durante las vacaciones, se añaden ahora los habituales del regreso a la rutina y, especialmente en los hogares con hijos, los derivados de la vuelta al cole.
Libros de texto, material escolar, ropa o uniformes pueden “tensionar” todavía más un presupuesto que también debe asumir vivienda, alimentación, carburantes y suministros.
Ante esta situación, la Asociación Española de Consumidores ha elaborado un decálogo de recomendaciones para afrontar la conocida como cuesta de septiembre.
Entre ellas aparece una especialmente sencilla: utilizar efectivo en lugar de recurrir sistemáticamente a la tarjeta de crédito.
El objetivo es tener una percepción mucho más clara del dinero que sale del bolsillo y evitar compras que realmente no podemos permitirnos.
Pagar en efectivo para controlar cuánto gastamos
El pago con tarjeta se ha convertido en un gesto cotidiano. De hecho, según datos del Banco de España, las operaciones de pago con instrumentos distintos del efectivo han aumentado un 8,5% en el último año.
Y precisamente esa facilidad puede hacer que resulte más complicado visualizar cuánto dinero se está gastando durante el día. Recuperar el efectivo cuando la economía doméstica está ajustada puede ser una buena solución.
La fórmula puede aplicarse estableciendo previamente una cantidad máxima para determinados gastos semanales. Una vez agotado ese dinero, resulta evidente que se ha alcanzado el límite previsto.
Con una tarjeta de crédito, en cambio, existe la posibilidad de continuar comprando y trasladar parte del desembolso a otro momento.
La recomendación cobra especial importancia durante septiembre. Después de las vacaciones aparecen numerosos pagos concentrados en pocas semanas y cualquier desembolso imprevisto puede desajustar las cuentas familiares.
Los gastos hormiga pueden alcanzar hasta el 30% del presupuesto
Controlar la forma de pago es solo una parte de la estrategia. Dicha asociación recomienda elaborar un presupuesto familiar que diferencie entre ingresos, gastos fijos y desembolsos variables.
También aconseja revisar los denominados gastos hormiga. Son pequeñas cantidades que individualmente parecen irrelevantes, pero que, acumuladas durante semanas, pueden representar una cantidad considerable. De hecho, en los casos más extremos pueden llegar a absorber hasta un 30% del presupuesto.
Cafés, compras impulsivas, pequeños caprichos o servicios que apenas utilizamos pueden entrar dentro de esta categoría. Detectarlos permite conocer dónde se está escapando una parte del dinero disponible y decidir cuáles pueden eliminarse.
Planificar la cesta de la compra antes de ir al supermercado
La alimentación constituye otro de los puntos sobre los que se puede actuar. La recomendación pasa por preparar la cesta de la compra con antelación y ajustarla al presupuesto establecido.
Comparar precios también adquiere especial importancia. No se trata únicamente de encontrar el producto más barato, sino de valorar conjuntamente precio y calidad antes de decidir.
Internet puede convertirse en un aliado para localizar ofertas y comparar alternativas sin necesidad de desplazarse entre diferentes establecimientos.
También es recomendable evitar dejarse llevar por reclamos publicitarios cuando la economía familiar atraviesa un momento ajustado. Una promoción solo supone un ahorro cuando el producto resulta realmente necesario.
Electricidad, agua y gas también cuentan
El decálogo pone asimismo el foco en los suministros domésticos. Evitar consumos innecesarios de electricidad, gas y agua permite reducir pequeños desembolsos que, acumulados durante todo el mes, terminan reflejándose en las facturas.
Y ojo, porque el ahorro debe involucrar al conjunto de la familia, incluidos los niños. Explicar por qué se establece un determinado presupuesto o por qué algunas compras pueden esperar facilita que todos los miembros participen.
Finalmente, recomienda hacer visible el dinero ahorrado semanal y mensualmente. Comprobar que reducir pequeños gastos genera una cantidad concreta puede servir como incentivo para mantener esos hábitos más allá de septiembre.