El gasto fantasma supone en torno al 7 a 11% del gasto eléctrico total del hogar
Adiós a los gastos invisibles: no es complicado detectar qué aparatos siguen consumiendo energía aunque estén apagados
Hay una diferencia aparentemente trivial entre dos regletas del mismo formato y prácticamente del mismo precio que la mayoría de los usuarios no percibe cuando las compra. Una lleva un pequeño interruptor iluminado. La otra no. La segunda es un simple multiplicador de enchufes que reparta la corriente entre varios aparatos y desaparece de la conciencia del usuario en cuanto todo funciona.
La primera, con ese interruptor casi inadvertido, permite hacer algo que ninguna versión sin él permite hacer sin desenchufar aparato por aparato: cortar con un solo gesto la alimentación eléctrica de todos los dispositivos conectados. Cuatro, cinco, seis aparatos apagados por completo con un solo clic. Es una diferencia funcional considerable, y explica por qué ese pequeño detalle es la característica que la industria del ahorro doméstico recomienda por encima de casi todas las demás.
El mejor aliado contra el consumo fantasma
El problema al que responde es conocido, ya que muchos de los aparatos electrónicos actuales de una vivienda media no llegan a apagarse del todo cuando el usuario los deja en reposo. Televisores, descodificadores, barras de sonido, consolas de videojuegos, ordenadores portátiles enchufados a la corriente, impresoras multifunción con red inalámbrica activa, cargadores olvidados en el enchufe. Todos ellos mantienen circuitos secundarios activos que consumen energía las veinticuatro horas del día trescientos sesenta y cinco días al año.
Se trata del llamado consumo fantasma o consumo en modo espera. Distintas estimaciones lo sitúan en torno al 7 al 11% del gasto eléctrico total del hogar, con una traducción mensual que en la mayoría de las viviendas oscila entre los cuatro y los diez euros. Que un aparato aparente estar apagado no significa, por tanto, que no esté gastando.
La solución es tan sencilla como incómoda, y pasa por desenchufar los aparatos cuando no se van a utilizar durante horas o días. En teoría es la mejor solución. En la práctica, casi nadie se agacha a diario detrás del mueble del salón para desenchufar cinco cables antes de acostarse.
Es en ese punto donde la regleta con interruptor entra en juego. Un aparato que centraliza toda la alimentación del centro de entretenimiento del salón o del rincón de trabajo bajo un único botón accesible, y que convierte una tarea molesta y rara en un gesto automático que no exige más esfuerzo que apagar la luz. Este tipo de dispositivos resulta especialmente útil en zonas donde se concentran dispositivos como el televisor, el router, la consola o el equipo de sonido.

Hay que tener presente que dicho interruptor puede ser unipolar o bipolar. Un interruptor unipolar corta la corriente en uno solo de los dos polos del cable de alimentación, típicamente el activo o fase. Un interruptor bipolar corta ambos polos simultáneamente. Solo el interruptor bipolar desconecta completamente de la red eléctrica los aparatos conectados. Además, en este caso: la propia regleta no consume energía cuando está desconectada, algo que no ocurre en las versiones con interruptor unipolar.
Las versiones con interruptor unipolar reducen buena parte del consumo fantasma, pero no lo eliminan por completo. La distinción viene claramente indicada en las especificaciones técnicas del producto y no supone, en la mayoría de los casos, más de dos o tres euros de diferencia.
Hay, además, una variante más sofisticada que interesa a quienes quieran una gestión automatizada del apagado. Las llamadas regletas maestro-esclavo incorporan un enchufe principal para el aparato de referencia, típicamente el televisor o el ordenador, y varios enchufes secundarios que solo reciben corriente cuando el aparato principal está encendido.
Cuando la regleta detecta que el aparato maestro ha entrado en reposo, corta automáticamente el suministro de los enchufes esclavos y los reactiva en el momento en que el aparato maestro vuelve a demandar corriente. Los modelos más completos incluyen dos enchufes adicionales que se mantienen siempre alimentados, útiles para el router doméstico, por ejemplo. Su precio oscila entre los veinticinco y los treinta y cinco euros, notablemente más alto que el de una regleta simple con interruptor, pero se amortiza en un solo año en la mayoría de los hogares con centro de entretenimiento intenso.
Reorganizar el cableado doméstico para que el centro de ocio, la mesa de trabajo y los pequeños electrodomésticos de encimera pasen por regletas con interruptor bipolar es una operación de una tarde. Compra: entre diez y quince euros por unidad para las básicas, treinta o treinta y cinco para las inteligentes con maestro-esclavo. Instalación: agrupar los aparatos, verificar que todos aceptan un apagado nocturno sin problema, colocar la regleta en un punto visible y accesible. A partir de ahí, el gesto de apagar la casa por la noche se ejecuta con tres o cuatro clics. La factura del mes siguiente registra el efecto sin que la calidad de vida del hogar haya cambiado en absoluto.

