La crisis de la vivienda recorre Europa: la solución de Holanda para que el mercado no reviente
Pese a que nuestra Consitución reconoce que todo español tiene derecho a una vivienda digna, la realidad es que faltan casas, apenas hay oferta pública y los precios del mercado privado son inasumibles para muchos ciudadanos
Ante un escenario parecido, Holanda ha apostado por un mayor parque de vivienda pública, penaliza los pisos vacíos y hasta hace unos años era permisiva con la ocupación
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La crisis de la vivienda ha estallado en toda Europa. En un mercado marcado por la falta de oferta, la especulación y la escasez de vivienda pública, disponer de un espacio estable en el que vivir se ha convertido en un problema de solución lenta, muy lenta. Si se empezara a construir hoy vivienda asequible no estaría disponible hasta dentro de dos o tres años. Mientras tanto, la demanda aumenta día a día y los problemas asociados a la escasez de hogares, también.
Un derecho no fundamental
¿Cómo es que todos los actores implicados han permitido que llegáramos aquí? Acceder a una vivienda digna es un derecho, pero no un derecho fundamental, como sí lo es el derecho a la vida o a la propia imagen. Por tanto, no goza del máximo nivel de protección como sí ocurre con los derechos fundamentales, definidos por la RAE como "inviolables, irrenunciables y pertenecientes a todas las personas por su dignidad". Pese a ello, la Constitución Española, en su artículo 47 CE, sí reconoce que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos".
Con esta base, el gobierno ha tomado cartas en el asunto. Junto a la creación de una nueva Ley de la Vivienda en 2023, la ministra de Vivienda y Agenda Urbana Isabel Rodríguez acaba de anunciar en el Congreso que el Gobierno agotará todo el margen que permite la regulación para controlar los precios del alquiler en toda España y blindar la vivienda pública. La comparecencia de la ministra, como la reunión previa de Pedro Sánchez con representantes del sector, dan cuenta de un ambiente que se va haciendo irrespirable. En este escenario, se impone la búsqueda de soluciones imaginativas como las que Holanda está implementando en algunas de sus ciudades.
El caso holandés
Con una renta per cápita de 57.428 euros anuales, Países Bajos se sitúa en el puesto 11 de los países más ricos del mundo. Pese a su riqueza, la evolución del mercado inmobiliario en ese país no es del todo favorable. El coste de la vivienda se ha duplicado a lo largo de la última década. En los barrios más demandados, los precios de venta se han disparado un 130%, mientras que una casa de obra nueva cuesta 16 veces el salario medio, cifrado en 44.000 euros anuales.
El mercado del alquiler tampoco se presenta muy favorable. Aunque solo el 15% de las viviendas en alquiler son privadas, los precios están alcanzando cifras astronómicas. Una habitación en una casa compartida en Amsterdam supera los 900 euros mensuales; un piso de una habitación, más de 1.500 euros. Con dos o tres estancias, el coste puede ser inasumible, pero, aún así, unos cuantos privilegiados pueden costearse esas mensualidades.
En cuanto a la vivienda social, el escenario es agridulce. Aunque este mercado representa aproximadamente el doble que el de la vivienda privada, acceder a una de estas casas implica una espera de unos siete años de media, con cifras superiores en el caso de Ámsterdam.