Cómo mantener la motivación de los niños en verano: "Una estrategia que suele funcionar es crear pequeños proyectos que tengan continuidad"
Cuando llega el verano, muchos niños dejan sus rutinas pero eso no quiere decir que no pueden seguir motivando su cerebro con pequeñas acciones diarias. Esto es lo que dicen los psicólogos
Aburrirse, el gran reto de los niños en verano: "Es un buen factor para fomentar su creatividad"
¿Cómo funciona el cerebro de un niño cuando está motivado? En vacaciones, muchos de ellos pierden sus rutinas habituales, pero eso no quiere decir que no puedan mantener una buena motivación, a no ser claro que haya un abuso del uso de pantallas, que como está demostrado, apagan la creatividad, completamente ligada a la motivación y a la curiosidad por aprender. El verano es un gran momento también para aprender a aburrirse, dejar las agendas y los relojes y dejar que el tiempo transcurra mucho más lento que de costumbre. Esto es necesario, tal y como nos explicaban los autores de 'Creatividad sin pantallas. Una guía para redescubrir el poder de crear y jugar con los más pequeños', Mar Benegas, autora de libros infantiles, y Jesús Ge, maestro de escuela. "Huyamos de tener que completar con cosas el tiempo de ocio, que surjan planes. Que se generen posibilidades. Aunque en el libro hemos dado un montón de propuestas asociadas a materiales, nos domina el miedo de que algunas familias hagan un horario de actividades creativas para sus hijos sin espacio para la improvisación. Otra posibilidad es la de fomentar el consumo de belleza y propuestas estéticas: visitar museos, ir al teatro, pasear por el campo… y en lo cotidiano, un palo, varias hojas (de árbol y/o de papel) y un lapicero pueden ser suficientes detonantes creativos". En ello también coincide Heike Freire, creadora de la Pedagogía Verde, que siempre propone acercar a los niños a la naturaleza para estimular sus sentidos. Quizá muchos niños no tengan acceso a una playa cerca, pero siempre hay espacios como parques, piscinas municipales o zonas rurales donde pueden estar al aire libre y en contacto con la naturaleza.
La motivación es clave en el desarrollo de un niño porque cuando se enfrenta a un reto, a un interés personal o anticipa algo que le ilusiona, su cerebro activa los circuitos de recompensa, libera dopamina, un neurotransmisor clave relacionado con el placer, el foco y el aprendizaje. Aunque eso sí, hay que recordar que no todos los niños se motivan de la misma manera. Por esto, también hablábamos de la importancia de valorar en ellos el esfuerzo, que aprendan a confiar en que pueden lograr las cosas incluso cuando no tienen ganas al principio.
Mantener la motivación con pequeños logros y no con castigos
Sin embargo, siempre podemos hacer algo para mantener su cerebro bien estimulado. Sobre este tema hemos consultado a dos psicólogas expertas y autoras del manual 'El cerebro infantil' (Oberon, 2026), Karmele Morales y Nerea Taracena, y esto es lo que ellas sugieren: "Para mantener un cerebro estimulado a veces no hacen falta grandes cosas, basta con ofrecer un ambiente rico en interacciones lingüísticas en el día a día como dialogar mucho, describir lo que hacemos o leer cuentos juntos, pero también proponer retos significativos y alcanzables, y permitirles participar en actividades donde tengan un compromiso activo. En este sentido, es interesante también invitarlos a reflexionar mediante juegos o preguntas donde tengan que usar la lógica, el razonamiento y la imaginación, tales como "¿qué pasaría si...?" o "¿cómo podríamos solucionar esto?" "¿qué harías tú si…?". Por el contrario, señalan que la motivación se apaga con los castigos, los elogios en exceso, la sobrecarga de refuerzos externos, etc. No hay nada mejor, por lo tanto, como proponerles pequeños logros en su día a día para mantenerles motivados.
Esto es especialmente interesante durante toda la infancia, porque el cerebro es altamente influenciable desde el nacimiento y de forma concreta durante los primeros años de vida (especialmente de los 0 a los 3-6 años). "Durante ese tiempo se crean millones de conexiones neuronales que se irán fortaleciendo o eliminando en función de las experiencias que viva el niño. Alrededor de los cuatro a seis años de edad ocurre un hito madurativo crucial llamado poda neuronal o sináptica. Durante este proceso, el cerebro elimina de forma natural aquellas conexiones que menos se han utilizado o estimulado para refinar y fortalecer los circuitos y hacerlos más eficientes, consolidando aquellas experiencias que se han repetido constantemente. Sin embargo, la plasticidad no desaparece después. El cerebro continúa cambiando y adaptándose durante toda la infancia, la adolescencia e incluso la vida adulta. Por eso nunca es demasiado pronto para acompañar bien, pero tampoco demasiado tarde para generar cambios positivos", sugieren.
Vacaciones en casa: ¿y ahora qué?
Como decíamos, no todos los niños tienen la suerte de poder disfrutar de casales o hacer actividades pagadas como campus u otras labores de ocio que les permitan estar fuera de casa unas horas durante todo el verano, pero eso no significa que el tiempo de vacaciones no sea de provecho para su cerebro. Siempre hay espacio para motivación, porque no es necesario que para estar motivados estén haciendo cosas.
"A menudo pensamos en mantener motivados a los niños proponiéndoles actividades nuevas todo el tiempo, pero la motivación también surge cuando los niños pueden dedicar días o semanas a algo que le interesa. Una estrategia que suele funcionar durante las vacaciones escolares es crear pequeños proyectos que tengan continuidad durante varios días o semanas. Por ejemplo, plantar y cuidar un huerto, construir algo que requiera mucho tiempo y dedicación, elaborar un diario sobre un tema de interés, investigar cada día sobre animales distintos, aprender una receta nueva cada semana o crear una colección. Todo esto hace que los niños sientan que están avanzando hacia algo, les aporta cierta sensación de progreso y mantiene esa motivación a largo plazo. La motivación suele mantenerse mejor cuando el niño siente que la actividad le pertenece, cuando puede tomar decisiones y participar por iniciativa propia", explican Karmele Morales y Nerea Taracena, psicólogas infantiles y autoras de 'El cerebro infantil'.
En vacaciones, lejos de parecer algo raro, no tener nada que hacer, estar sin pantallas y sin demasiada agenda prevista, les ayuda muchísimo. ¿Por qué? Pues porque pueden agudizar el ingenio, buscar alternativas, ser más creativos, aprender a tolerar la frustración, ayudarles en la capacidad de autorregulación y de su propio aburrimiento. Así que cero culpa si no hay muchos planes a la vista: basta con dejar tiempo y materiales abiertos a su alcance, obligando a su mente a esforzarse, a tomar la iniciativa y a decidir de manera autónoma en qué se van a transformar.
"Las vacaciones ofrecen una pausa necesaria que permite al cerebro recuperarse de la exigencia constante"
¿Para qué sirven las vacaciones en el cerebro de un niño? "El descanso y la desconexión es fundamental para el cerebro de los niños. Durante el curso, los niños están expuestos a numerosos estímulos, horarios rígidos, demandas académicas y sociales. Las vacaciones ofrecen una pausa necesaria que permite al cerebro recuperarse de esa exigencia constante. Este cambio favorece la regulación emocional, reduce el estrés y permite que los niños vuelvan a conectar con sus propios intereses y necesidades", señalan. En esto, interviene el juego libre, es decir, ese momento en el que el niño decide qué hacer, cómo y con quién jugar. No hay normas impuestas ni un objetivo externo sino simplemente explorar, crear e improvisar. En esa libertad, tan esencial, se activan funciones ejecutivas como la planificación, la toma de decisiones o la flexibilidad cognitiva. Además, el juego libre favorece su autonomía, creatividad y sensación de competencia.
El tiempo que ofrece el verano es también un momento importante para ellos, porque los padres u otros familiares que estén al cargo pueden dedicarles tiempo de calidad, algo muy necesario. Es un buen momento, por lo tanto, para tener buenas conversaciones, hacer cosas nuevas o vivir experiencias distintas. "Muchas de las experiencias que más recordarán los niños son aquellas en las que se sintieron acompañados, escuchados y en las que compartieron tiempo de calidad con las personas que quieren".