Cómo ahorrar en un otoño con sequía: esto es lo que depende de ti en la factura del agua
Aunque en la tarifa del agua de cada municipio influyen factores naturales como la disponibilidad de recursos hídricos de la zona, hay otros menos visibles que pretenden recuperar los costes derivados del abastecimiento (el suministro que incluye captación, potabilización y distribución) y saneamiento (alcantarillado y depuración de aguas usadas). Finalmente, las administraciones públicas cobran además un canon cuya finalidad es mantener y renovar las infraestructuras hidráulicas.
Qué te cobran por el abastecimiento de agua
Lo cierto es que en cada vivienda sólo se tiene conciencia del momento en que el agua sale del grifo, sin tener en cuenta que ese gesto requiere invertir en un complejo proceso que termina en que a cada domicilio llegue el agua de manera inmediata, pero que incluye desde la captación del agua, pasando por el embalse y la potabilización, hasta la distribución.
Esta parte de la factura viene determinada por dos factores: por un lado, está la cuota de servicio cuya cuantía no depende del consumidor sino del caudal de agua que entra en la vivienda y que viene establecido por el calibre del contador y por otro, el consumo real que se realiza en cada domicilio. Si bien no es posible influir en la primera variable, la segunda depende directamente del buen uso que se haga del agua y aquí es donde entran en juego una serie de hábitos, trucos y aparatos que te pueden ayudar a reducir la cantidad de agua que gastas y, por tanto, la factura.
Qué te están cobrando por el saneamiento
Si bien somos plenamente conscientes del gasto que supone abrir el grifo, nos olvidamos de lo que cuesta todo lo que viene después del uso del agua por el consumidor: el mantenimiento de la red de alcantarillado, la recogida de aguas residuales, su traslado a la planta de depuración y su devolución al entorno natural con el menor impacto para el medio ambiente.
En este apartado se paga la inversión en infraestructuras, pero también pagamos entre todos los malos usos que se hacen de ellas. Un ejemplo muy gráfico es la mala costumbre de tirar toallitas húmedas al inodoro (y muchas otras cosas por el lavabo) que supone un coste que a nivel europeo se estima entre 500 y 1000 millones al año y que, al final, será repercutido mediante subidas de tarifa en las facturas.