Toque de queda a las 22 horas y pulsera en el campamento del puerto de Ceuta mientras las playas siguen llenas
Nada más vaciarse la playa Benítez y puntos del Trampolín, las tiendas se han vuelto a llenar.
Así es el campamento que acoge a 1.700 migrantes en Ceuta: cómo ha funcionado la entrada y cuál es su objetivo
Lo que ha ocurrido esta mañana en Ceuta revela la gravedad y la dimensión de un problema sin solución a la vista y hace imposible creer las cifras que nos ofrece el Gobierno. Las carreras por ingresar en el puerto indican el caos y el reto de controlar a grandes cantidades de personas, con cientos de ellas surgidas del bosque y otros puntos de la ciudad, para sumarse a quienes esperaban en las playas. También se constata que recuperar los espacios públicos es una misión imposible. Nada más vaciarse la playa Benítez y puntos del Trampolín, las tiendas se han vuelto a llenar. Los ceutíes afrontan la séptima semana de ocupación, informa Marta Manchón.
Porque la realidad es que solo 1.700 inmigrantes han entrado en las instalaciones del puerto. Ésa era la capacida máxima. Una zona sensible, estratégica, donde pueden dormir pero también entrar y salir durante el día. Esta mañana había carreras y trensión por entrar, sabiendo que las plazas estaban muy disputadas.
Eran las 7 de la mañana en la Playa de Benítez cuando la policía se desplegaba en los campamentos de la playa que a penas amanecían. La señal que les iba a conducir a un plato caliente y a un sitio donde refugiarse. Cargando sus enseres esperaban a pie de playa. Pero lo que no sabían es a que ellos se les iban a adelantarlos otros inmigrantes que permanecían escondidos. A la carrera salían desde todas partes, desesperados, entre ellos menores, por conseguir un lugar cubierto.
El problema, 5.000 inmigrantes, pero solo 1.700 camas y, en medio, 170 agentes intentado salvar el operativo. Los antidisturbios taponan la entrada al campamento del puerto. La tensión es máxima. Los immigrantes se apiñaban, pisándose unos contra otros, tratando de saltarse el cordón policial que acaba con algún herido y menores apartados de la disputa.
Los afortunados sonríen exhaustos por haber conseguido pasar. El cordón se rompe y los antidisturbios intentan finalmente contener el caos. Blindados por furgones policiales algunos consiguen llegar al campamento. Y mientras, en la Playa Benítez, se vivían de momentos de tensión. Ninguno de ellos ha podido siquiera intentar llegar hasta el puerto.