Psicología

Lo que esconde el universo de los 'sugardaddys': "Se desarrollan patrones de estrés postraumático"

Fotograma de 'Pretty Woman'. Cordon Press
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"El amor se convierte en un lujo. La intimidad, en un comodín. El cerebro se re-programa para buscar siempre algo que ofrecer a cambio de subsistir". Así resume la psicóloga clínica y forense Anna Sibel el panorama de los 'sugardaddys'. A grandes rasgos, se entiende este tipo de relaciones como 'transacciones', en la que habitualmente son hombres de mediana y avanzada edad que buscan compañía de chicas jóvenes. Esas chicas jóvenes buscan subsistencia económica. Y todo esto se ampara bajo un supuesto paraguas de "mutuo acuerdo".

Sin embargo, hay muchos factores que se esconden detrás de este tipo de prácticas. Y la psicología tiene mucho que decir al respecto de los efectos que se desencadenan, tanto a nivel individual, como social.

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"La desesperación económica se convierte en una oportunidad de mercado"

Anna Sibel empieza ilustrando las bases de la 'cara B', haciendo alusión al hecho de que "la desesperación económica se convierte en una oportunidad de mercado", la cual se vende como una 'fantasía brillante'". "Vivimos en una sociedad en la que se ha normalizado que nuestros jóvenes están monetizando su intimidad para poder existir", lamenta la experta.

Sin embargo, esto es sólo la punta del iceberg de un conjunto de efectos "devastadores", tal y cómo los califica la experta.

El cerebro se re-programa

"Cuando asociamos repetidamente intimidad con supervivencia económica, estamos recableando nuestros circuitos neuronales más primitivos", explica. Pero, ¿de qué manera? ¿Cómo es posible que el cerebro empiece a actuar de forma distinta? Uno de los principales ingredientes que toman protagonismo es la dopamina. Esta hormona --comúnmente asociada al amor-- "comienza a responder a la seguridad financiera, porque el cerebro aprende que el afecto es algo transaccional y que el cuerpo es una herramienta de negociación", continúa.

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De este primer estamento en el cambio del funcionamiento --ya a una escala de regulación de la química interna--, el siguiente paso es observar el conjunto de efectos de salud mental y psicológicos que Sibel pone encima de la mesa.

"Desencadenantes muy similares a los patrones de abuso"

"El impacto es devastador y sistemático. Las consecuencias son igualmente sistémicas y duraderas". Sibel se muestra tajante ante lo que es un "problema que, por desgracia, no se resuelve tratando de manera individualizada, ya que se trata de algo social y colectivo".

En este sentido, la experta explica que "las personas que han participado en relaciones transaccionales desarrollan patrones de estrés postraumático similares a las víctimas de abuso. Su sistema nervioso permanece en alerta constante, evaluando de forma constante qué pueden ofrecer a cambio de garantizar su supervivencia".

La perpetuación de la masculinidad tóxica y el juicio social

De las personas afectadas, ahora el foco se pone en los propios 'sugardaddys'. Aquí, Sibel explica que "no son simplemente hombres generosos que buscan compañía. Son productos y productores de un sistema que recompensa la masculinidad tóxica. Se confunde el poder económico con el valor personal. Se perpetúa la idea de que las mujeres jóvenes son objetos de consumo disponibles para quién pueda pagarlos".

Finalmente, ¿qué ocurre en el centro social? Más allá de la relación y de sus miembros integrantes, la experta explica lo que hay más allá: "no se trata de juzgar a la persona que participa en estas dinámicas. Se trata de transformar los sistemas que las hacen necesarias. Se han de sanar las heridas que facilitan estas prácticas. Se ha de entender que el amor no es un objeto de lujo y que la intimidad no es un 'comodín de la llamada'", concluye.