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Nuria Moreno, dietista materno-infantil: "El miedo al atragantamiento es el que más veo, pero hay que saber distinguirlo de la arcada"

Nuria Moreno
Nuria Moreno, dietista materno-infantil. Penguin Random House
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Desde el embarazo hasta los dos años, cada elección alimentaria cuenta: lo que tú comes, lo que cocinas y lo que compartes tiene un enorme impacto en su desarrollo físico, cerebral, emocional y, especialmente, en el lazo invisible que os une. Nuria Moreno, experta en alimentación materno-infantil, resuelve en su libro 'Nuestros primeros 1.000 días' (Grou, 2026) algunas de las principales dudas que asaltan a muchas madres en el inicio de la alimentación complementaria. La guía parte de una idea clave: la alimentación no comienza con la primera papilla, sino mucho antes, incluso antes del nacimiento. Durante el embarazo, la alimentación de la madre ya influye directamente en el desarrollo del bebé, en la formación de sus órganos, en su sistema inmunitario y hasta en sus futuras preferencias alimentarias.

Tanto en su cuenta de Instagram -donde cuenta con una comunidad de más de 200 mil personas- como en su libro habla de situaciones habituales como la “crisis de los 12 meses”, en la que el apetito del bebé disminuye de forma natural; la neofobia alimentaria, que implica el rechazo a alimentos nuevos; y la selectividad alimentaria, en la que la dieta se limita a pocos alimentos, el atragantamiento, etcétera. En esta entrevista realizada se centra en hablarnos del método Baby-Led Weaning, que propone entre muchas cosas, que sea el propio bebé quien explore y experimente con determinados alimentos.

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Pregunta: ¿Por qué preocupa tanto a las madres el Baby-Led Weaning?

Respuesta: El BLW asusta porque rompe con todo lo que hemos visto desde pequeñas. Esa imagen de la abuela con el potito y la cucharita preparada está muy arraigada y, de repente, alguien te dice que le pongas un trozo de brócoli delante a tu bebé de 6 meses y le dejes hacer. Normal que dé vértigo, ¡a mí también me lo dio en su momento!

Y el miedo más grande, el que escucho constantemente en consulta, es el miedo al atragantamiento. Venimos de una cultura donde todo se trituraba, donde la norma era que el bebé no probaba un sólido hasta que no tuviera dientes, y ahora te dicen que le ofrezcas un trozo de pollo o un bastoncito de plátano. Muchas madres me dicen: "Nuria, es que no tiene dientes, ¿cómo va a masticar eso?". Y aquí está la clave: los bebés no necesitan dientes para gestionar los alimentos. Las encías son sorprendentemente fuertes y si ofrecemos los alimentos con la textura adecuada, blanditos, que se aplasten con los dedos, el bebé puede gestionarlos sin problemas. Lo que pasa es que no estamos acostumbradas a verlo, y lo desconocido siempre asusta más y ahora además que el “BLW” sea “la moda”, pero no.

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P: ¿De dónde viene este método?

R: Este método viene gracias a una enfermera y asesora de lactancia británica llamada Gill Rapley, que a principios de los 2000 empezó a defender que los bebés tienen mucha más capacidad de la que les estamos dando. Que si están listos para comer, pueden hacerlo solos, sin que se lo trituremos ni se lo metamos en cuchara. El bebé está en fase de aprendizaje, aprende a gestionar no solo los alimentos de forma autónoma, sino también aprende a reconocer cada alimento por separado, por su textura, olor, color y sabor.

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P: ¿Por qué se recomienda y cuándo se debería empezar?

R: Se recomienda porque respeta el ritmo de “aprendizaje” del bebé, así de simple. Le da autonomía, le permite desarrollar una relación positiva con la comida desde el minuto uno y, según la evidencia, favorece mejores hábitos alimentarios a largo plazo. Los bebés que aprenden a comer a su ritmo reconocen mejor el hambre y la saciedad, y eso es algo que les acompaña toda la vida.

Sobre la recomendación sobre cuando empezar, sobre los seis meses, pero, ojo, cuando el bebé esté preparado, eso ni quiere decir que el día que cumple los seis meses sea el día indicado para empezar. Hay cuatro señales que tienen que estar presentes:

  • Que el bebé se mantenga sentado con mínimo apoyo
  • Que haya perdido el reflejo de extrusión (ese que hace que empuje con la lengua todo lo que le pones en la boca)
  • Que muestre interés real por la comida, que intente alcanzar lo que hay en tu plato
  • Que tenga buena coordinación ojo-mano-boca, es decir, que sea capaz de coger algo y llevárselo solo a la boca

Cuando esas cuatro cosas coinciden, es el momento. Y aquí me gustaría añadir algo que repito mucho en consulta: no hay que tener prisa. He visto a madres angustiadas porque su bebé lleva dos semanas con seis meses y todavía no muestra interés. Tranquilas, cada bebé tiene sus tiempos y forzar antes de que esté listo no acelera nada, al contrario, puede generar rechazo. Observa, confía y cuando veas esas cuatro señales juntas, ese es vuestro momento. En el libro, es algo que quería dejar muy claro para que ninguna mamá tenga dudas.

P: ¿Qué diferencias hay entre este método y la trituración?

R: La diferencia principal está en quién dirige la alimentación. Con los triturados, mandamos nosotros: decidimos qué come, cuánto y a qué ritmo. Con el BLW, manda el bebé. Él toca, huele, prueba, rechaza y vuelve a intentarlo. Eso tiene un impacto enorme en cómo se relaciona con la comida, no solo ahora sino de cara al futuro.

P: Y a nivel de nutrientes, ¿cuál es la más completa?

R: A nivel nutricional, si se hace bien, los dos métodos son perfectamente válidos, de hecho, yo siempre digo que hay que empezar con el método que más confianza te dé. Lo de que los triturados son más nutritivos es un mito sin base científica. De hecho, el BLW puede favorecer más variedad en la dieta a largo plazo, precisamente porque el bebé tiene contacto real con los alimentos tal y como son. Y luego está el método mixto, que es combinar ambos, que es una opción completamente válida. No hay un único camino correcto. Lo importante es que el bebé reciba alimentos variados y ricos en los nutrientes clave de esta etapa, especialmente el hierro, independientemente de la textura.

P: ¿Por dónde se empieza en el BLW?

R: Despacio y de uno en uno, para poder identificar posibles reacciones alérgicas. Los primeros alimentos suelen ser verduras y frutas como calabacín, zanahoria, boniato, plátano, pera... Realmente no hay un orden correcto y fuentes de proteína como el pollo o el pescado blanco. El hierro es el nutriente estrella en esta etapa, así que legumbres, carnes y pescados son tus grandes aliados desde el principio. Y lo más importante: al principio el objetivo no es que coma. El objetivo es que explore, que descubra, que la hora de la comida sea un momento bonito y sin tensión. La cantidad no importa. Lo que importa es el vínculo que se crea alrededor de la mesa.

"Siempre digo que la leche es el plato principal y la comida sólida es el postre"

P: ¿Qué papel juega la lactancia en este momento?

R: Un papel protagonista, aunque muchas veces lo perdemos de vista en cuanto vemos al bebé comer y nos emocionamos. La leche, materna o de fórmula, sigue siendo el alimento más importante hasta los 12 meses. Los sólidos complementan, no sustituyen. Yo siempre digo que la leche es el plato principal y la comida sólida es el postre. Con esa imagen en la cabeza se quita muchísimo agobio, especialmente en los primeros meses de alimentación complementaria, cuando el bebé apenas prueba bocado y parece que "no come nada". Si sigue tomando su leche a demanda y crece bien, todo va bien. La lactancia además cumple una función emocional enorme en esta etapa, es el punto de calma y de seguridad del bebé mientras aprende sabores y texturas completamente nuevas para él. 

P: ¿Qué alimentos están prohibidos y durante cuánto tiempo?

R: Antes del año hay varios alimentos que están completamente fuera. El azúcar, la sal, porque los riñones del bebé no están preparados y porque queremos que sus preferencias de sabor se desarrollen sin interferencias, la miel también, por riesgo de botulismo; las verduras de hoja verde como las espinacas o las acelgas tampoco antes del año, porque tienen una cantidad elevada de nitratos que el organismo del bebé todavía no gestiona bien. Y luego están los alimentos con riesgo de atragantamiento en formato inadecuado: uvas enteras, frutos secos enteros, zanahoria cruda en trozos grandes… A partir del año se amplía mucho el abanico, aunque la sal y el azúcar siguen siendo algo que conviene limitar al máximo, también en niños mayores.

P: ¿Cuáles están muy recomendados?

R: De los más recomendados me quedo con los ricos en hierro como lentejas, garbanzos, carne, pescado, las verduras de colores, el huevo, el aguacate y los frutos secos en crema. Nutritivos y que los bebés suelen aceptar bastante bien cuando los conocen desde el principio.

P: ¿Qué es la crisis de los 12 meses? ¿Qué señales existen y qué se puede hacer?

R: La crisis de los 12 meses es ese momento en que un bebé que comía de todo, de repente, parece haber olvidado cómo se come. Rechaza cosas que antes le encantaban, come menos, se distrae, solo quiere levantarse... Y los padres, con razón, se asustan y piensan que algo está pasando. Pero tiene una explicación muy lógica: alrededor del año el ritmo de crecimiento del bebé se ralentiza mucho. Ya no necesita tanta energía como antes, y su cuerpo lo sabe perfectamente. En esta etapa también coincide con una regresión de sueño, el bebé se despierta más (y no es por hambre) y con una crisis de lactancia, el bebé está más demandante e incluso hay algún día que puede pasar solo con leche.

Lo que no hay que hacer es convertir la mesa en un campo de batalla. Lo que sí funciona es seguir ofreciendo variedad sin presionar, ofrecer menos cantidad en el plato, comer en familia, dar ejemplo y sobre todo confiar. Que tu bebé esté pasando por esto no significa que hayas hecho algo mal. Significa que está creciendo.

"El atragantamiento real es cuando el bebé no puede toser, no emite sonido alguno, se queda en silencio, se pone azul o tiene dificultad para respirar"

P: ¿Cómo podemos actuar en caso de atragantamiento?

R: Es el miedo número uno de todas las familias cuando empiezan con el BLW, y lo entiendo perfectamente porque yo también lo tuve. Pero lo primero es aprender a distinguir entre arcada y atragantamiento real, porque son cosas muy distintas y muchísimas familias las confunden. La arcada es un reflejo de seguridad: el bebé tose, hace ruidos, pone cara de esfuerzo, pero el alimento se mueve. Es un reflejo normal de protección que tiene el cuerpo y no hay que intervenir, aunque nos cueste horrores quedarnos quietas mirando.

El atragantamiento real es cuando el bebé no puede toser, no emite sonido alguno, se queda en silencio, se pone azul o tiene dificultad para respirar. Ahí sí hay que actuar inmediatamente. Aquí empezaríamos la maniobra de Heimlich. En primer lugar, abrimos la boquita para ver si vemos el objeto o alimento que obstruye la vía aérea y con maniobra de gancho retiramos, si no lo vemos entonces daríamos cinco golpes firmes en la espalda entre los omóplatos con el talón de la mano con el bebé boca abajo sobre tu antebrazo sujetando el cuello con la mano para no dañarlo. Si no expulsa el objeto, entonces, se alternan con cinco compresiones torácicas.

Mi recomendación siempre es la misma: antes de empezar con la alimentación complementaria, haz un curso de primeros auxilios, de hecho yo lo incluyo siempre en mis talleres y en el libro también lo he incluido. No es alarmismo, es preparación. Saber qué hacer te cambia completamente la experiencia, porque puedes disfrutar viendo comer a tu bebé sin ese miedo instalado en el estómago.

¿Cómo actuar en caso de atragantamiento? Los cinco pasos a seguir según un profesional del SUMMA 112
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P: ¿Qué ocurre si el bebé no tiene interés por los alimentos? ¿Por qué suele ocurrir?

R: Pasa más de lo que parece y genera una angustia tremenda, especialmente cuando abres Instagram y ves bebés de seis meses comiéndose el brócoli con alegría. La realidad es bastante más variada que eso. Puede ocurrir porque el bebé, sencillamente, todavía no está listo, aunque tenga la edad. O porque esté en un momento de mayor demanda de leche, o con los dientes, o porque ese día simplemente no tiene hambre. También puede pasar que el ambiente en la mesa genere tensión, y los bebés lo perciben todo, son esponjas emocionales.

Lo que no funciona es forzar, meter la cuchara a presión ni convertir cada comida en una batalla. Lo que sí funciona es seguir exponiendo al bebé a los alimentos sin presión, comer juntos en familia para que vea que la comida es algo natural y agradable, pero sobre todo darle tiempo. Mucho tiempo (recuerda que la leche es su principal alimento hasta los 12 meses). Si la falta de interés se prolonga o el bebé no gana peso bien, entonces sí, consulta con tu pediatra o con una dietista especializada. Pero en la mayoría de los casos, la paciencia y la calma son los mejores aliados. Y confiar. Siempre confiar.