Ariadna Vilalta, primera ciberpsicóloga de España, sobre cómo romper con la hiperconectividad: "Hacer algo de forma consciente ayuda"

Ariadna da pautas para no caer en la trampa de la hiperconectividad: una vida más consciente y espacios y momentos libres de pantallas ayudan a romper esa inercia
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Cuando se acercaban sus 40 años, Ariadna Vilalta cambió de carrera. “Había querido estudiar psicología toda la vida, pero no estaba muy segura de que en qué me veía”, cuenta al otro lado del teléfono a la web de 'Informativos Telecinco'. La disciplina le parecía fascinante, pero algo hizo clic en su cabeza cuando se cruzó con la ciberpsicología. Era “lo que quiero hacer”. “Venía de trabajar años en marketing, en las redes sociales. He estudiado la parte humana desde un lado”, cuenta. Ahora, investiga sobre hacia dónde vamos y qué implica todo esto. Ha cruzado al otro lado.
En ese camino, y como cuenta en la presentación de su libro ‘Una vida siempre en línea’ su editorial, Destino, se ha convertido en la primera ciberpsicóloga de España. Se formó en Reino Unido, donde esta ya es una disciplina propia y diferenciada. “En España, aún no han traído la especialización. Estamos intentando que ocurra”, señala. Es importante, apunta, que se entienda que los efectos de los problemas digitales deben tratarse de un modo diferente a otras cuestiones de salud mental, porque vivimos en un mundo en el que no puedes aislarte de la tecnología. “Tenemos que trabajar con ella”, apunta.
¿Qué es ser ciberpsicóloga y la ciberpsicología?
Pero ¿qué implica exactamente ser una ciberpsicóloga y la ciberpsicología? “Es el estudio de cómo la tecnología está impactando en la salud mental y en el ser humano en general”, nos explica. Estudian “los diferentes dispositivos y en diferentes áreas de nuestra vida”, porque este ya no es solo un problema de la juventud o del móvil, sino que la tecnología en general está “transformando cómo reaccionar o vivir”.
Además, está es una cuestión compleja y llena de matices. Hablando con Vilalta queda claro que no es ni tecnopesimista ni tecnoptimista, sino que aboga por comprender las cosas buenas, las malas y sus muchas áreas de grises. “No creo que tengamos que culpar solo a las tecnológicas”, señala. “Gran parte de la culpa es que no se nos ha educado digitalmente, igual que nos tendrían que enseñar finanzas y un montón de cosas”, explica. No se trata solo de prohibir, sino también de “dar herramientas para saber o, al menos, poner en cuestión cosas”.
Aunque internet ha hecho que se pueda acceder a mucha información, una de las cosas positivas, esto requiere un mejor pensamiento crítico y saber cómo contrastar y comprender qué se está viendo. En el libro, Vilalta explica que no se trata de que se haya muerto la ética porque las redes sociales per se nos hagan inmorales, sino que nos han acostumbrado a que todo vaya más rápido y a tomar decisiones simples, así como a reducir la comparativa (crean cámaras de eco y aplican sesgos de confirmación). “Nos hemos metido en esa burbuja”, indica.
La filosofía y la ética “nos ensañan vivir con la ambigüedad, una experiencia humana que las redes sociales tienden a borrar”, como escribe en ‘Una vida siempre en línea’.

Consejos para una mejor salud mental digital
Romper con esa inercia es posible y mejorar la salud mental digital también. Al fin y al cabo, todo este cambio está pasando factura, tanto a nivel social como a nivel personal. En el libro, Vilalta cuenta la historia de una madre que no era capaz de descansar. Cuando se paraba a relajarse, sonaba alguna notificación en el móvil y rompía el proceso. Sentía que no era capaz de llegar a todo.
El consejo fundamental que da esta ciberpsicóloga en ese caso “es voluntad”. “Es un ejercicio de autorregulación”. Esto implica romper los sesgos que nos ha creado internet buscando visiones alternativas contrapuestas a las propias, “abrir mi mente a leer otra cosa y plantearme si puede ser verdad o no”, pero también cambiar la relación con las muchas pantallas de nuestra vida.
“El hecho de que hagamos yoga con el teléfono, que va a vibrar si alguien te llama o te manda un mensaje, va a hacer que no desconectes de todo”, ejemplifica. Sacarlo de la habitación para dormir o eliminarlo de la ecuación para cosas que pueden hacerse de otra manera ayuda. Quizás es el momento de recuperar el reloj de toda la vida o de hacer fotos con una cámara.
“Solo el hecho de que hagamos algo de forma consciente” ayuda. Vilalta pasa mucho tiempo en aeropuertos y observando a otros viajeros se ha percatado de que nadie mira por dónde va, “vamos mirando el teléfono”. “Si vas en coche o en tren, mira el paisaje”, recomienda. Escribir en papel “para aterrizar preocupaciones” o eliminar la tecnología en momentos concretos (“estás comiendo, no lleves el móvil a la mesa: siéntate y come, sé consciente de lo que estás comiendo”) ayuda a poner perspectiva.
Al final, importa no caer en la trampa de esa insistencia constante a la que la hiperconectividad nos ha condenado. Antes, recuerda Vilalta, “no había ese volumen constante de checking y checking. Si hemos quedado hoy a las 12, no me tienes que enviar 30 WhatsApps para confirmarme que hemos confirmado que volveríamos a confirmar el encuentro”. Como señala la experta, nos hemos acostumbrado a un intenso nivel de conexión. En algún momento tienes que parar y hacer otras cosas. No puedes estar “todo el día recibiendo inputs”.
Con niños y niñas, recomienda “quitar las pantallas de las habitaciones” para saber qué ocurre en la vida digital infantil “sin tener miedo a romper la privacidad, porque necesitan supervisión parental”. Por supuesto, no es lo mismo un adolescente que un prescolar, pero internet “es muy amplio”. “Deben tener su autonomía y sus herramientas de enfrentarse al mundo, pero los padres deben tener un poco de supervisión en este terreno”.
