La regla del 80% en la nevera: el motivo por el que algunos expertos recomiendan no llenarla del todo en verano
No llenar la nevera por completo hace más fácil la circulación del aire frío y ayuda a conservar los alimentos a una temperatura más uniforme durante el verano
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El verano cambia la manera de usar la nevera. Se compran más bebidas, fruta y alimentos por si hay alguna comida o cena, hay más sobras que necesitan enfriarse con rapidez. El resultado es un frigorífico abarrotado, con recipientes encajados unos contra otros y productos tapando las salidas de aire.
Para evitarlo, algunos especialistas han popularizado la llamada “regla del 80%”: hacer que el aparato no supere aproximadamente cuatro quintas partes de su capacidad. La cifra funciona como una orientación visual, pero no es una norma sanitaria exacta. Lo que recomiendan las autoridades es no sobrecargar la nevera y dejar espacio para que el aire frío pueda circular.
El frío necesita espacio para moverse
Un frigorífico no enfría todos sus rincones de manera idéntica. El aire frío debe desplazarse alrededor de envases, recipientes y alimentos para mantener una temperatura relativamente uniforme. Cuando los productos están demasiado juntos o bloquean las rejillas interiores, pueden aparecer zonas que se enfrían peor.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) indica que no se debe sobrecargar la nevera y que es necesario separar adecuadamente los alimentos para hacer más sencilla la circulación del aire.
¿Por qué se nota más durante el verano?
El funcionamiento del aparato no cambia con la estación, pero con altas temperaturas aumenta la diferencia entre el ambiente de la cocina y el interior del frigorífico. Cada vez que se abre la puerta entra aire caliente y húmedo, y el electrodoméstico tiene que recuperar después la temperatura. Las juntas deterioradas o una puerta que no cierra bien agravan ese esfuerzo.
Además, en verano se introducen con frecuencia botellas y alimentos que llegan calientes de la calle. Si la nevera está saturada y el aire no circula, el enfriamiento puede ser más lento y desigual. La OMS recomienda mantener el frigorífico por debajo de los 5ºC y no llenarlo en exceso, porque la sobrecarga puede perjudicar su capacidad de refrigeración.
Pero, una nevera vacía tampoco funciona necesariamente mejor. No abarrotar la nevera no significa mantenerla casi vacía. Al abrir la puerta, el aire frío sale con rapidez, mientras que las bebidas y los alimentos ya refrigerados conservan mejor su temperatura. Una carga moderada aporta cierta estabilidad térmica.
Frigorífico y congelador no siguen la misma lógica
Otra confusión habitual suele ser aplicar esta regla al congelador. Un congelador lleno conserva el frío durante más tiempo si se corta la electricidad porque los alimentos congelados actúan como acumuladores térmicos.
La FDA calcula que un congelador lleno puede mantener la temperatura unas 48 horas con la puerta cerrada, frente a unas 24 horas si está medio lleno. Estas cifras siempre son aproximadas y dependen del aislamiento, la temperatura ambiental y el número de veces que se abra la puerta.
De todos modos, tampoco se deben bloquear sus conductos ni impedir que la puerta cierre correctamente. La diferencia es que una carga alta suele beneficiar al congelador, mientras que el frigorífico necesita más huecos para enfriar productos frescos de manera homogénea.
Organizar bien importa tanto como dejar sitio
La organización es tan importante como la cantidad. Los recipientes grandes no deberían tapar las salidas de aire ni tampoco cubrir por completo las baldas. Una buena distribución reduce la contaminación cruzada.
Se recomienda colocar los alimentos cocinados y listos para consumir en las zonas superiores, mientras que la carne y el pescado crudo deben ir abajo, dentro de recipientes que eviten goteos. Las sobras y los productos abiertos deben estar tapados.
La puerta está más expuesta a cambios de temperatura, por lo que resulta adecuada para bebidas y salsas, pero no para carne, pescado o sobras. Los huevos tampoco deberían cambiar constantemente de temperatura si su envase indica que deben mantenerse refrigerados.
También es aconsejable colocar delante los productos que caducan antes. Esta organización, conocida como “primero en entrar, primero en salir”, ayuda a evitar que yogures, envases abiertos o sobras terminen olvidados en el fondo.
Las sobras también necesitan su espacio
Con calor, las sobras deben guardarse pronto y enfriarse con rapidez. Las autoridades aconsejan dividir las cantidades grandes en recipientes pequeños y poco profundos. De esta forma se evita que el centro de una olla pueda permanecer templado demasiado tiempo.
Se recomienda refrigerar los productos perecederos antes de que transcurran dos horas, o antes de una hora si han estado expuestos a temperaturas superiores a 32ºC. Esto no quiere decir que haya que introducir una olla enorme recién retirada del fuego entre alimentos frescos. Lo más recomendable es repartir el contenido en recipientes pequeños para que pueda ir perdiendo el calor más rápido y poder refrigerarlo sin dejarlo horas sobre la encimera.