Los secretos de longevidad de Maria Branyas, la española que vivió 117 años: "Es un caso excepcional del que se puede aprender"

Maria Branyas, en su 113 cumpleaños. Cedidas por la editorial.
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¿Qué es un supercentenario? ¿Por qué Maria Branyas llegó a los 117 años? ¿Se puede estudiar su caso para entender la razón por la que algunas personas superan los 100 años de edad? La primera respuesta a la primera pregunta es clara: un supercentenario es aquella persona que supera los 100 años de vida. Un estudio nos da la explicación a las dos siguientes que planteamos. El trabajo se inició en 2023, cuando Maria Branyas Morera tenía 115 años, siendo la persona verificada más anciana del mundo. Detrás de él, se encuentra el doctor Manel Esteller, uno de los científicos más reconocidos del país y Eloy Santos, que ofrece consejos basados en la ciencia para vivir más y mejor. Ambos pudieron estudiar, en los últimos años de su vida, los hábitos, costumbres y estado de salud de Maria, una mujer extraordinaria que, en su momento, fue la persona viva más longeva del mundo.

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En sus estudios científicos tuvieron acceso no solo y de primera mano a sus datos médicos, sino también a sus recuerdos, su manera de entender el mundo y su extraordinario carácter. Concretamente, los investigadores descifraron la secuencia de su ADN, identificaron los microbios presentes en su intestino, midieron las puntas de sus cromosomas (telómeros), estudiaron las marcas químicas de su genoma (epigenética), los niveles de inflamación, su respuesta inmune y los niveles de lípidos y azúcares en sangre asociados con riesgo cardiovascular y metabólico, incluyendo la presencia de células mutantes en circulación. "Aunque es imposible determinar qué factor preciso fue el más determinante numéricamente para proporcionar su extraordinario tiempo de vida, sus descubrimientos son muy importantes para explicar los mecanismos ligados a la vejez o a la juventud", subrayan en el libro que acaba de publicar RBA sobre la vida de Maria, 'Historia de una supercentenaria. Claves de la longevidad'.

"Decidimos realizar el estudio al conocer que la persona más mayor del mundo residía tan cerca nuestro, en Cataluña. Quisimos descubrir, por primera vez, los secretos moleculares detrás de la buena salud de una persona tan longeva. Al terminar nuestra investigación nos dimos cuenta de que el caso de Maria Branyas merecía ser contado. Aprendimos mucho de ella, y creímos que explicando en un libro su historia y nuestros hallazgos podríamos compartirle al mundo un caso excepcional del que aprender también. Al narrar en detalle la impresionante vida de Maria Branyas, en este libro contextualizamos nuestros resultados a la vez que la homenajeamos por su generosidad y gran contribución al avance científico", explican el Dr. Esteller y Eloy Santos a la web de 'Informativos Telecinco'.

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La vida de Maria: cómo llegó a los 117 años de edad

Tal y como señalan los investigadores, Maria Branyas tuvo una vida atípica como explica su edad, pero también fue muy generosa al aportar toda la información posible para que pudieran sacar algunas cosas en clave, otras seguramente siguen sin poderlas resolver. Para entender por qué su caso es excepcional primero buscaron en su biografía, en cómo había vivido. En este sentido, Maria era la hija de Josep Brañas, que nació en 1877 en Pamplona. Su padre era gallego y su madre catalana, si bien él nació en Pamplona porque allí habían destinado a su progenitor, que era teniente coronel del Batallón de Cazadores de Las Navas. Cuando Josep cumplió ocho años, destinaron a su padre a Barcelona y allí se trasladó toda la familia con él. En la Ciudad Condal, creció y estudió y allí fue donde conoció, a sus veintidós años, a Teresa, la bella joven que le acompañó el resto de sus días. Por su parte, la madre de Maria, Teresa Morera nació en 1880 en Barcelona y se casó con Josep, tres años mayor, el 14 de enero de 1901. El padre de Maria siempre había querido realizar el "sueño americano", así que como periodista consiguió la forma de llegar allí, primero a México, y después, a San Francisco, California. Allí le siguieron su mujer y su primer hijo, Josep. Una vez en el destino, nació Teresa, y, posteriormente, Maria, la protagonista de este artículo.

Cuando llegaron, la ciudad había vivido un seísmo y no se encontraron lo que esperaban, sin embargo, vivieron sus primeros días con felicidad porque el 4 de marzo de 1907 nació la pequeña Maria. Poco duraría su estancia en San Francisco, ya que al poco tiempo se trasladaron a Nueva Zelanda. Gracias al éxito del padre en la revista 'Mercurio', la familia pudo prosperar y cambiar de residencia. Al poco tiempo nació el cuarto hijo. A pesar de sus problemas de salud, el padre de Maria siguió cosechando éxitos profesionales abriendo su primera agencia, la Pan-American Press News.

En 1915, cuando estalla la Primera Guerra Mundial, la familia vuelve a Barcelona. En este momento, Maria cae y se da un fuerte perdiendo la audición de un oído a sus 8 años. En la misma travesía de camino a Barcelona, Josep, el padre, fallece a causa de una infección pulmonar dejando una viuda y cuatro hijos. Teresa, la madre, tuvo que hacer frente a una nueva situación en Banyoles, un pueblo de Cataluña. Su tío, con una empresa de cemento, les acogió y se convirtió en una figura muy importante para Maria y sus hermanos.

Mientras tanto Maria se formaría en costura, dibujo, solfeo y piano, y seguiría sus clases en el Liceo de Barcelona. En 1925 conoció al amor de su vida, Joan Moret, quien acabaría siendo médico en la ciudad de Girona, donde ambos residirían una vez casados. Cuando estalla la Guerra Civil Española, todo se tuerce y Joan debe esconderse del bando republicano. María se queda en la ciudad con sus hijos en una situación precaria, mientras que su marido consigue zafarse y entrar en la zona nacional donde termina trabajando en un hospital. Durante un tiempo viven en San Sebastián hasta que pueden volver a Girona, donde poco después de la muerte de Franco, fallece su marido.

A partir de entonces, Maria adopta una filosofía de vida que la acompañará hasta su muerte. Lejos de quedarse anclada en la tristeza, con más de sesenta años, apostó por vivir y empezó a viajar con amigas, leer y tocar el piano, su gran afición. Durante la pandemia, contrajo el COVID pero, por suerte, fue asintomático. De hecho, fue la persona más mayor en vacunarse. Murió mientras dormía en la residencia de Olot donde se encontraba a los 117 años. Quienes la conocieron resaltan en ella su alegría y ganas de vivir.

Cuáles fueron los 'secretos' de su longevidad

Como nos explican los investigadores del estudio que recoge el libro 'Historia de una supercentenaria. Claves de la longevidad' hay muy pocas personas en el mundo que lleguen a ser supercentenarias. "Además del sexo (la gran mayoría son mujeres), las personas supercentenarias tienen en común el haber alcanzado edades muy longevas manteniendo una buena salud y calidad de vida. Aparte de los buenos hábitos de vida, es muy probable que estas personas también alberguen variantes genéticas que las empujen a vivir tantos años en buenas condiciones. Necesitaremos estudiar a más personas supercentenarias para lograr entender bien lo que comparten", señalan.

En el caso de Maria, lo que se podía ver es que físicamente se mantuvo muy bien en sus últimos años de vida. Con los años perdió agilidad en sus manos y articulaciones, por lo que a sus 108 años tuvo que dejar de tocar el piano. También perdió movilidad de forma progresiva, terminando en silla de ruedas unos años antes de fallecer. "Aunque nunca fue una gran deportista (practicó tenis puntualmente), siempre fue una persona físicamente activa: caminar con sus amistades, pasear a los perros de su hija, cuidar del huerto de la casa… Más que en hacer deporte, quizá la clave de su buen estado físico estuvo en su poco tiempo de sedentarismo: el ejercicio físico suave y constante a lo largo del día".

Por otro lado, estaba la parte emocional. Tanto Eloy como el Dr. Esteller, destacan un excelente estado mental que se mantuvo hasta el fin de sus días. "Sin darse cuenta, cuidó de su salud mental y emocional al socializar a menudo con amigos y familiares, al llevar una vida tranquila o al tocar el piano, hacer ganchillo y escribir en su diario con regularidad. A Maria también le encantaba leer: era una mujer culta y muy curiosa. También tenía un muy buen sentido del humor y una actitud muy positiva y práctica frente a la vida. Todo ello contribuye a preservar al máximo el estado mental y emocional en la vejez".

Sin duda, hay muchas personas que se cuidan y no consiguen alcanzar esta edad, sin embargo, hay hábitos que son muy importantes como señalan. Por ejemplo, llevar a cabo una dieta mediterránea, pobre en azúcar o en alcohol y rica en fibra, cereales integrales y grasas saludables, ayuda a conservar un buen estado de salud en la vejez. También lo hace acostarse y despertase cada día a la misma hora, cuidando al máximo de los ritmos circadianos para tener el mejor descanso. Y, por supuesto, realizar ejercicio físico de forma habitual también es una de las grandes claves: sobre todo aumentar al máximo nuestro tiempo de no sedentarismo. "Finalmente, cuidar bien de nuestra mente: socializar a menudo, disfrutar de la vida desde el optimismo y la alegría, leer, meditar, hablar más de una lengua o aprender nuevas habilidades (un nuevo instrumento, una nueva receta de cocina, un nuevo deporte, un nuevo idioma…) son algunos de los hábitos detrás del buen envejecimiento cerebral". Gracias a la información actual y a que mucha gente sigue estas recomendaciones, se calcula que en los próximos años sea algo habitual superar los 100 años de vida. "Aunque el cambio climático puede poner las cosas difíciles en el futuro, la adopción, cada vez más extendida, de hábitos saludables junto con el imparable avance científico en el campo del envejecimiento y de las enfermedades asociadas al mismo (neurodegenerativas, cardiovasculares o algunos cánceres) allanarán, sin duda, el camino hacia los 100 años. Cabe destacar que nuestro objetivo no es alargar la esperanza de vida, sino alargar nuestros años con buena salud y calidad de vida. Vida solo hay una, y merece la pena poder disfrutarla plenamente el máximo tiempo posible", añaden.