Okiman, el grafitero vasco que transforma las aburridas persianas grises de los comercios en obras de arte urbano: "En Bilbao el peligro es la humedad"

Okiman, de 44 años es natural de la localidad vizcaína de Arrigorriaga.. Redacción Euskadi
  • El artista vizcaíno de 44 años es natural de Arrigorriaga, aunque desde 2011 reside en La Palma

  • En los últimos años, sus diseños caracterizados por colores vivos, rollo urbano y letras con estilo se han multiplicado

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BilbaoCuando Okiman empuñó, por primera vez, una lata de spray hace ahora 25 años y escribió sobre un muro de su pueblo en Burgos su firma ‘Oki’, no imaginaba que este acabaría siendo su modo de vida. Una profesión que ejecuta, a pleno rendimiento desde 2014, cuando dejó de trabajar como soldador o tornero para volcarse, en exclusiva, en su arte. Los pedidos no han dejado de llegarle a este vizcaíno, de 44 años, asentado desde hace un tiempo ya en La Palma, pero que retorna con asiduidad a su tierra donde deja su huella plasmada en muchos comercios y negocios.

En los últimos años, sus diseños caracterizados por colores vivos, rollo urbano y letras con estilo se han multiplicado, sobre un soporte que durante años ha sido siempre de un anodino color gris: las persianas y cierres metálicos de todo tipo de establecimientos. Desde una floristería, en el barrio bilbaíno de La Peña a una tienda de embutidos, en pleno corazón del ‘botxo’.

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La pintura en spray y la pintura plástica, “para un fondo o un relleno”, son las herramientas básicas con las que este artista urbano vasco “embellece un espacio sin gracia” y lo transformar en un elemento con identidad propia.

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Materiales "caros" y cuya duración varía "en función de la boquilla que le pongas a la lata y que puede hacer que se vacíe en minutos o que dure mucho si solo lo empleas para dar un brillo en una pupila o hacer algún detalle pequeño".

Grafitis vandalizados

Sus murales los firma con el nombre de Okiman, mientras que los grafitis lo hace como Okis. “Tener un estilo reconocible” es, según confiesa, la piedra angular de este arte urbano en el que impera la norma no escrita de “entre grafiteros no fastidiar el trabajo de otro compañero”. Sin embargo, Okiman sí ha sufrido el vandalismo de quien “con un rotulador se dedicó a firmar y manchar un mural en el que pinté un cerdo y una oveja”, en la capital vizcaína.

En estos 25 años manejando los sprays, Okiman acumula anécdotas como la vez en la que un cliente le pidió plasmar un mensaje de amor en plena calle para que lo pudiera leer una chica, o los inevitables encontronazos entre grafiteros y policía: “Vinieron a identificarme en la pandemia, porque unos vecinos habían avisado, cuando llegaron les mostré mi permiso y mi identificación y solucionado”, recuerda.

Sus trabajos se extienden por buena parte de la geografía, aunque muchos de ellos los realiza en su tierra natal, Vizcaya, o en su tierra de acogida, La Palma. La diferencia de hacerlo, en uno u otro lugar, tiene que ver con el clima, así mientras en la isla canaria es el sol el que “mata los pigmentos antes”; en Bilbao lo hace la humedad, “que es la principal causa de deterioro”.

Llamar la atención de posibles clientes, distinguirse de la competencia y embellecer el entorno son algunas de las razones que motivan la contratación de un grafitero como Okiman para transformar el exterior o el interior de un local. “Hace solo tres días terminé un portón de un negocio de impresión en 3D aquí en La Palma”, puntualiza. Aún con los dedos manchados de pintura, Okiman ya prepara las maletas para viajar en unos días a Euskadi, aquí le esperan varios proyectos