Eneko Aramburu, el estudiante donostiarra de 19 años que colabora con Aemet: "Un día despejado, a mí me aburre"

Eneko consulta a diario la estación meteorológica que ha instalado en su jardín, los datos del pluviómetro y la garita los pasa a Aemet.. Redacción Euskadi
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San SebastiánEneko Aramburu es a sus 19 años el colaborador más joven de la Agencia Española de Meteorología (Aemet), en Euskadi y “probablemente en España”. Este estudiante donostiarra es la nota discordante en una red de observadores copada mayoritariamente por jubilados. “Somos los ojos de Aemet en puntos ciegos”, reclama este joven que se pasa el día mirando al cielo, cuando no está comprobando el pluviómetro o apuntando las temperaturas máximas y mínimas en la garita que tiene instalada en su casa.

A las siete de la mañana, con precisión inglesa, este ‘observador’, como él mismo se define, sale al exterior de su casa y hace las comprobaciones en la estación meteorológica que tiene montada en su jardín. “Mañana, como hoy está lloviendo, voy a tener que mirar fijo el pluviómetro”, vaticina. Este aparato es "un cilindro metálico por el que entra la lluvia a través de un aro; de ahí, a través, de un embudo se deposita en una probeta de 10 milímetros para comprobar cuánto ha llovido".

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Al pluviómetro, este pasado mes de febrero sumó una garita meteorológica, una especie de caseta con lamas diseñada para proteger termómetros e higrómetros, de la radiación solar directa, la lluvia y el viento.

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Aquí comprueba la temperatura máxima y mínima. Tras apuntar los datos que se van registrando y casi a diario, “o como mucho semanalmente”, los remite a Aemet.

Guardias de 12 horas

Eneko confiesa que él es un observador atípico, a veces “incluso un poco enfermizo”, y que ha llegado a “pegarse una trasnochada”, haciendo guardia durante 12 horas haciendo observaciones. Así, en menos de un año (empezó el 28 de mayo de 2025), ha sido testigo de fenómenos como la "pedriscada" que cayó el 20 de junio, en San Sebastián o la tubo marina, “una especie de tornado” del 24 de julio. La última anotación especial que tiene registrada se remonta al pasado 6 de enero, Día de Reyes, “tengo escrito -2,8 grados y granizo microcristalino”, revisa.

Al querubín de los colaboradores le apasionan los días de viento sur, “que traen una nubes muy bonitas, como lentejitas”, y los días de lluvia: “En un día despejado yo me aburro”, afirma, con humor.

A pesar de su juventud y del enganche universal a los teléfonos móviles para casi cualquier cosa, Eneko hay algo que nunca consulta en su smartphone: el tiempo. “No me fío, son sistemas automatizados en los que no hay lugar a la interpretación”, él prefiere seguir mirando al cielo, “que cuenta muchas cosas”.

Un estudiante entre jubilados

El donostiarra vive cerca de las antiguas instalaciones de Aemet en la capital guipuzcoana, pero no fue hasta que visitó el Observatorio de Igeldo, cuando literalmente “quedé embobado” con este mundillo. Su interés no pasó desapercibido para la agencia que enseguida lo reclutó como colaborador. El 28 de mayo de 2025, Eneko empezó a tomar notas y desde entonces, no ha parado. Arrancó con un pluviómetro, prestado por Aemet, al que luego él ha añadido una garita meteorológica de 600 euros, “que he costeado yo mismo”, y que sirve para fijar la temperatura máxima y mínima.

Esta afición le ha cambiado la vida, primero por el “compromiso” que ha adquirido y que cumple responsablemente; y segundo, porque la descubrió cuando pasaba por un momento vital delicado, “no sabía que hacer con mi vida y no podía más”, recuerda. Algo tan “simple” como mirar a diario un pluviómetro ha despertado al ‘observador’ que llevaba dentro. “Quiero darle un impulso a la meteorología en Guipúzcoa y lograr que más gente joven se anime a hacer lo mismo que yo, para garantizar el relevo generacional”, concluye.