Violencia de género

Doribel, a la que su pareja intentó quemar viva en Bilbao, cuenta su historia para ayudar a otras mujeres: "Él se reía mientras el fuego me arrancaba la piel, pero estoy viva"

Doris, víctima violencia machista
Dori tenía 27 años cuando sufrió el brutal ataque y saca fuerzas por sus dos hijos y para ayudar a otras.. Redacción Euskadi
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BilbaoDoribel Jarquín Barrientos es una mujer joven, tiene 31 años, que habla con asombrosa serenidad y aplomo de “la película de terror” que lleva viviendo los últimos cuatro años, desde que el 30 de abril de 2022 su entonces pareja, Aitor Burgos, de 36 años trató de matarla, quemándola viva, cuando dormía junto a su hija de dos años, en Bilbao.

No lo logró y Dori se recompone, poco a poco, y como puede de las secuelas físicas de la brutal agresión que la obligan a convivir con el dolor a diario: “Sufro unos dolores de cabeza crónicos y espantosos, los pulmones los tengo hechos una piltrafa y, día sí y día también, estoy en el médico”. Emocionalmente, los dos primeros años “me quería morir” y, aunque aún ahora, hay días en los que “no quiero ni salir de la cama”, Doribel siente que es el momento de contar su historia en primera persona. “Soy una superviviente de la violencia machista” y “ahora sí siento que puedo transmitir un mensaje de esperanza” a otras mujeres.

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Precisamente, que su testimonio sirva de ayuda a otras es una de las dos razones que la motivan a seguir viviendo; la otra son sus dos hijos, de 11 y 6 años, con los que no convive, el mayor está en su Nicaragua natal y la pequeña reside con su abuela paterna, pero con los que ejerce “de madre presente”, hablando a diario, estando pendiente de sus notas y “les ayudo con los deberes”. “Durante los dos primeros años no pude hacerlo, no quería ni podía saber nada del mundo”, ahora Dori se empeña en recuperar el tiempo perdido y que olviden su ausencia.

Un demonio, en casa

A su agresor lo conoció a los tres años de llegar a España, para trabajar, y le alquiló una habitación, “me agarré a él como un clavo ardiendo”, recuerda. Pronto descubrió que la persona con la que convivía no era “ese hombre preparado y de bien, del principio”, bastaba una sonrisa amable en la calle para que “en casa saliera el demonio”, después llegó el intento de atropello a su propia hermana.

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Del día de la agresión recuerda que se fue a trabajar, que comieron una pizza juntos en el bajo del barrio bilbaíno de Atxuri, donde vivían, y luego el horror. El agresor la roció a ella y a su pequeña con líquido inflamable mientras dormían y les prendió fuego. El instinto maternal llevó a Dori a proteger a su pequeña, que resultó ilesa, a pesar del “dolor, el ardor, el picor y la sensación de que se me arrancaba la piel a tiras”, que experimentó allí dentro, “mientras él se reía”.

Después casi 25 días en la UCI, en la Unidad de Grandes Quemados, de los que 22 los pasó en coma. Más tarde sabría que, en ese tiempo, su agresor acudió a visitarla tres veces, “yo creo que quería rematarme”. En ese momento, no era sospechoso.

"¿Fue Aitor? Si es que sí, apriétame la mano”

Cuando Doribel despertó, no podía hablar, por eso cuando los médicos le preguntaron si quería ver a su pareja, se alteró de tal modo que “todos los aparatos a los que estaba enchufada empezaron a pitar”. Pactó un código para entenderse con los facultativos y cerró con fuerza dos veces los ojos para advertirles de que no quería ver a Aitor, y solo una para permitir la visita de su hermana, que acudió desde Sevilla sin pensarlo cuando supo de lo ocurrido. A ella “casi le estrujo la mano” cuando le preguntó: "¿Fue Aitor? Si es que sí, apriétame la mano”. Después llegó su relato por escrito y la detención del que fuera su pareja.

Dori sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en el 18% de su cuerpo, ninguna de ellas en las manos como suele ocurrir en los intentos de suicidio, versión que defendía su agresor. El fuego le quemó las orejas y la nariz, que se la tuvo que reconstruir la doctora Patricia Martín, "que es la mejor cirujana plástica del mundo", apostilla.

El vizcaíno Aitor Burgos cumple 21 años de condena por intento de asesinato, en en el módulo de hombres de la prisión de Martutene, “porque le denegaron el traslado al de mujeres a pesar de que solicitó un cambio de sexo”, puntualiza. Un castigo insuficiente para “este personaje que me ha arruinado la vida e hizo algo que no hacen ni los animales”, remarca Doribel, que reclama que “la justicia tiene que ser justa y estos casos deben castigarse con la pena máxima, prisión permanente revisable”.

También Dori arrastra su propia condena, “me he pasado tres años entrando y saliendo del psiquiátrico porque he intentado quitarme la vida varias veces”. Por eso, cuando empezó “a salir del pozo”, ella que “siempre he sido muy presumida” quiso dejar atrás las batas de hospital y los pijamas del Hospital Psiquiátrico de Zamudio y “empezar a verme mejor”.

Tapar las heridas con maquillaje

Cuatro años después, esta superviviente tapa sus heridas físicas con maquillaje, “con mis pelucas bonitas y lentillas graduadas de colores”. Le encanta que su hermana le haga las uñas y pensar bien los ‘looks’ que se va a poner. “Me miro en el espejo y veo a la Dori con heridas pero que se ha repuesto”, dice. Un resurgir físico y emocional que acompaña de una determinación aplastante: “Hay que seguir alzando la voz, manifestándonos cada 8M y cada 25N, ayudándonos entre las mujeres para dejar un mundo mejor a nuestras hijas”.

Doribel usa pelucas y lentillas graduadas de colores para verse mejor

A Doribel le hubiera gustado estudiar periodismo, aunque se licenció en Ingeniera de sistemas de Información y Comunicación y ahora sueña con escribir su propio libro y que su historia sirva a aquellas mujeres que sufren violencia, vejaciones y agresiones, por parte de sus parejas. A ellas les dice, sin cortapisas, “qué salgan de ahí, que escapen antes de verse como yo, entre la vida y la muerte” y “que pidan ayuda las veces que haga falta hasta que alguien las escuche”. Dori tiene a gran parte de su familia en Nicaragua, lejos de Bilbao, pero aquí no está sola, “la asociación Sortzen me ha ayudado muchísimo, también Emakumeok Bidean, Clara Campoamor, la Diputación de Bizkaia y tantas mujeres anónimas que han salido a concentrarse o protestar por mi caso”.