La cabeza de Baco se exhibe al público por primera vez en el Museo de Arqueología de Álava, hasta el 30 de septiembre
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Vitoria-GasteizLa cabeza de Baco, una pieza de 13 cm de alto por 9,5 cm de ancho y 6,5 cm de profundidad del patrimonio arqueológico alavés, se expone ya en el Museo de Arqueología de Álava, el museo Bibat. El valor histórico de la pieza de mármol amarillo, descubierta en 1976, en el yacimiento de Arkaia tras 2.000 años enterrada, bien merecería un artículo, más si cabe teniendo en cuenta que es una de las pocas esculturas romanas halladas en tierras alavesas. Pero es que la historia de esta pequeña talla ha sido tan rocambolesca que ha envuelto a esta pieza con un halo de misterio, digno de un guion cinematográfico, tras años de gestiones, litigios y restauraciones.
Antes de que la valiosa cabeza romana del dios Baco ocupara una vitrina, en el vestíbulo del Bibat en la vitoriana calle Cuchillería, para disfrute de todos los alaveses y visitantes que quieran acercarse a este centro expositivo, la pieza fue objeto de un misterioso robo que la tuvo casi cinco décadas en paradero desconocido.
En 2022, se desveló el misterio. La pieza arqueológica no había sido sustraída por una banda de ladrones especializados en obras de arte, ni se había vendido en el mercado negro, ni lucía en una mansión allende los mares. La cabeza de Baco, de hecho, no había salido de la provincia.
Se la llevó a su casa
La pequeña talla de mármol, de unos 1.900 años de antigüedad, había pasado todo ese tiempo, en la casa particular de un político alavés. En concreto, del que fuera director de Aguas de la Diputación alavesa Jon Buesa. Al parecer, se la llevó a su casa tras descubrirla durante unas obras de saneamiento en Arkaia, a tres kilómetros del centro de Vitoria. Una zona de gran importancia en época romana por encontrarse en la 'autopista' Astorga-Burdeos.

Hace cuatro años, la Diputación llevó el caso ante la Ertzaintza y los tribunales. el ex alto cargo del PNV confesó ante la justicia que todo ese tiempo había estado en su poder y entregó la escultura original de la cabeza de Baco, con el pelo largo rizado, barba, bigote y diadema, de la segunda mitad del siglo I d. C. . La pieza fue almacenada como prueba en el proceso judicial.
4 años, embalada
La escultura llegó al Instituto del Patrimonio Cultural de España y en 2024 regresó al Museo Bibat, pero como una prueba judicial. El pasado mes de febrero, la Diputación Foral de Álava abrió la caja precintada que la protegía, con autorización judicial y supervisión técnica. La talla original volvió a ver la luz tras cuatro años embalada. Los encargados del servicio foral de Restauración desde entonces la han limpiado y reparado, eliminando una capa de barniz que se le había aplicado para evitar su deterioro.
Su sustracción y la ausencia de un estudio arqueológico que date, por ejemplo, su antigüedad exacta, ha restado valor artístico a esta pieza a la que sin embargo rodea un halo de misterio. Además, este caso ha puesto sobre la mesa el modo en el que hay que actuar cuando se produce un hallazgo de estas características y la manera en que las instituciones deben proceder.
Se trata de un herma de pequeño formato, un tipo escultórico originario del mundo griego que los romanos adoptaron como elemento decorativo en sus viviendas. La cabeza se identifica con Dioniso-Baco, el dios del vino y de la naturaleza, gracias a sus rasgos iconográficos arcaizantes, muy próximos al modelo griego del siglo V a. C., y al cotejo con otras veinticinco piezas similares documentadas en Hispania. Aunque la figura carece de los atributos habituales de Baco (racimos de uva u hojas de vid), la "crítica de copias" empleada en investigación permite su identificación con suficiente certeza.

