Guipúzcoa blinda el puente de Zamalbide, convertido en 'punto negro' por el riesgo de suicidios: así es la valla instalada como protección
Este viaducto, ubicado en la carretera GI-3672 sobre la autopista AP-8, se había convertido en un punto crítico
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San SebastiánHay viaductos, puentes y pasarelas peatonales que sobrellevan una oscura historia, la de quienes los escogieron como lugar para acabar con sus vidas. El Golden Gate, el puente colgante californiano se convirtió durante 85 años en ‘el puente de los suicidios’, en el que más de 2.000 personas se quitaron la vida hasta que en 2024, se instaló una red de acero inoxidable bajo el puente para prevenir suicidios.
En Guipúzcoa, la segunda provincia vasca donde más suicidios se registraron el año pasado, por detrás de Vizcaya, se acaba de instalar una valla de tres metros de altura en uno de sus puntos críticos, el puente Zamalbide. Así funciona el código que detecta a las personas en riesgo de suicidio que ha permitido, en cuatro años, identificar y seguir a 4.000 personas en situación de vulnerabilidad.
En Euskadi, los vizcaínos puentes de La Salve, Rontegui o la pasarela peatonal que sobrevuela la avenida Bizkaia han registrado a lo largo de los años algunos suicidios. En la vecina Guipúzcoa, ha sido el puente de Zamalbide, situado en la carretera GI-3672 sobre la autopista AP-8, el que ha concentrado varios de estos “graves incidentes”, algunos de ellos con resultado mortal, elevándolo a la categoría de ‘punto negro’.
El pasado verano, el ayuntamiento de Errenteria solicitó a la Diputación guipuzcoana adoptar medidas de protección frente al riesgo de suicidio en el puente de Zamalbide. La reiteración de episodios autolíticos en este punto "convierte en necesaria la adopción de medidas estructurales" que garanticen la seguridad de la ciudadanía: "Se considera necesaria la instalación de pantallas antisuicidio que impidan de manera efectiva el acceso al borde del puente y dificulten cualquier intento de escalada o salto al vacío".
Ahora, poco más de un año después, el puente estrena unas vallas de tres metros de altura que pretenden actuar como barrera arquitectónica, restringiendo el acceso y evitando nuevas muertes por suicidio en este lugar. La Diputación ha optado por "un cerramiento de al menos tres metros de altura, ejecutado mediante malla metálica de alta densidad con aberturas reducidas que imposibiliten el apoyo de pies y manos". Una disuasión física que muchos valoran como el método más eficaz a la hora de prevenir los suicidios desde un punto de salto.
Porque algunos estudios apuntan a que el 90 por ciento de las personas que sobreviven a un intento de suicidio, desiste de sus intenciones y muchas de las que ven frustrados sus planes no eligen otra forma de morir u otro lugar en el que intentarlo.
159 suicidios en 2025
Cada mes de septiembre, el día 10, se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, según los últimos datos oficiales de Eustat, en 2025, 159 personas fallecieron por suicidio en Euskadi: 74 en Vizcaya, 58 en Gipuzkoa y 27 en Álava. La mayoría eran hombres, 116 frente a 43 mujeres. Los hombres mayores de 65 años son el grupo con mayor riesgos, aunque los pensamientos suicidas son más frecuentes entre las mujeres jóvenes.
La prevención se ha convertido en una de las prioridades de la sanidad pública vasca y en concreto de la Estrategia de Salud Mental de Euskadi. Osakidetza cuenta también con el Código de Intento de Suicidio Reciente (CISR), un protocolo sanitario preferente para garantizar una respuesta rápida, continuada y coordinada tras una tentativa de suicidio.
Desde su puesta en marcha en 2022, el CISR ha permitido identificar precozmente y ofrecer seguimiento especializado a cerca de 4.000 personas en situación de vulnerabilidad. El programa facilita que quienes han sobrevivido a una tentativa puedan integrarse en un circuito de seguimiento por parte de profesionales de salud mental, con el objetivo de reducir el riesgo de nuevos intentos y asegurar la continuidad asistencial.
La nueva línea de trabajo de Osakidetza combina, por un lado, la formación de las personas que están en contacto habitual con la población joven (Programa Bizi) y, por otro, la investigación aplicada para mejorar la atención a adolescentes que ya han presentado una conducta suicida (Proyecto iSUPERA-A). De este modo, Osakidetza impulsa una respuesta más preventiva, coordinada y cercana desde los ámbitos sanitario, educativo, social y comunitario. El objetivo es detectar antes, acompañar mejor y ofrecer a adolescentes, jóvenes y sus entornos los recursos necesarios para afrontar situaciones de malestar o crisis.