Piden ayuda para Geli: una superviviente de violencia de género con enfermedades crónicas que reside en una casa insalubre en Vigo

El cuerpo de Geli es el mapa que describe los años de terror que tuvo que vivir mientras sigue desamparada
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VigoLa historia de Ángeles Varela, conocida como Geli, es el reflejo de la crueldad que viven las mujeres víctimas de violencia de género. Ella es una superviviente. Huyó de su ciudad con lo puesto para salvar su vida y la de su hijo, se enfrentó a las amenazas de muerte y a la soledad que vino después.
Ella y su hijo huyeron escoltados por la Policía Nacional con calificación de Riesgo Extremo en el Sistema VioGén. Ahora, a sus 54 años, su cuerpo es el mapa del maltrato y del dolor: Geli pesa 37 kg, sufre una discapacidad severa del 77% y tiene múltiples enfermedades crónicas.
A esto, se le suma el desamparo absoluto en el que vive porque las instituciones no le dan una respuesta. Así lo cuentan sus propias amigas en una campaña de Donio que han abierto para ayudar a Geli a reconstruir su vida.

Una vida marcada por la violencia, el desamparo y el frío
Geli vive en una casa insalubre, donde el frío y la humedad le recuerdan cada día el infierno que se desencadenó tras su maltrato. La vivienda en la que se encuentra tiene unas ventanas que no encajan y le entra hasta el agua, tal y como declaró en el medio 'Público'. Ella tiene un linfoma a nivel cerebral que le desencadenó una vasculitis necrosante cerebral y medular.
Se trata de una enfermedad crónica, degenerativa, que no tiene cura. Y a esto, dice ella en el citado medio, se le añade un problema de arritmias y de insuficiencia cardíaca causados por el maltrato. "Será del miedo que pasé", afirmó.
Ella necesita una alternativa a la que irse a vivir, pero ninguna institución se la garantiza ni en Vigo ni en su ciudad natal, Pontevedra. Sus amigas, desesperadas por darle un empujón que pueda mejorar su vida, han abierto una campaña de recaudación de dinero. "Geli no pide privilegios, solo la dignidad que el sistema le está negando. Necesita ayuda urgente para comer, no pasar frío y tener un hogar donde su salud no siga empeorando", explican sus amigas.
"Se vio obligada a criar a su hijo sin recursos y, además, a llevarlo a visitas con el agresor", cuentan las amigas
Sus amigas relatan cómo se enteraron de la pesadilla que estaba viviendo Geli: "Era una joven inteligente, responsable y profundamente buena. Como suele pasar, perdimos el contacto, hasta que hace un año la vida nos volvió a unir y descubrimos una realidad devastadora: Geli había desaparecido en silencio durante décadas, aislada por el maltrato".
Cuando consiguió salir de la violencia, las consecuencias ya eran irreversibles. "Se vio obligada a criar a su hijo sin recursos y, además, a llevarlo a visitas con el agresor. A pesar de lo previsto en la ley para situaciones de riesgo por violencia de género, el juzgado mantuvo las visitas, lo que supuso un enorme perjuicio para ambos", lamentan las amigas.
Pasar tantos años marcados por las agresiones, la violencia y el terror dejaron huella en su cuerpo: enfermedades inflamatorias, síndrome de Raynaud, problemas neurológicos, auditivos, disfagia y caídas continuas en su casa.
800 euros al mes para cubrir el alquiler, medicinas y las deudas de su maltratador
Geli cuenta con una pensión de 800 euros, pero la gran mayoría se va en deudas que le dejó su agresor y en el alquiler de la vivienda que van deteriorando su salud con el paso de los días. De esa cifra, ella se queda solo con 100 euros para cubrir medicamentos, comida, calefacción, gasolina y un tratamiento dental urgente que necesita por las infecciones que padece.
Geli tenía la casa en copropiedad con su maltratador, pero él condicionó cualquier modificación del régimen de visitas del hijo en común a que ella le cediese la propiedad a su favor. Y ella lo hizo. Ahora, tiene un embargo judicial porque su expareja -que fue condenado en 2012 por violencia de género- no paga las cuotas de la hipoteca y le toca a ella hacerse cargo.
Su relato, "un fracaso institucional"
Su agresor nunca llegó a pisar la cárcel porque la jueza tenía miedo de que a que él hiciese algo, tal y como relató ella al medio. El régimen de visitas se fijó en Pontevedra, para no desestabilizar al maltratador, y ella tuvo que acudir todos los fines de semana hasta la localidad. Cuando su hijo cumplió la mayoría de edad, el joven ya no quiso saber nada de él.
Para sus amigas, el caso de Geli es "un fracaso institucional". "Mientras espera que los organismos públicos reconozcan su caso como una emergencia habitacional y de reparación del daño, nosotras no podemos mirar hacia otro lado", reconocen. Porque Geli ahora sobrevive en Vigo, pero su mayor deseo es poder volver a casa, a Pontevedra.
