Dos hermanos llevan a juicio a su hermana por un presunto delito de malos tratos habituales a su madre

Dos hermanos, uno de ellos un conocido letrado de la ciudad, sostienen que la acusada sometió a la octogenaria a golpes, insultos y aislamiento
La procesada niega de forma rotunda los cargos y afirma que la denuncia es una estrategia para expulsarla de la vivienda familiar en la que reside
La Sección Penal de la Audiencia de Ourense ha sido el escenario de un doloroso proceso judicial que ha puesto de manifiesto la irreparable ruptura en el seno de una familia ourensana. En el banquillo de los acusados se sentó Elisa Mercedes R. D., una mujer vinculada profesionalmente al ámbito del Derecho, acusada de un presunto delito de malos tratos habituales, tanto físicos como psicológicos, contra su madre, Mercedes D. P., quien falleció en agosto de 2024 a los 86 años de edad.
El juicio evidenció una división total entre los tres hermanos. Mientras dos de ellos ejercen la acusación, destacando la implicación de un conocido abogado local, la procesada defiende su inocencia. La Fiscalía sitúa el marco temporal de los hechos delictivos entre finales de 2022 y la primavera de 2023, meses en los que la convivencia en el domicilio familiar del barrio de A Ponte se habría convertido, según las acusaciones, en un entorno de hostilidad incesante para la octogenaria.
Un relato de violencia, sumisión y control financiero
El Ministerio Público y la acusación particular describieron un escenario de extrema gravedad. Sostienen que la procesada ejercía una dominación absoluta sobre su progenitora, recurriendo a insultos constantes, descalificaciones, pellizcos y agresiones físicas. Entre las pruebas aportadas, destaca el testimonio de una nieta de la víctima, estudiante de Medicina en la época de los hechos, quien declaró haber detectado múltiples hematomas en los brazos de su abuela. Asimismo, se relató un violento episodio en el que la acusada supuestamente abofeteó a la anciana mientras le recordaba con dureza su posición de autoridad en la casa.
Más allá del daño físico, los hermanos de la acusada pusieron el foco en situaciones de presunta negligencia y abandono. A pesar de los problemas severos de movilidad que padecía la víctima, aseguraron que pasaba fines de semana enteros en total soledad. Esta situación la obligaba a ingerir alimentos fríos estando de pie, debido al pánico que sentía a sentarse y quedar atrapada sin capacidad de incorporarse por sus propios medios.
El frente judicial también abarca la vertiente económica. Las acusaciones señalaron presuntas irregularidades financieras de gran envergadura en la gestión de los fondos de la fallecida. Se denunció la retirada en metálico de 20.000 euros en una única jornada, gastos personales no justificados por valor de 50.000 euros a lo largo de un año, la desaparición de diversas joyas del patrimonio familiar y la sustracción de 6.000 euros en efectivo que la anciana guardaba ocultos en el salón.
La defensa alega una conspiración motivada por la vivienda
Por su parte, Elisa Mercedes R. D. negó categóricamente todas y cada una de las imputaciones. En su declaración, aseguró haber brindado a sus padres los mejores cuidados posibles a lo largo de su vida, rechazando el uso de cualquier tipo de violencia o apropiación de bienes.
La acusada argumentó ante el tribunal que todo el proceso judicial responde a una "maniobra" orquestada por sus hermanos para desahuciarla del piso de A Ponte, inmueble en el que ha residido de manera continuada. Atribuyó el origen de la denuncia a la influencia de su sobrina y llegó a manifestar que su hermano, el conocido abogado, había perdido el rumbo con este procedimiento. Para respaldar su postura, la defensa presentó testimonios que describían a la fallecida como una mujer con un carácter fuerte y dotada de total autonomía, lejos del perfil de víctima sometida que dibuja la acusación.
Declaraciones clave en el entorno clínico y de cuidados
La vista oral requirió la comparecencia de más de una veintena de testigos, entre los que se encontraban vecinos, comerciantes de confianza de la zona y profesionales del sector sanitario y asistencial.
Especial relevancia adquirió la declaración de la psicóloga clínica que atendió a la anciana en sus últimos meses de vida. La terapeuta ratificó con firmeza que la propia Mercedes le confesó explícitamente haber sido objeto de malos tratos por parte de la hija con la que convivía. Por otro lado, la empleada del hogar encargada de la asistencia entre semana ofreció un testimonio impreciso durante la sesión, no obstante, la magistrada presidenta le recordó que en sus declaraciones previas durante la instrucción del caso sí había confirmado haber presenciado insultos y agresiones físicas.
El punto de inflexión en la convivencia se produjo el 21 de junio de 2023. Aquel día, tras una fuerte discusión originada por llegar tarde al domicilio, la anciana llamó por teléfono a su hijo abogado para pedirle ayuda, denunciando haber sufrido nuevos pellizcos e insultos. Desde ese momento, la mujer abandonó el piso para trasladarse con su hijo. Desgraciadamente, Mercedes falleció poco más de un año después, sin ver resuelto el proceso penal.
